Califican Febu, Tauro y CRT Morelia a Semifinales del Verano de la LMFAM
MORELIA, Mich., 3 de febrero de 2026.- Aunque soplen vientos de consigna y de ataques apátridas y mercenarios de cuello blanco, la fiesta brava da muestras de fortalezas que dan para el orgullo, la satisfacción y la certeza de que seguirá viva, vigente y vibrante. Ahora fue en la Plaza de Toros La Macarena, en Salvatierra, Guanajuato, donde se disfrutó del Arte de Cuchares a más no pedir porque el matador español Antonio Ferrera indultó a “Merengo”, toro marcado con el hierro de Joaquín Aguilar, número 97, 472 kilos, bravo, fijo, claro, con recorrido y gran fuelle; Fracisco Martínez desorejó a “Pata Negra”, primero de su lote; y Paola San Román obtuvo un apéndice de “Berrinche”, el segundo de la tarde.

La Macarena, esa plaza que está en el centro de Salvatierra, en la que el matador de toros moreliano Saúl Méndez tomó la alternativa con el nombre de Martín Alegría hace 35 años, registró un lleno hasta las banderas. Gente festiva, jubilosa, predispuesta al gozo que se hizo sentir durante toda la corrida, público de dulce. De suyo, se quedó gente afuera. Entrada de esas que, de suyo, son un escupitajo en la cara de los politiquillos de ocasión que venden su voto a quienes vienen del extranjero a maicearlos en contra de la fiesta brava.
Desde su presentación, la papeleta llamó la atención, por la buena tercia, por el encierro, porque sugería gran tarde de toros. Y la gente no se equivocó, porque los actuantes salieron a pagar con buen toreo, con emociones, con sensación de peligro, con triunfos. Antonio Ferrera y Francisco Martínez dieron el extra cubriendo los segundos tercios de sus toros al alimón, provocando la algarabía. Paola San Román dejando destellos de su buena forma de interpretar el toreo y, aunque sigue sin afinarse en la suerte suprema, convencó con capa y muleta.

El buloñanés derrochó histrionismo. Fiel a su costumbre, hizo de toreo una puesta en escena para torear abajo y conectar arriba, para colocarle un acento lúdico a ciertos momentos de su trasteo, para meter al toro y al público en su capa y en su muleta. Ante el primero de la tarde, Nazarí de nombre, estructuró una faena de fuerza y brillo, de imán y seda, de pundonor y coraje, de aplomo y cabeza fría, pero corazón ardiente. Toreo versátil, toreo de notas destacadas. Se llevó un golpe sin consecuencia lamentables. Mató de media en buen sitio. Ovación tras petición.
Ante Merengo se prodigó. Un gran toro de la ganadería guanajuatense Joaquín Aguilar, con el que el diestro español se acopló desde el saludo capotero, por eso el luminoso primer tercio, por ello la teatralización en el segundo tercio, con Francisco Martínez como pareja en la puesta en escena. La faena de muleta fue de corte fino, con mando, de arte y proyección. Conectó con el tendido por ese su toreo desparpajado, sentido, imantado que jala la atención, provoca el olé largo y hace que la multitud lo aclame. Gran faena gran toro, pañuelo verde, indulto merecido y rabo y orejas.
La San Román no tuvo la mejor de las suertes con su encierro, mas demostró arrestos y logró tandas de buen calado. Ante el segundo de la tarde, un toro difícil, complicado, que pedía las cartas credenciales, la queretana hizo gala de su buena capa y su mejor muleta. Se inventó pases que el astado no traía, logró convencer a la audiencia, mató de media en buen sitio. Una oreja.
El quinto de la tarde resultó ser el lunarcito del encierro, un toro que regateaba la embestida, que no humillaba, mirón y con peligro sordo. Astado con el que la matadora no se veía a gusto, sin embargo, le neció y logró pases de buen diseño. Pinchazos, una entera y dos viajes de descabello. Silencio y aviso.

El de San Miguel Allende, Guanajuato, tuvo que echarle mucha cabeza para inventarse su faena ante “Pata Negra”, un toro ríspido que le pegaba arreones. El diestro guanajuatense guardó la compostura, entendió lo que tenía enfrente y lo supo sobrellevar, esculpió momentos de mucho torerismo y enseñó que es dueño de un buen repertorio. Cubrió el segundo tercio a la par con Ferrera. Buena estocada, dos orejas. Ante el cierra plaza desarrolló toda su tauromaquia, ligó tandas por ambos flancos, fue variado, intenso y desarrolló ese sabor de arte que le es tan propio. No estuvo fino con el acero. Aplausos. Así sea.




