Prever el futuro /Mateo Calvillo Paz

12:08:26 08-07-2010

Mateo Calvillo Paz / Quadratín

SECCIÓN: Política



Los vicios de los gobiernos y de la clase dominante no es una calamidad invencible, fatal. Una voz poderosa nos invita a cambiar la conducta perversa y a vencer el mal. Nos asegura la victoria definitiva. No basta con estar informados de las elecciones en doce estados, es de necesidad vital interpretar el acontecimiento. Nos importar entender los procesos electorales, dentro de los procesos sociales, para prever las consecuencias que vendrán para la ciudadanía en los estados y en el país. Así podemos adivinar el rumbo que tomarán los acontecimientos y cómo nos irá a los ciudadanos de pie que somos la casi totalidad de mexicanos. Hay que analizar los actores: partidos y ciudadanía. En aquéllos se observaron su dedicación y habilidades electoreras, todo su afán fue ganar la elección. Buscaron beneficiar a su partido, más concretamente la elite dirigente y algunos individuos, su “yo”. El bien del pueblo no importa, es sólo el pretexto. Su meta real fue: el poder por el poder con su cohorte de dominio, dinero y placeres, fama. Sus vicios: deshonestidad, inmoralidad, incoherencia, mentira como lo señalaron los comentaristas. Sus virtudes: pragmatismo, determinación, la falta de escrúpulos. La diferencia de partidos está sólo en los colores, no hay ideales, no hay modelo de desarrollo ni de sociedad. En la ciudadanía gobernada se observó cierto infantilismo, no estamos educados ni entrenados para la política. Observamos la tradicional apatía, están ocupados en sus negocios y diversiones, les interesa más el futbol. No se ve un compromiso serio, que cueste, en los grandes problemas del país, sin participación. Se ven individualistas, comodinos, no son gestores del bien común sino una masa manipulable. Apáticos, desactivados para ejercer el gobierno del pueblo (democracia) para exigir el cumplimiento de los programas y promesas gubernamentales y hacer respetar sus derechos y para cumplir con sus obligaciones. El panorama histórico de México no ha cambiado: son las mayorías que le dan la espalda a los problemas nacionales, los grupos políticos de la nación dividida que ven sólo bienes particulares, grupales y no el Bien común de la nación mexicana. ¿Qué va a cambiar con la alternancia y la renovación de gobernantes? Nada, sólo vamos a cambiar de manos. No hay proyectos confiables, viables de Gobierno. No hay alternancia de personalidades y estilos de gobernar, ni de programas de gobierno que mejoran el servicio al pueblo y su situación. No hay ideas ni actitudes nuevas que lleven a bienes esperados y deseados en los gobiernos anteriores. Es el mal cíclico de México, el eterno retorno de los gobiernos con los mismos vicios. La razón es que tenemos una clase política sin valores, sin interés de servir, sin grandes personalidades, sin visión de Estado ni actitudes nobles, heroicas. Por otro lado vemos un pueblo sumiso, desnutrido y desmotivado, analfabeta e infantilizado en democracia, desmotivado y sin grandes ideales, desarticulado y sin estructura, sin preparación y sin liderazgos positivos y fuertes. ¿Qué podemos hacer? Nada, piensan algunos, el mal es una maquinaria demasiado grande y aplastante, estamos condenados a seguir así. Se puede cambiar a México, hay que hacerlo. El mal no tiene la última palabra, hay cambios en la historia reales, aunque son lentos, penosos, difíciles. Hay que cambiar, hacer hombres nuevos, es el llamado urgente de Jesucristo el Dios – con- nosotros, de su Iglesia y de los hombres que aman a México. Los gobernantes electos ya no se deben a su partido, están sobre él, ahora se deben a todos, al bien común de la nación. “Cambien de conducta”, clama el Divino conductor de la historia en el Evangelio. Los gobernantes y sus partidos, toda la ciudadanía debemos cambiar. Saldremos de las crisis y desgracias, haremos el México nuevo que soñamos. Los construimos todos.