El valor de la política/Ana Brasilia Espino Sandoval

17:28:49 27-08-2010

Ana Brasilia Espino Sandoval / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



El valor de la política y la función de los políticos Cuando hablamos de política hacemos casi siempre una separación de auditorios o interesados, pues asumimos que esta actividad está reservada a un grupo específico, dedicado exclusivamente a esta tarea, de la cual está excluida la población en lo general. También se asume, casi en automático, que la política no es algo que le atañe a la comunidad. Cosa falsa por cierto. Hoy en día tanto la política como los políticos tienen una mala calificación, es y son la causa de todos los males públicos. La responsabilidad de la desgracia común está dirigida a este sector que goza de muy poca credibilidad entre la población. La pregunta es ¿Por qué llegamos a este punto? Simple y sencillamente porque existe un círculo vicioso del que no se puede salir fácilmente. Oferta político electoral, confianza de electores, incumplimiento en el ejercicio del cargo Este círculo se ha venido repitiendo desde siempre, con independencia de quienes gobiernen. Además, la conducta personal de los gobernantes llámense presidente de la república, diputados, senadores, gobernadores, diputados locales o presidentes municipales no se apega en algunos casos a principios ni valores éticos, al contrario, comúnmente se apartan. El enriquecimiento repentino; la sobre exposición mediática; el ejercicio excesivo de poder, son entre otros, elementos negativos que comúnmente se ligan a los políticos. También se atribuye a los políticos y gobernantes atribuciones más allá de lo real; se piensa que pueden resolver todo y cuando se dan cuenta de que no es así, se les castiga con el desprestigio, la denostación o cualquiera otra forma de descrédito. En razón de lo anterior es que debemos, en conjunto, redimensionar el valor de la política y la función de los políticos. La política es un medio, un camino, una herramienta para lograr acuerdos no sólo entre diferentes fuerzas políticas, sino entre la colectividad. Es un ejercicio del más alto nivel social en el que su principal fianza es la palabra de los actores que acuerdan. Por tanto, los políticos deben merecer confianza, hacerse merecedores de ella. Deben practicar virtudes públicas y conducirse de manera transparente en todos los aspectos de su vida pública. La honorabilidad es parte de su activo. El enriquecimiento inexplicable es su antivalor. La comunicación permanente con la sociedad es condición para que ésta apueste por la política. Los partidos políticos son los principales garantes de que sus cuadros, sus políticos, sus gobernantes sean respetuosos de la ley y se apeguen al cumplimiento de sus deberes, ya que, en su caso, de no ser así, son los principales perjudicados del descrédito de sus políticos. Debería de haber un código de ética al que se debieran sujetar todos los servidores públicos, principalmente los de mayor jerarquía. No basta con la ley de responsabilidades de los servidores públicos. Es necesario que se ajusten a un código de ética que les impida denostar, hacer falsas promesas, conducirse vanalmente, o simplemente comportarse de modo contrario a lo que se espera de un servidor público. Solo así, la sociedad podría apostar por la política. Solo así se podría confiar en el gobierno. Solo así, podríamos tener un ejercicio democrático de mayor nivel y contenido en beneficio de todos.