Preservar inmuebles históricos va más allá de sus fachadas: INAH
MORELIA, Mich., 10 de marzo de 2026.- Hay un ritual en los niños canteros de Tzintzuntzan, y es que cuando van aprendiendo el oficio, hacen pequeñas tortugas. Se trata de calar la paciencia y los niveles de frustración, porque es muy fácil que al aprender a hacer tortugas, en el proceso les tumben las cabezas, y ahí abandonan muchos, cuenta Saúl Barriga, que además de artesano también tiene una profesión.
En una entrevista con Quadratín, Saúl, quien de profesión es ingeniero mecánico y que además aprendió el oficio de la artesanía en cantera por su familia originaria de Tzintztuntzan, dice conocer cómo se trabaja la cantera en otras regiones del estado.
En ese sentido, expresa que entre las tres regiones importantes de cantería que hay en Michoacán, Morelia, Tzintztuntzan y Tlalpujahua, sí hay diferencias y estas se dan, por ejemplo, en las técnicas y los tipos de trabajo que se hacen.

Explica que en Morelia y Tlalpujahua trabajan mucho la cantera que se utiliza para lo arquitectónico, para la construcción, puede haber fachadas, algunas fuentes y otros objetos que se utilizan para casas y edificios. En Tlalpujahua también trabajan la realización de esculturas, y en Tzintzuntzan hacen figuras y mucha artesanía.
"Tzintztuntzan es muy de hacer artesanías, incluso allá no les llaman artesanías sino que les llaman figuras", dice y cuenta que desde que estaba pequeño un tío, hermano de su mamá, le enseñó este oficio, pero no lo aprendió en Tzintzuntzan, realmente lo hizo en Quiroga.
"Por las tardes nos juntábamos con los demás niños a hacer esculturas pequeñas. Lo primero que hacíamos eran las tortuguitas, que es como el ritual, tienes que hacer una tortuguita y lo que tiene de complicado es que cuando tú terminas tu tortuguita le rompes la cabeza, entonces eso es muy frustrante para un niño", refiere.
Esto no es con intención, sucede que en el proceso de la fabricación de esta tortuga, se va midiendo la técnica, se va afinando, y aquí si se le pega con demasiada fuerza se rompe la cabeza, pero si se le pega despacio jamás se va a terminar la pieza, expresa Ulises.
"No rompes una, rompes varias y es algo muy frustrante, entonces muchos niños se enseñan pero ya a pocos les comienza a gustar hacer esculturas porque es algo frustrante es una cuestión de persistencia", explica.




