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MORELIA, Mich., 26 de septiembre de 2025.- Reprimir una emoción siempre va a generar que termine saliendo de otra manera, y en el contexto mexicano del “los hombres no lloran” se exacerba esta verdad, algo que el director Miguel Valdés expuso en el cortometraje Chico no llora, que forma parte de la sección michoacana del 23 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
La historia de Chico y su padre muestra cómo la represión del duelo puede llevar a una persona a cometer ciertos actos impulsivos a base de enojo, con el trasfondo cultural que eso acarrea y que Valdés quiso evidenciar en el corto.

“La muerte es de esos pocos momentos donde se le da al hombre la posibilidad de llorar sin juzgarle. Yo quería mostrar que los personajes, aunque tuvieran el chance, decidían no hacerlo, porque creo que uno a veces tiene muy arraigadas ciertas cosas que son difíciles de quebrar”, refirió en entrevista con Quadratín Michoacán.
Y es que en México es de lo más común, al existir zonas donde los hombres no se pueden mostrar débiles, entonces se endurecen, se muestran rudos, para esconder hasta lo más mínimo y evitar ser juzgados.
En Chico no llora también se abre el diálogo sobre la falta de progreso y posibilidades, que para el director fue relevante destacar pues considera el contexto de una persona es la base por la que cada quien piensa como piensa.

“Se pueden romper patrones y ver más del mundo, la gente puede superarse, pero creo que eso no siempre está disponible para todos. Realmente son privilegios poder explorar más posibilidades y hay gente que piensa que su entorno es lo máximo que puede llegar a ser en la vida, y eso no se puede reducir a que es simple conformismo, es mucho más complejo, porque es difícil cuando te inculcan mentalidades desde pequeño, cuando tu entorno no te permite ver más allá”.
Las grabaciones de Chico no llora se hicieron en Cherán, lugar de origen de Valdés, lo que representó un reto debido a que el cast y el director no viven allí. Además, muchas de las tomas se hicieron a temperaturas bajas, de un grado y antes del amanecer, por lo que el frío y la oscuridad debieron ser sorteados.
Miguel Valdés participó anteriormente en el FICM con el documental La tierra llama, también grabado en Cherán. Dos años después regresa con este cortometraje y para el futuro planea grabar más en su pueblo, para mostrar ese espacio que personalmente le encanta.




