En las elecciones de este domingo 4 de julio –día, por cierto, de la independencia de los Estados Unidos-, en 14 estados de la república, en 12 de ellos para elegir gobernador, presidentes municipales y congresos locales, y en 2 sólo presidentes municipales y congreso local, puede decirse, en términos generales, que se vivió una jornada de contrastes, tanto por el clima electoral y de violencia que se esperaba en algunas entidades como por la participación ciudadana en las urnas; tanto por la civilidad con que transcurrieron las elecciones en unos estados como por los viejos y nuevos vicios que aparecen cada que hay proceso electoral donde los gobernadores no dejan de meter las manos para proteger los intereses que representan. Asimismo, puede ahora evaluarse, de mejor forma, la utilidad o inutilidad de las alianzas entre partidos con plataformas ideológicas muy diferentes.
Los vicios que pueden evidenciarse, por ejemplo, son la intromisión de los gobernadores y sus partidos en el manejo de los órganos electorales. Tal es el caso de Veracruz, Puebla, Hidalgo, Oaxaca, Chihuahua y Tamaulipas, sólo por citar algunos de los casos más groseros. Luego viene la compra y coacción del voto que ya es una práctica recurrente de todos los partidos y candidatos –unos más, otros menos; esos recursos para comprar votos además, por manejarse en efectivo, no pueden conocerse sus orígenes y, por tanto, no se informarán a la autoridad electoral –y vaya usted a saber cuántos corresponden al crimen organizado. También, cada vez y de manera más descarada, se utilizan programas y recursos públicos, estatales, municipales y federales, para tratar de comprar lealtades electorales. Veracruz es el caso más grotesco.
Los partidos siguen saltándose al IFE para hacer la propaganda electoral fuera de los mecanismos que la ley prevé y siguen dándole la vuelta a la legislación que ellos mismos aprobaron; en tanto los medios de comunicación, como Milenio o el Canal 13, siguen sin respetar los tiempos que los órganos electorales fijan para dar a conocer los resultados electorales, haciendo pensar, a la opinión pública, que juegan de manera tendenciosa a favor de la estrategia electoral de los partidos que favorecen.
Asimismo, en los estados que conviene, se alienta el voto del miedo, ya sea aludiendo a la violencia, al temor al cambio, calumniando al adversario o a través del escándalo y la intimidación policiaca –ahí está el caso de Gregorio Sánchez en Quintana Roo, la intromisión a una casa de campaña de Xóchil Gálvez en Hidalgo o las grabaciones burdas –e ilegales- de los gobernadores de Veracruz y Puebla, etc. En esta ocasión hasta la titular de la Fiscalía Especial para Delitos Electorales (Fepade), organismo que por cierto no sirve para mucho – ya que no inhibe el delito electoral dado el alto nivel de impunidad que existe frente a las denuncias que se hacen- ha tenido que renunciar ante presiones de sus superiores.
En ese contexto puede decirse, sin embargo, que en lo general se vivió, en los estados donde hubo elecciones, una jornada electoral con relativa calma y paz social –mejor a la que se esperaba- y que, de acuerdo a las encuestas de salida y los avances de los Programas Preliminares de Resultados Electorales, el PRI, con su comparsa el Verde Ecologista, va adelante, de manera clara, en 9 de las 12 gubernaturas en juego. Va adelante, con ventaja y sin problemas importantes a la vista, en Aguascalientes –ahí la arrebata al PAN la gubernatura-, Chihuahua, Quintana Roo, Tamaulipas y en Zacatecas, donde la división del PRD, entre Amalia García y Ricardo Monreal, terminó con su hegemonía. Y tendrá problemas postelectorales, sin embargo, en Veracruz –la mano negra del gobernador ha sido evidente-, en Tlaxcala, Hidalgo y Durango.
La alianza entre PAN, PRD y Convergencia –en algunos casos, también con apoyo del PT e incluso del PANAL (en Puebla)-, funcionó en Oaxaca con Gabino Cué, de manera destacada; en Puebla con Rafael Moreno Valle y en Sinaloa con Mario López Valdez, Malova. ¿Qué funcionó más, la alianza o la mala reputación de los gobernadores salientes o de algunos candidatos -en Oaxaca Ulises Ruiz, el “gober precioso”, Mario Marín en Puebla, o el candidato del PRI en Sinaloa, Jesús Vizcarra, que fue señalado por la revista Proceso como “cercano” al Mayo Zambada-?, a lo mejor todo influyó; a lo mejor era la única manera de bajar al PRI en esos estados donde se han enquistado algunos de los peores vicios e impunidad de nuestra clase política. La alianza funcionó, por lo pronto, en 3 (Oaxaca, Puebla y Sinaloa) de 5 casos (en Hidalgo y Durango, no).
Finalmente, en los estados con elecciones intermedias quedaron 1-1; en Baja California arrasó el PRI en municipios y diputados y en Chiapas ganó la alianza PAN-PRD-PT-Convergencia. En cuanto al abstencionismo habría que decir que fue en promedio por arriba del 50%; los datos relevantes son en Ciudad Juárez, que alcanzó casi el 80% -en general en Chihuahua fue alta- y en Tamaulipas y Baja California cercana al 70%. El clima de violencia y las inundaciones influyeron. La participación ciudadana, el asistir a votar, fue “alta” -casi alcanzó 60%-, ahí donde las elecciones fueron más reñidas: Sinaloa, Oaxaca, Zacatecas, Chiapas. Ya habrá, más delante, tiempo de hacer un análisis mejor de las alianzas tan cuestionadas, pero que tienen como horizonte la elección del 2012 y ya, por lo pronto, se animan, con los resultados, el PAN y el PRD a ir juntos, el año que viene, en el Estado de México. Empero, desgraciadamente, a pesar de las intenciones de las direcciones del PAN y el PRD de acabar con cacicazgos en estados donde no ha habido alternancia, de manera soterrada, y a veces no tanta –el pacto secreto del secretario de gobierno, Gómez Mont con el PRI para impedir la alianza en el Estado de México o las posiciones al respecto de Fernández de Cevallos antes de ser secuestrado-, hay quienes, desde esos partidos, ya traen amarres con el potencial candidato del PRI, el que ven seguro para el 2012.