La Ley de la Selva/Lourdes García Domínguez

21:47:05 15-08-2010

Lourdes García Domínguez / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Visitado año tras año por cientos de feligreses no solo de Guanajuato sino también de otras entidades de nuestro país, el Cristo Negro que reside en el Templo del Sr. Del Hospital en Salamanca, Gto., fue ahora la víctima de la delincuencia…¡sólo eso faltaba!. La noticia atrajo los reflectores a nivel nacional, los lugareños sin excepción, creyentes o no, repudiaron el acto; pero, quienes hayan realizado el hurto, -profesionales o no-, quizás ni se imaginaron las consecuencias que tendría el robo de la corona que portaba el Cristo Negro. Indudablemente la pieza robada -hace ya una semana-, tiene un gran valor, no solamente por el material del que se encuentra hecha (oro, plata y piedras preciosas), o por ser considerada una pieza apreciada y valiosa por su antigüedad (450 años), sino por los sentimientos que despierta entre los fieles católicos por ser “parte” del Cristo Negro, lo que la hace verdaderamente invaluable. ¿Cómo explicarle a la gente que vive en un México azotado por tanta enfermedad, desastres naturales, desempleo, violencia, injusticia, impunidad, pobreza, hambre, crisis…que ahora los instrumentos o medios de su Fe están siendo violados? Y es que es su fe, es su religión, es lo que los mantiene de pie, la que los estimula a levantarse día tras día para luchar por sus sueños, les da “en quien creer, en quien confiar, a quien pedir, a quien amar y a quien agradecer”, además de representar lo sobrenatural, lo superior, lo invencible, el inicio y el fin de todo…y ahora, ¡lo ultrajan!…El Cristo Negro, el Cristo adorado por miles de personas, ha sido víctima de la delincuencia…provocando coraje, impotencia, tristeza, rabia, desconcierto y miedo entre los creyentes, porque, todavía puede entenderse que nosotros –mortales-, seamos víctimas de los delincuentes, pero nunca, jamás que estos últimos puedan atreverse a tocar aquello que es sublime, eso no tiene perdón, no tiene cabida. Los católicos salmantinos están indignados y, valiéndose de la oración, de manifestaciones y de marchas, repudian el incidente, exigen justicia a las autoridades y perdón al Todopoderoso.