* ¿LEGALIZAR LAS DROGAS ES UNA OPCIÓN
* MEXICANA, UN PRESTIGIO EN PICADA
Dos ex presidentes -Ernesto Zedillo y Vicente Fox- y varios intelectuales, han lanzado desde hace meses la propuesta de legalizar las drogas como una solución para afrontar la ola de violencia que sacude al país, que ha dejado más de 28 mil muertos y amenaza con desestabilizar política y socialmente a México.
Se trata de una medida audaz, que sin duda no es tan simple. El presidente Felipe Calderón, quien se ha declarado totalmente en contra, admitió en un debate reciente en el Campo Marte -ante académicos y expertos sobre drogas-, que es un asunto que merece debatirse aunque él se oponga.
Ciertamente, parece haber una tendencia mundial hacia la despenalización en el uso de drogas blandas como la mariguana. En Estados Unidos, hay ya 14 estados donde se permite el uso terapéutico de esta yerba, entre ellos California, Nuevo México y Maine.
De hecho, reconociendo la realidad y para evitar la contradicción entre las leyes federales -que prohíben el consumo de todo tipo de droga y las locales que están permitiendo su uso médico-, el presidente Barack Obama ordenó a los fiscales federales, el 20 de diciembre pasado, no perseguir a aquellas personas que utilicen mariguana con esos objetivos.
En lo que para los analistas supone una voltereta de 180 grados sobre la política aplicada por su antecesor George W. Bush, el Departamento de Justicia ordenó que “no será una prioridad el uso de recursos federales para perseguir a aquellos pacientes que sufran enfermedades serias o a sus cuidadores, si cumplen con las leyes estatales sobre el uso médico de la mariguana”.
Desde 1996, tras un referendo, en California es legal consumir mariguana por motivos médicos, lo que alentó toda una industria de cultivo y venta a través de cooperativas y organizaciones sin ánimo de lucro.
No obtener beneficios es el requisito imprescindible para manejar un establecimiento de ese tipo, aunque ya se sabe que suele haber múltiples maneras de encubrir un negocio de este tipo. Hasta ahora se contabilizan más de un millar de tiendas de mariguana en Los Angeles.
Los defensores del uso de la mariguana aseguran que sirve en el tratamiento de enfermedades como el cáncer, la fibromialgia o la esclerosis múltiple. Así también, se dice que permite mitigar dolores intensos, reduce náuseas y vómito y combate la pérdida de apetito.
Sin embargo, la administración Bush rebatía esos reportes con el argumento de que la denominada cannabis eleva en 40 por ciento el riesgo de padecer trastornos mentales y nerviosos, como depresión, ansiedad e incluso esquizofrenia.
Lo que ahora propugnan las organizaciones que defienden la despenalización de la mariguana, es que el gobierno de Obama apruebe nuevas leyes federales que acaben con su prohibición para usos terapéuticos.
En realidad, el mundo está muy lejos de la despenalización total, que abarque tanto la producción, como la distribución y el consumo, a pesar de que hay hasta partidos políticos que han adoptado esa bandera.
En lugares como Amsterdam, Holanda, pionero en esta materia, lo que se ha hecho es tolerar la venta y consumo de mariguana en cierto tipo de bares.
Hay países que permiten la portación de ciertas cantidades de droga, que se consideran para consumo personal. En México, por ejemplo, está permitido llevar consigo cinco gramos de mariguana y medio de heroína.
El 2 de noviembre próximo habrá un referendo en California sobre la legalización del consumo y la comercialización de la mariguana. Lo lamentable y censurable es que muchos políticos pretendan alzar la bandera de la legalización de las drogas con fines puramente políticos y de manera abiertamente oportunista.
Por ejemplo, el ex presidente Vicente Fox anda muy activo proclamando que la despenalización es lo mejor y cuestionando a su sucesor por emplear al Ejército en la lucha antidrogas.
A Zedillo habría que preguntarle si es verdad que está a favor de la legalización de las drogas, por qué no lo hizo cuando estaba en el poder.
En febrero del año pasado él suscribió con otras 16 personalidades de la región latinoamericana, una especie de manifiesto en el cual proclamó que en América Latina se perdió la guerra contra las drogas ante las políticas aplicadas en los últimos 30 años, y urgió a “redefinir la estrategia regional a partir de evaluar la despenalización del consumo de la mariguana, fortalecer el tratamiento de adictos, y emprender una lucha implacable contra el crimen organizado que ha infiltrado las instituciones”.
