* COCHE-BOMBA, UN ANTES Y UN DESPUÉS; LOS RIESGOS DEL NARCOTERRORISMO ESTILO COLOMBIA
* EL ARRIBO DE MAXIMILIANO CORTAZAR COMO VOCERO DEL PAN
Con la explosión de un coche-bomba la semana pasada en Ciudad Juárez, sin proponérselo, México ingresó en la fase del narcoterrorismo, por el que ya han transitado muchos otros países, entre los cuales el más cercano en el tiempo y el espacio es Colombia.
Muchos especialistas dirán que era lo esperado; que se trataba de una cuestión de tiempo para que el terrorismo asomara su rostro siniestro, y que es necesario que el país toque fondo para poder revertir esta espiral de violencia que ha arrojado casi 25 mil muertos en los más de tres años y medio que lleva el gobierno del presidente Felipe Calderón. Naturalmente que estos argumentos no ponen feliz a nadie.
El coche-bomba, cargado con 10 kilos de explosivo plástico y detonado con un teléfono celular -que explotó en una zona céntrica de Ciudad Juárez, la urbe más violenta de México, causando al menos cinco muertes y la destrucción de varios inmuebles-, coloca a México en la antesala de una etapa en la cual a las bandas ya no les importa matarse entre sí, sino inclusive dañar a víctimas civiles y provocar la mayor destrucción posible con tal de hacer valer su poderío.
El episodio ocurrió en de una de las peores jornadas de violencia que haya conocido el país en la frontera norte: en menos de 24 horas se registraron 16 muertes en Ciudad Juárez y en Nuevo Laredo.
Las autoridades creen que el auto-bomba fue en represalia por el arresto de Jesús Acosta, de 35 años, dirigente de la banda “La Línea”, brazo armado del Cártel de Juárez, y quien dijo que estas acciones buscan asustar a los federales y a la población.
El procurador general, Arturo Chávez, desestimó que los ataques de narcotraficantes constituyan actos de terrorismo, pero especialistas estiman que el país entró en una escalada de acciones que pretenden atemorizar a civiles y vulnerar instituciones.
Samuel González, ex jefe de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada de la Procuraduría General de la República, señaló que el atentado en Juárez fue inequívocamente narcoterrorismo.
El propósito de esta acción fue hacer que la gente se asuste. Por eso es un acto terrorista: porque pudieron haber utilizado un lanzagranadas o AK-47, pero no; quieren la imagen del coche-bomba explotando en la televisión, dijo el experto.
Alberto Capella, ex jefe de la policía de Tijuana, alertó sobre el riesgo de que se sucedan ataques, cada vez más encarnizados y estimó que el antecedente del auto-bomba en Ciudad Juárez, se remonta a 1987 en Colombia, cuando el capo de las drogas, Pablo Escobar, conoció a un miembro de la organización separatista vasca ETA, llamado “Miguel”, especialista en explosivos, quien introdujo el narcoterrorismo en Colombia a partir de 1988, lo que desató el nivel de violencia más grande de que se tenga memoria en el país.
“El 15 de julio va a quedar marcado como el inicio del fenómeno del narcoterrorismo en México”, dijo Capella, que como se recordará sobrevivió a un atentado contra su vida.
Alfredo Rangel, experto colombiano en seguridad, definió el ataque en Ciudad Juárez del jueves como “un salto cualitativo en la confrontación del crimen organizado no sólo contra el Estado, sino contra la sociedad”. Recordó que en Colombia, esas primeras explosiones fueron el inicio de una oleada de narcoterrorismo que provocó mucha conmoción e impacto en la sociedad y ocasionó una dinámica política muy preocupante para el Estado.
Este nuevo capítulo en la violencia mexicana tuvo como antecedentes inmediatos el asesinato del candidato a gobernador del estado de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, a 6 días de las elecciones efectuadas el 4 de julio, y el secuestro -hace casi dos meses y medio-, de Diego Fernández de Cevallos.
“Todavía tenemos más carros-bomba. Esto que pasó en la (calle) 16 le va a seguir pasando a todas las autoridades que siguen apoyando a El Chapo. Atentamente, el Cártel de Juárez”, se leía en una manta colocada en Ciudad Juárez, tras el atentado.
El cártel de Juárez está inmerso en una disputa sin cuartel con el de Sinaloa, de Joaquín El Chapo Guzmán, por la estratégica plaza. Las primeras investigaciones sobre el primer auto-bomba que es detonado en México, revelaron que el atentado -donde un camarógrafo resultó herido- fue meticulosamente preparado.
El alcalde de Ciudad Juárez José Reyes Ferriz reveló que -a manera de señuelo-, fue colocada junto al vehículo una persona aparentemente herida, vestida como policía municipal.
