¿Qué buscan, en verdad?/Mateo Calvillo Paz

11:32:45 26-07-2010

Mateo Calvillo Paz / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



En el mundo de los seres racionales, todo tiene un fin, tiende a ello. Esto sucede concientemente en el hombre que actúa guiado por su razón. Desafortunadamente, pasamos por una crisis de la racionalidad, vivimos llevados por el ritmo vital, sin reflexionar. El mundo de hoy hace seres que viven en masa como autómatas, como robots que han roto los lazos con el centro de control, más aún con su hacedor. ¿Para qué viven los hombres, por qué actúan? Los vemos presos en un activismo frenético y tenso buscando satisfacer sus necesidades primarias, sobre todo, corporales. Los vemos vivir el momento, en un pragmatismo absoluto, sin una teleología, es decir sin tender a un fin bien definido. Esto vale para todas las clases sociales y, concretamente, para la clase política. En sus campañas y múltiples actividades, ¿Qué buscan los políticos en verdad para el país, al que dicen servir, más allá de sus afirmaciones estereotipadas y vacías ya de contenido? Cuando proclaman que buscan el bien de México, uno pregunta qué quieren decir y sentimos, por lo general, que la frase no significa nada. Los vemos inmersos en un activismo espectacular, en un juego de elecciones y de poder. No se preguntan a fondo a dónde quieren llegar, a dónde quieren llevar al país, cuál es su finalidad trascendente. Se mueven y son arrastrados en el automatismo, en el robotismo como quien se afana dando palos al aire. Una cosa nos queda clara y cierta, viven prisioneros en el cascarón de su “yo”. Estos usan el país como su cuarto de juguetes porque reaccionan como niños. Estos, por la naturaleza de su edad no piensan más que ellos, todo lo quieren para ellos, no son capaces de dar nada. Buscan su “yo”. Jugamos una vez con Mickel, de 7 años al “toma todo”. Cuando hacía girar el juguete para echar la suerte, gritaba como ansioso: todo para mí, todo para mí. Los que se sienten grandes, predestinados quieren todo para ellos al grado que juegan a ser rey. Como canta Cri Cri: “uno soñaba que era rey”. Su “yo” es la motivación que los mueve y que todos alrededor sienten. Ellos pretenden ignorarlo o tal vez, en realidad, ya no lo perciben. Al fondo de todos sus movimientos vemos esa palanca fundamental, esa razón de sus grandes trabajos: su “yo”. No hay nada más, así sabemos lo que podemos esperar. Avanzan rodeados de una nube de “compañeros”, de colegas que quieren llenarse de la gloria o de las ventajas materiales de su jefe. Menos exigentes, así llenan su “yo” de las migajas, satisfacen sus ambiciones de bienes materiales e intereses no muy nobles y sus necesidades terrenas del momento. Es admitido que asistimos a la desaparición de las ideologías, de las jerarquías de valores, de los ideales. Los colores de las izquierdas y las derechas también ya no significan ninguna diferencia. Ellos dicen que todo eso existe y los guía, la verdad es que, en sus hechos, vemos que lo único que buscan es satisfacer su “yo”, el más mezquino. Por eso, no se ocupan del gran valor de la vida pública, el Bien Común, es decir, el bien de todos y de cada uno de los mexicanos, las condiciones de vida necesarias para que realicen su destino eterno todos los ciudadanos. Es lamentable pero hay que abrir los ojos y no seguir soñando: los retos, las necesidades vitales del país, no les interesan. La solución de los rezagos, de sus males ancestrales y endémicos los tiene sin cuidado. Los diferentes partidos ya no son nuevos caminos, ya no significan caminos alternativos para salir de las crisis, no traen avance. Entonces, ¿Qué sentido tiene el juego de elecciones de poder con sus elecciones? Cualquier ciudadano de sentido común se hace al respecto cuestionamientos muy graves que quedan sin responder y sumen en la preocupación sombría. La contraprueba está a la vista: el país no avanza, va a la deriva como una pelota entre niños que no saben jugar al futbol. Con todo, para quien tiene fe, hay una gran luz en el caos de sombras y peligros mortales, hay una Presencia suprema que devuelve la esperanza. Oráculo de Yahvé, -proclaman los profetas. El libro del Exodo afirma: “tengo bien vista la aflicción de mi pueblo en Egipto y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores, pues yo conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo de la opresión…”