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MORELIA, Mich., 17 de diciembre de 2025.- A 235 años de haber sido hallada la Piedra del Sol, durante las excavaciones para un trabajo de mampostería, actualmente se sigue considerando un ícono de la cultura mexica y un símbolo de la identidad nacional.
El monolito, conocido como Calendario Azteca, es un disco hecho de basalto de olivino. En la parte central, tiene el rostro de la deidad Tonatiuh, considerado como Nahui Ollin o el Quinto Sol: el Sol del Movimiento.
Está rodeado de cuatro glifos que representan a los antiguos cuatro soles: Nahui Ocelotl-Sol de Jaguar, Nahui Ehecatl-Sol de Viento, Nahui Quiahuitl-Sol de Lluvia de Fuego y Nahui Atl-Sol de Agua.
Alrededor, se encuentran los 20 días del calendario, con 8 rayos solares que determinan el espacio de expansión del cosmos. En el borde, se encuentra el glifo del año 13 Caña que marca el año en que se crea este Quinto Sol. Por último, rodeando el calendario están dos serpientes de fuego, llamadas xiuhcóatls, que simbolizan el tiempo.
La historia del monolito se remonta a la época del tlatoani Motecuhzoma Xocoyotzin, quien ordenó traer la piedra entre 1502 y 1520 para que esta fuera grabada y esculpida.
Tras la llegada de los conquistadores, la piedra fue retirada del Templo Mayor y colocada al costado del Palacio Virreinal, para ser enterrada por alrededor de 300 años, según relata Leonardo Luján en El adiós y triste queja del gran Calendario Azteca.
El descubrimiento formal ocurrió el 17 de diciembre de 1790, durante excavaciones para trabajos de mampostería para aguas residuales, explica Antonio León en su Descripción histórica y cronológica de dos piedras.
Una vez desenterrada, la Piedra del Sol fue colocada junto a una torre de la Catedral Metropolitana para su exhibición, donde se mantuvo expuesta a los rayos de sol y las gotas de lluvia, deteriorándose con el paso del tiempo.
Hasta 1885, fecha en que se creó la Galería de Monolitos, misma que albergó a la pieza hasta 1964 cuando, por orden del presidente Adolfo López Mateos, fue trasladada a la Sala Mexica del recién inaugurado Museo Nacional de Antropología.
Allí, la piedra quedó en el centro de un discurso nacionalista, cumpliendo el propósito de promover el orgullo cívico, reforzar el orden político y presentar una historia sobre los logros de la nación, según interpreta Ricardo Pérez Montfort en El Museo Nacional como expresión del nacionalismo mexicano.




