Se abre el telón este viernes de la décima jornada del Apertura 2026
MORELIA, Mich., 1 de abril de 2026.- Lo que comenzó como una conferencia con causa terminó por convertirse en un conversatorio que combinó relato deportivo, formación y una dosis de realidad sobre lo que implica construir una carrera desde cero.
La basquetbolista michoacana Morelia Chávez compartió su trayectoria en la Universidad Vizcaya de las Américas, en un evento impulsado por la Red de Mujeres de la Fundación Dante Eludier para recaudar fondos en apoyo a niñas y niños con discapacidad auditiva.
Lejos de un discurso plano o meramente motivacional, la charla articuló dos planos: el del logro deportivo y el del proceso que lo hace posible. Chávez reconstruyó su camino desde sus primeros acercamientos al deporte a los seis años, su paso por ligas locales en Morelia y su incorporación paulatina a estructuras más competitivas que la llevaron a ser observada, seleccionada y finalmente becada en Estados Unidos.
Hoy compite en Fresno State dentro de la NCAA División 1, tras un recorrido que incluyó etapas en Arizona y Florida. Su historia no se presentó como excepcional en términos de talento, sino como el resultado de constancia, adaptación y decisiones sostenidas en el tiempo.
Ese mismo eje fue retomado por sus entrenadores, Antonio Vaca y Enrique Zúñiga, quienes aportaron contexto al proceso. Ambos coincidieron en que el desarrollo deportivo no depende únicamente de condiciones físicas, sino de hábitos, disciplina y acompañamiento.
Subrayaron que el paso de Chávez por selecciones estatales, nacionales y programas formativos respondió a una evolución rápida, pero sostenida, en la que el trabajo diario fue determinante.
Más que idealizar el camino, los entrenadores expusieron cómo se construye: concentraciones periódicas, entrenamientos intensivos, competencias constantes y una exigencia que obliga a madurar dentro y fuera de la cancha. En ese sentido, el mensaje central no fue de dificultad, sino de claridad sobre lo que implica aspirar a ese nivel.
El momento más significativo de la charla no llegó con los logros, sino con una respuesta. Al ser cuestionada sobre los retos personales, Morelia Chávez reconoció que uno de los mayores desafíos ha sido la distancia con su familia, en particular con su hermano menor.
La emoción la rebasó por instantes, y ese quiebre conectó con el público desde otro lugar: no como una historia de carencias, sino como evidencia del compromiso que exige sostener un objetivo a largo plazo.
El gesto posterior, cuando su hermano subió al escenario y la abrazó, no rompió la narrativa, la completó. Mostró que el rendimiento no está peleado con el vínculo, sino que muchas veces se sostiene en él.
A partir de ahí, el conversatorio tomó un giro más reflexivo. A preguntas del público sobre las condiciones para que más niñas y niños accedan al deporte, Enrique Zúñiga señaló que una de las principales barreras está en el entorno cotidiano: el avance de la tecnología que desplaza la actividad física, el sedentarismo y la falta de hábitos desde casa.
Añadió que también inciden factores familiares y culturales, como la ausencia de rutinas que integren el deporte y la educación, así como la dificultad para establecer disciplina desde edades tempranas.
Expuso que el problema no es únicamente de infraestructura o programas, sino de un círculo de causas que inicia en el hogar y se reproduce en el entorno social, donde cada vez es menos común ver a niñas y niños en actividad física constante.
En ese contexto, planteó que el cambio pasa por modificar dinámicas familiares, limitar distracciones y fomentar desde casa la práctica deportiva como parte de la formación integral.
Sin caer en discursos institucionales, la conversación dejó una idea clara: el talento existe, pero necesita contexto para desarrollarse. En el caso de Chávez, ese contexto se fue construyendo con entrenadores que apostaron por su formación, con una familia que respaldó decisiones complejas y con una jugadora que entendió que avanzar implica sostenerse incluso cuando no hay certezas inmediatas.
La basquetbolista cerró con una reflexión sobre la exigencia del deporte universitario en Estados Unidos, donde cada entrenamiento es evaluado y cada oportunidad se compite. Frente a ello, planteó una idea simple pero consistente con todo su recorrido: disfrutar el juego como parte del proceso, sin perder de vista la disciplina que lo sostiene.
El conversatorio no evitó las complejidades, pero tampoco se quedó en ellas. Más bien delineó una ruta posible: la de una joven que salió de Morelia, atravesó filtros, se adaptó a nuevos entornos y hoy compite en uno de los niveles más altos del deporte colegial. No como excepción inalcanzable, sino como ejemplo concreto de hasta dónde puede llegar un proceso bien acompañado.
Al término de la charla le fue colocado un aparato auditivo a una menor con discapacidad, sostenida por su madre, quien agradeció a quienes han colaborado de diferentes maneras para que su pequeña pudiera acceder a esta tecnología que le ayudará a escuchar.