EL FRACASO DE LAS POLÍTICAS PROHIBICIONISTAS
La Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia -de la que Zedillo forma parte-, indicó justo cuando Barack Obama acababa de asumir su cargo como jefe de la Casa Blanca que era el momento para llevar este tema al debate, “ante el fracaso de las políticas prohibicionistas impuestas por ese país, como ocurrió con Colombia, donde han tenido un alto costo con menores resultados”.
En su reporte, el comité indicó que México se ha convertido de manera acelerada en otro epicentro de la actividad violenta de los grupos criminales del narcotráfico, por lo que puede exigir corresponsabilidad en esta lucha a Estados Unidos y Europa.
Y remataba con esta lapidaria conclusión: “la solución de largo plazo para el problema de las drogas ilícitas pasa por la reducción de la demanda en los principales países consumidores”.
El informe Drogas y Democracia, hacia un Cambio de Paradigma, elaborado por integrantes de la Comisión, como los ex mandatarios de México, Brasil y Colombia, Ernesto Zedillo, Fernando Henrique Cardoso y César Gaviria, se refiere a la lucha antidrogas como una “guerra Perdida” y expone que las políticas prohibicionistas como la represión de la producción, interdicción al tráfico y a la distribución y la criminalización del consumo, no han dado resultado.
“Estamos más lejos que nunca del objetivo proclamado de erradicación de las drogas”, señala.
Es verdad. Según el propio diagnóstico planteado en ese informe, América Latina se ha convertido en el mayor exportador mundial de cocaína y mariguana, un creciente productor de opio y heroína y una potencia en ciernes en la producción de drogas sintéticas.
La Comisión propone tratar el consumo de drogas como cuestión de salud pública, reducir el consumo con información y prevención y focalizar la represión sobre el crimen organizado.
Todo esto suena maravilloso, pero lo que la mayoría de los analistas se preguntan es por qué hasta ahora ex presidentes que tuvieron el poder en países con una influencia decisiva como México, Brasil y Colombia, hacen una propuesta justo cuando no tienen más el mando en sus manos.
Para legalizar las drogas hace falta también enfocar con precisión el tema. ¿Legalizar la mariguana solamente o también la cocaína, las anfetaminas, la heroína, el LSD? ¿Legalizar sólo el consumo o también la producción y distribución? ¿Legalizar las drogas con fines médicos y terapéuticos o tolerarla con fines religiosos, como en el caso de las tribus bolivianas que usan la hoja de coca para rituales o por razones culturales, como el peyote entre los seguidores de la oaxaqueña María Sabina?
Quizá la legalización no sea una panacea, pero al menos tendría el efecto del fin de la prohibición del alcohol en Estados Unidos, que marcó el ocaso de Al Capone y sus secuaces en Chicago. Tal vez sería mejor que seguir con este baño de sangre interminable que corre por las calles de México.
Intelectuales como Milton Friedman, proponen que sólo se legalice la mariguana. Empero, el historiador mexicano Héctor Aguilar Camín considera que habría que despenalizar también otras drogas y señala un argumento interesante: “su consumo plantea también un problema de la libertad individual y de responsabilidad individual que el consenso punitivo impide siquiera pensar como un componente del problema”.
Es un tema que se debe seguir discutiendo pero llegará el momento en que finalice el debate y que pasemos de las palabras a la acción.
GRANOS DE CAFÉ
Mexicana, la compañía aérea, vive horas decisivas. En breve se conocerá si es posible un arreglo para que algún arrojado empresario se haga cargo de una empresa mal dirigida, con sindicatos caros que se resistieron “in extremis” a sacrificar sus canonjías, y como telón de fondo un gobierno que se niega a rescatar una vez más a inversionistas con pésima puntería para administrar un negocio estratégico.
Se sabe que requiere de 150 millones de dólares para seguir operando, una bonita cifra que no cualquiera puede sacar de su cartera así como así…
El sindicato de pilotos señaló su interés en adquirir el 49 por ciento de las acciones, que consistirían básicamente en aportar su trabajo y sacrificar sus salarios y prestaciones, pero de algún lado tendrá que venir el dinero líquido. Se sabe que ya hay tres empresarios interesados.
Las negociaciones cada vez tendrán que acelerarse porque si no se logra rápido un acuerdo, otras aerolíneas internacionales ocuparán las codiciadas rutas que maneja la emblemática aerolínea, la tercera más antigua del mundo, después de KLM y Avianca, así como sus slots aeroportuarios.
La idea de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes -ausente en este conflicto,- en el sentido de poseer una sola línea aérea “insignia”, no le hace mucha gracia a los dueños ni a los trabajadores de una empresa como Mexicana, cuyo prestigio se encuentra en picada.
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