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MORELIA, Mich., 7 de septiembre de 2025.- Es domingo turístico y familiar con los restaurantes y cafeterías llenos, pero también es un domingo de arte en el Jardín de las Rosas, porque unos 15 o 16 artistas exponen su trabajo ante los paseantes y curiosos, algo que se ha convertido en una tradición.
Al centro de este emblemático jardín de la capital michoacana, cercado por el Conservatorio de las Rosas, el Museo del Estado, el teatro José Rubén Romero y una ristra de cafeterías y restaurantes, se aprecia una fuente de cantera pero está vacía, y este ruido del agua que suele invitar a la contemplación y a tomárselo con calma, este domingo está ausente.
El ambiente relajado también lleva la presencia de músicos y cantantes que aprovechan a quienes se toman un café o desayunan, para sacar algunas monedas con su talento, mientras interpretan algunos covers, algunas notas y los más usados algo de su propia inspiración.
La gente aprovecha las bancas duras de piedra cantera para descansar un poco, aunque algunas están vacías porque el sol les está pegando duro, y la gente busca la sombra de los árboles y el viento que alivie el calor.
En ese espacio corredor -y no de tiempo- entre las figuras de Don Vasco de Quiroga y Don Miguel de Cervantes Saavedra, se colocan estos artistas que pertenecen al movimiento Jardín del Arte de las Rosas.
Los trabajos de esos artistas los hay distintos formatos y técnicas; unos son de formato pequeño, muy pequeño a veces, otros un poco más grandes, pero ninguno de formato mayor por lo impráctico del manejo.
Unos son dibujos al carbón, con lápices especiales, con pasteles, otros son óleos, algunas son fotografías, y al centro hay creativas esculturas de pedacería de fierro y figuras de madera y papel maché que rodean la fuente sin agua.
Es este espacio, rincón de la capital, que evidencia que a veces Morelia puede ser muy cultural, aunque otros días sea caótica, densa, desesperante y hasta insegura, pero hay remansos con forma de piedra, con alma de plantas y árboles, que aún permiten respirar profundo un domingo cualquiera.




