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MORELIA, Mich., 9 de agosto de 2025.- Laura Domínguez, artesana de la tenencia de Capula, aprendió el oficio de la alfarería desde los 13 años, y le sucedió, como suele ser: a través de la transmisión de saberes de los padres a los hijos.
La artesana ofreció un taller abierto a niños y adultos, relacionado con la pintura de figuras de barro, en la Expo Artesanal de Verano 2025. Ahí, sosteniendo un corazón a medio pintar, la artesana contó a Quadratín que por lo regular hace macetas, corazones, catrinas, y en general losa tradicional.
"Y lo que hacemos en pintura de politex, son corazones, ángeles, cruces, macetas, hay diferentes cosas", refirió y explicó que sus papás han trabajado el barro desde hace muchos años, así que desde niña tuvo mucho contacto con el trabajo de la alfarería.
"Entonces uno desde niño empieza ahí a jugar con el barro, porque es como si jugaras con plastilina, y empieza uno a ponerse a un lado de los papás a jugar, que hacer un torito o un perrito, algo de nuestra imaginación", explicó y dijo que de ahí empezó a laborar con barro y algunos de sus hermanos también.
Cuenta que ella tiene dos hijos y solamente uno de ellos se dedica a la alfarería.
De entre todas las piezas que hace la maestra Laura, resulta más difícil de todas la catrina, reconoció, y es así por tantos detalles, porque hacer un plato es más sencillo, ya hay una manera más concreta de hacerlo.
Los detalles son hechos a mano, dijo, y solo tienen molde de base, que es el vestido, "y de la cabeza solamente tenemos la parte de enfrente, la cara, ya todo lo tienes que hacer a mano, ya no tienes ni un molde para detallar, para ir poniendo las flores, ya no, todo es a base de tu creatividad".
La pieza más complicada que ha hecho le ha llevado unas cuatro horas solamente en esos detalles, explicó, "pero de ahí tienes que esperar a que la pieza seque, y tener varias piezas para meterlas al horno, porque si metes una pieza, pues no", explicó con respecto al proceso para ahorrar tiempo y dinero.
Actualmente, la alfarería le permite mantenerse, le da para vivir, aseguró y contó que antes ella venía a la ciudad de Morelia y trabajaba como empleada doméstica, y aunque siempre supo trabajar la loza, decidió trabajar en Morelia porque para ella era complicado hacer el barro, "es muy pesado, eso lo hacen los hombres que están muy fuertes".
Así que se regresó a Capula, contó, porque para ella ya es mejor trabajar la loza porque está con su familia, "puedo estar con mis hijos, por ejemplo en ese tiempo en ese tiempo mi niño andaba en la escuela, podía estar con él yo trabajar y llevarlo a la escuela", explicó y contó que ahora le da mucha satisfacción su trabajo.
Sobre ese sentido de gusto por lo que hace, contó que se ha dedicado también a hacer talleres de pintura de barro en otros lugares fuera de Michoacán, y en alguna ocasión en un taller se encontró con un señor.
Este hombre le contó que estaba enfermo y que ya había ido a muchos médicos y no le quitaban esa sensación, y se acercó a uno de los talleres, la artesana, y terminó agradeciéndole porque eso realmente lo calmó, porque resultó como una terapia para él.




