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MORELIA, Mich, 22 de septiembre de 2025.- La Sección Michoacana del 23 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) abarca 16 realizaciones en competencia, 14 de las cuales son cortometrajes y dos caen en el renglón de los largometrajes. En la catorcena de los primeros encontramos a “Corolario”, obra escrita y dirigida por la joven uruapense Luz Barragán, quien explora en un tema tabú que, con el paso de los años, podría transformarse en un lastre. De suyo, su corto es una apuesta que hurga en los dilemas de un papá soltero que no se atreve a asumir que su pequeña hija es capaz de asimilar interrogantes y repuestas ante la realidad sorpresiva de una muerte inesperada.
En entrevista exclusiva para Quadratín Michoacán, la joven cineasta nacida hace 26 años en la Perla del Cupatitzio, destacó “mi búsqueda es este corto es problematizar y entender cómo se vive un duelo. Hay ciertas preguntas que me hago, por ejemplo, ¿por qué no les hablamos a los niños y a las niñas de temas relacionados con la muerte?, ¿por qué los excluimos de esta conversación? Mi intención con este corto es activar varias preguntas alrededor de la vivencia de una muerte cercana. En esta realización un padre y una hija nunca hablan de eso, no se lo comparten”.
Luz Barragán explora y encuentra que las interrogantes también son respuestas para aquello que se trata con pinzas hacia el interior de una familia, o que no se trata, se evade, o que se maquilla ante las inquietudes infantiles. La guionista y directora michoacana acude al recurso de los científicos que tienen claro que la mejor manera de llegar a la verdad es a través de una escalada de preguntas, lo que sí aborda en esa su obra “Corolario” y lo hace transitando por diferentes ismos, los que van desde el hiperrealismo, pasando por el impresionismo y el expresionismo, hasta desembarcar en un surrealismo revelador.
Nuestra entrevistada, quien estudió Teatro y Actuación en el Centro Universitario de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esgrime la duda como voz afirmativa: “¿A dónde lleva todo lo que no se dice?” Después, advierte: “La escena final es surrealista, es una resolución no lógica de un problema normal, muy realista”. Y vuelve a sus autocuestionamientos: “Yo pensaba: ¿Cómo podemos darle un cierre a este viaje, a estos caminos, sin que tenga que ser algo dentro de la realidad, porque para eso tenemos el mundo real?”.
En otro momento de la conversación, Luz Barragán, quien también es actriz, nos habla de Hugo y su hija, los protagonistas de Corolario: “Estos dos personajes representan posturas de vida. Son como reencarnaciones de posturas”.
Posteriormente admite que le interesaba tocar otro asunto temático, “explorar la figura de un padre soltero, porque es muy poco vista en México, ya que es a la figura femenina a la que le atribuimos el cuidado y la relación con las niñeces, por eso desde el guion y la dirección me interesaba explorar cómo se ve un padre que tiene toda la responsabilidad, cómo la maneja”.
Corolario, el primer cortó de Luz Barragán como guionista y directora, encuentra su punto de partida en dos hechos significativos, uno de su abuela materna y de su madre, y, el otro, de ella misma: “Mi mamá se dio cuenta de la muerte de su abuelo espiando una llamada de mi abuelita”. Recientemente nuestra interlocutora recibió una noticia desgarradora: “Mi papá murió hace dos años en un accidente. Eso fue muy sorpresivo para mí. Me sentía en shock y en una falta de entendimiento mío ante ese duelo”.
La anécdota de su madre que, de niña, no fue avisada de la muerte de su abuelo, y la anécdota de la muerte sorpresiva de su propio padre, llevaron a Luz Barragán a encontrar en Corolario una especia de catarsis y, a la vez, una honra para su ser querido: “una de las premisas con las que trabajamos desde el guion y luego en los ensayos con los actores, con la directora de casting y con la coach era que Hugo es un buen papá; puede ser torpe, puede no tener las herramientas, pero no deja de ser un buen padre que lo está intentando. Me interesaba mucho explorar esa relación padre-hija. Y yo creo que esto también es como un último homenaje hacia mi papá”.
La entrevista fue larga, muy larga y muy reveladora, más por razones de espacio hemos querido resumirla. Ya habrá ocasión de abundar en otro momento, por ahora solo resta esperar qué pasará con Corolario en la XXIII edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, pero, pase lo que pase, nos queda la certeza de que es una obra bien contada, estructurada, redonda y nada convencional, provocativa y, sí, sutil en el trato de, por lo menos, dos temas tabúes de nuestro espectro cultural mexicano. Así sea.




