Despide Cruz Azul Femenil al Potro Gutiérrez tras polémica con América
MORELIA, Mich., 26 de junio de 2026.- Mientras especialistas analizan los efectos psicológicos que puede tener el deporte en los aficionados, en las calles las opiniones están divididas. Para algunos, el futbol representa una fuente de alegría y convivencia; para otros, los partidos decisivos generan altos niveles de tensión, aunque no necesariamente llegan a provocar problemas de salud mental.
En un sondeo realizado con motivo de la final que disputa la Selección Mexicana, algunos ciudadanos descartaron que seguir el futbol pueda derivar en ansiedad o depresión.
Ángel, quien aseguró que casi no sigue los encuentros, señaló que nunca ha experimentado ese tipo de emociones por un partido.
"No creo que el futbol cause estrés o depresión. Casi no veo los partidos y nunca me ha provocado esas emociones."
En contraste, Mili afirmó que el futbol despierta sentimientos positivos y representa un motivo de orgullo cuando juega la Selección Nacional.
"Ver jugar a México me da alegría y mucha emoción. Cuando gana, creo que es una satisfacción para todos los mexicanos."
Sin embargo, también hubo quienes reconocieron que los encuentros de eliminación sí les provocan nervios.
Juan Rodríguez comentó que ha seguido el desempeño de México durante el torneo y admitió que los partidos le generan una fuerte carga emocional.
"Sí siento mucho estrés, pero es el nervio propio del partido. Uno quiere que gane el equipo."
Otros entrevistados consideraron que no es posible afirmar que el futbol cause depresión, pues cada persona vive el deporte de manera distinta y la intensidad con la que se involucra influye en sus emociones.
El profesor Víctor Manuel Rodríguez Molina, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que estas reacciones emocionales no son exclusivas del futbol, sino que también ocurren con otras disciplinas deportivas. Señaló que, durante este tipo de espectáculos, predominan respuestas asociadas con la parte más primitiva del cerebro, lo que permite que las personas expresen sus emociones con mayor intensidad e, incluso, que quienes normalmente no siguen el futbol se contagien del entusiasmo colectivo.
"Nuestro cerebro tiene un ámbito racional, pero al ver deportes, especialmente futbol, afloran nuestras emociones sin censura. Si gritas, lloras, te enojas, nadie te va a criticar. Es un terreno permitido para que vivamos lo que sentimos con más intensidad. Incluso, hasta aquellos que no les gusta el futbol, se integran y surge esa emoción colectiva, porque se contagian de lo que están viviendo los demás."
El especialista añadió que el futbol también activa el circuito cerebral de recompensa. Cuando el equipo favorito obtiene un buen resultado, el cerebro libera sustancias asociadas con el placer y el bienestar, como las endorfinas. En cambio, una derrota, un penal en contra o una expulsión pueden generar frustración, tristeza o decepción, debido a la caída de esa sensación de recompensa.
"Los humanos tenemos un circuito de recompensa y éste se va a alimentar por cosas que son placenteras o que nos hacen sentir bien o que queremos seguir experimentando. En el caso del futbol, este circuito se nutre cuando nuestro equipo gana. Sin embargo, cuando nos marcan un penal, una expulsión o perdemos, éste decae. Tenemos diversas emociones mezcladas en el juego y a la vez secretamos sustancias químicas que nos producen placer como las endorfinas."
Rodríguez Molina advirtió que estas emociones también pueden acompañarse de ira. Explicó que, en condiciones normales, el lóbulo frontal del cerebro actúa como un mecanismo de control para evitar conductas violentas. Sin embargo, cuando una persona pierde ese control y transforma la emoción en agresión contra otras personas u objetos, ya se trata de un comportamiento fuera de lo normal y con características patológicas.
"Vienen los sentimientos de impotencia y de tristeza, pero también la ira, y esto combinado puede desembocar en agresiones a otras personas u objetos. Cuando permitimos que los sentimientos negativos nos dominen, decimos que la emoción se transformó en una conducta. Pero siempre hay un freno que pone el lóbulo frontal. Sin embargo, a veces puede pasar a mayores y surge esa violencia que expresa una falta total de control de nuestras emociones. Aquí ya estaríamos hablando de un escenario patológico, porque violentar a otro no es algo normal."
Así, aunque un partido de futbol puede provocar alegría, nervios, frustración o euforia, la evidencia científica apunta a que estas emociones forman parte de la respuesta normal del cerebro ante una actividad que genera identificación y expectativa. El deporte, por sí mismo, no causa depresión ni trastornos mentales; únicamente en casos donde existe una pérdida del control emocional las reacciones pueden derivar en conductas agresivas que requieren atención.