NUEVOS PROTOCOLOS DE SEGURIDAD
Al llegar rescatistas y policías federales para auxiliar al supuesto agente, la zona se convirtió en trampa mortal, pues fue detonado el explosivo que de inmediato causó la muerte de tres personas, entre ellos un policía federal y un médico. Otras dos murieron al recibir los primeros auxilios. El alcalde no descartó otros ataques similares, por lo que se acordó impulsar “nuevos protocolos de seguridad”.
El especialista en las Fuerzas Armadas, Jorge Luis Sierra, señala que desde hace varios años -y no a partir del jueves pasado-, los grupos de narcotraficantes están mutando paulatinamente hacia el terrorismo. Sin embargo, estimó que el carro-bomba en Juárez “nos coloca de súbito en la conciencia de que esa trasmutación está a punto de ser completada”.
En efecto, como lo sugiere el especialista, lo que ha atizado a los cárteles y estimulado para que pasen a la nueva fase del terror, es la intensificación de la lucha contra las drogas desplegada por el gobierno.
Los métodos empleados en Irak o Afganistán ahora son importados por las bandas mexicanas, porque saben que es una manera más efectiva de acorralar a las fuerzas federales.
Sierra apunta que la expansión de las capacidades terroristas de los cárteles incluyen “la planificación, la explotación de las oportunidades, el conocimiento del terreno y la predicción de los movimientos del enemigo”.
Esta nuevo escalamiento significa que los cárteles están desarrollando –si bien en forma incipiente-, un conocimiento en el manejo de la artillería y aunque ahora usan bombas caseras, activadas a control remoto, no se descarta que en el futuro puedan emplear otro tipo de artefactos para aumentar la letalidad de las bombas, sin exponer a sus efectivos a una aniquilación segura con el combate directo, según el experto.
Lo más riesgoso -según lo hace notar el especialista-, es que este ataque pone al desnudo la incapacidad de las fuerzas de seguridad mexicanas para enfrentar esta nueva etapa del narcoterror y al mismo tiempo, la sofisticación que están alcanzando los sicarios con la contratación de expertos para la fabricación de bombas y de ex miembros de comandos de élite tanto kaibiles guatemaltecos como desertores del Ejército mexicano.
El gobierno enfrenta ahora un nuevo desafío, que lo obliga a capacitar e incorporar a nuevos elementos de inteligencia y expertos en operaciones especiales antiterroristas debidamente entrenados.
Lo peor de todo no es eso, sino que subyace un riesgo muy importante de que el gobierno estadounidense -preocupado por lo que ocurre en su patio trasero-, decida que es momento de intervenir más a fondo en la lucha contra la delincuencia en México.
“Estados Unidos puede incluir a los grupos de narcotraficantes mexicanos en su lista de organizaciones terroristas y con ello aumentar su presupuesto, unidades y tropas destinadas a suprimir el terrorismo que se gesta en las ciudades fronterizas”, expone Sierra.
El horizonte que se abre a partir de esta nueva fase del narcoterrorismo eriza la piel. El gobierno no pudo controlar a las bandas cuando éstas actuaban en forma convencional. Ahora lo más seguro es que mostrará que no es capaz de proteger a los ciudadanos, más expuestos que nunca, ya no al fuego cruzado del narcotráfico, sino a los ataques directos en plena calle o zonas céntricas.
Ya nadie se puede sentir a salvo. Esa es la triste verdad.
GRANOS DE CAFÉ
Entre el reciente relevo de altos funcionarios del gobierno calderonista, destacó el de Maximiliano “Max” Cortazar Lara -coordinador de Comunicación Social de la Presidencia de la República-, quien fue sustituido por Alejandra Sota Mirafuentes, ex coordinadora de Estrategia y Mensaje Gubernamental en Los Pinos.
Algunos momentáneamente pensaron que “Max” se quedaría en la banca. Pero no. El dirigente nacional panista César Nava, se ocupó el pasado lunes de investirlo como secretario de comunicación y vocero del Comité Ejecutivo Nacional.
Algunos medios se han dado a la tarea de menospreciar su labor de comunicador oficial, hilando su pasado como baterista del grupo Timbiriche -creado en 1982 y que por más de una década se mantuvo vigente-, al lado de Paulina Rubio, Mariana Garza, Diego Schoening, Alix Bauer, Benny Ibarra y Sasha Sokol.
Más allá de esas comparaciones, creo que “Max” es además de muy buen baterista, un buen tipo. Considero además que realizó un buen trabajo al lado de su amigo Felipe.
Algunos se preguntan que si su relevo se debió a que no cumplió con las expectativas dentro del primer círculo del actual mandatario, entonces por qué fue designado por César Nava,como secretario de comunicación y vocero del Comité Ejecutivo Nacional.
Para este columnista, la lectura no tiene vuelta de hoja: a “Max” lo llevaron al PAN, porque a 2 años del relevo constitucional, las prioridades del presidente Calderón son ya otras, y requiere de verdaderos amigos en su partido Si no, al tiempo…
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