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MORELIA, Mich., 24 de octubre de 2025.– Como otras leyendas de la colonial Valladolid, esto sucedió hace muchos años, entre las paredes de la orden del Carmen, donde el cadáver de un monje se puso de pie y corrió entre sus pasillos, poniendo la piel de gallina a todos los cenobitas.
El cronista Francisco de Paula León se encargó de recabar los detalles más curiosos de la leyenda La Ventana del Muerto, un residente no deseado entre los frailes de la orden del Carmen.
Según cuenta la historia oral, fray Elías de Santa Teresa era un hombre serio y dedicado, de buena familia, y siendo residente en el antiguo convento de los carmelitas enfermó y después perdió la vida.
La muerte sucedió en las vísperas de la Navidad, los hermanos del convento se prepararon para los funerales, como marcaba la costumbre, pero fue durante este proceso que el difunto fue ultrajado, provocando la ira de Dios o del Diablo, que castigó de manera ejemplar al sinvergüenza.
Fray Jacinto de San Ángel era un hombre proveniente de una familia vallisoletana de renombre, asegura el cronista, de Paula León. Pero tenía un carácter burlón y travieso.

No había novicio a quien no mortificara con travesuras pesadas en demasía”, (Leyendas…, Morelia, 1995), ni a los muertos dejaba de mortificar.
Pasadas las misas y fiestas por la natividad del señor, se dispusieron en la orden a los funerales.
Las luces fueron apagándose una a una y los fieles abandonaron el recinto sagrado del templo. Entonces los monjes se encaminaron compungidos y silenciosos hacia la sala De Profundis donde estaba depositado el cadáver del fraile para rezar el oficio de difuntos”, cuenta la leyenda.
Como marcaba la costumbre entre los carmelitas, designaron a fray Jacinto y a fray Juan de la Cruz acompañar el cuerpo del hermano difunto.
En un momento, fray Juan de la Cruz pidió permiso para ir a la cocina, a preparar chocolate y aguantar la desvelada, fue aquel momento que el pícaro de fray Jacinto aprovechó para sacar el cuerpo del difunto fray Elías de Santa Teresa y sentarlo en una silla frente al féretro para posteriormente él se dispuso a meterse a la caja, para ponerse de pie en el momento perfecto y hacerle una broma pesada al fraile que volvía de la cocina.
El rostro de fray Elías daba a conocer una tranquilidad profunda, iluminado por la tenebrosa y amarillenta luz de los cuatro cirios que ardían en torno del féretro.
Recogidos en sus celdas de modo que en todo el convento reinaba el silencio más profundo. Fray Juan volvía contento, jubiloso con el chocolate para fray Jacinto, después de haberse tomado el suyo. Se acerca en puntillas, se lo ofrece; pero ¡oh calamidad inaudita! se lo ofrecía al muerto”, dice el cronista en su texto.
Asustado, fray Juan corrió tratando de salir de la habitación, entre gritos por aquella escandalosa situación.
A fin de calmar a fray Juan, fray Jacinto salió de la caja y grita a fray Juan para que se detuviera, más entonces el Diablo lo castigó con un suceso aún peor.
¡El muerto que también se levantó, cogió un candelabro con un cirio ardiendo y corrió tras los dos vivos que al notarlo se echaron fuera de sí, hacia abajo por una ventana!
El fraile bromista fue alcanzado por el muerto y quemado en el cuello con el candelero, pero desde entonces se cuenta que en las oscuras noches se observa el cuerpo de un monje cuelga de una ventana del antiguo convento, hoy la Casa de la Cultura.




