México Campeón/Mateo Calvillo Paz

15:55:41 28-06-2010

Mateo Calvillo Paz / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Dios puso en el hombre la sed de victoria, puso en él la fuente de gozo. El hombre necesita satisfacciones cumbres y modelos victoriosos donde proyectarse. Anécdota. Este artículo lo empecé antes del partido contra Uruguay cuando los aficionados se sentían en los cuernos de la luna. La fiebre deportiva ha invadido a las mayorías: los fanáticos se meten dentro del partido, vibran, estallan de gozo, se ponen sombríos cuando recibe su equipo un gol o hay algún revés, andan alicaídos cuando pierde su equipo. Viven en otra realidad, como virtual, televisiva, realidad mágica que crean los medios de comunicación primordialmente buscando mucho dinero. La aldea global del mundo se ha convertido en un estadio global donde caben todos los hombres del planeta gracias a la tecnología de la comunicación, a la imagen y sonido que viajan por las ondas hertzianas. Es una realidad virtual, de fantasía, diferente de la realidad dura y pesada de la vida, es una realidad efímera, tiene la realidad de la evasión, del sueño. Habrá que despertar a la dura realidad de trabajo, de lucha vital, de crisis, a la rutina de la refriega, del trabajo arduo. Sólo un país será campeón. Muchos mexicanos, ¿soportarían la emoción del campeonato cuando se desborda hasta el colmo la emoción por un partido amistoso o un juego de primera ronda ganado? ¿Qué pasaría si la selección grande fuera campeona? A todos nos gustaría de corazón. Los ratones verdes podrían crecer y lograrlo pero les falta creer y querer. Contra Uruguay no quisieron ganar andaban trotando y perdiendo el tiempo en pases innecesarios, como un argentino aturdido que pusieron ahí no sé por qué razón. Ante el espectáculo de El Mundial, necesitamos comportarnos como hombres sabios, sobre todo los adultos, conservar la tranquilidad como han enseñado muchos filósofos, como los estoicos, llegar a la apateia, es decir la ausencia de pasiones, digamos su control. Nuestras reacciones no deben perder sus límites, deben ser proporcionadas según la importancia del evento. Los niños no tienen el sentido de la proporción y su gozo estalla sin límite. Más notable es la desmesura en los animales como los perros. Hay muchas muestras de desproporción y locura en las reacciones: suspender clases, cambiar exámenes, llenar las oficinas de televisores, encender el televisor para ver los partidos en las horas de trabajo, celebrar días y noches un resultado provisional y secundario. Hay que evitar la emoción que enferma y infantiliza, la evasión y la enajenación, guardar la justa proporción de las cosas y de los eventos, el mundial es sólo deporte, diversión, entretenimiento. Hay tareas mucho más importantes y no menos apasionantes en que el hombre construye un mundo revolucionado, digno, hermoso. En estos trabajos se consiguen éxitos más hondos y profundamente humanos como los avances tecnológicos, las investigaciones de los ganadores del premio nobel, los exámenes recepcionales después de muchos esfuerzos y desvelos, las operaciones quirúrgicas para arrancar a los hermanos a la enfermedad y la muerte. Hay competencias de mayor trascendencia que requieren todo el entrenamiento y entrega, como la lucha contra el rezago en el campo de la educación, en la que vamos a la cola de la cola. También la carrera contra la apatía y la pereza que nos tiene en los últimos lugares en productividad, el campeonato de la honestidad para no estar entre los pueblos más corruptos y vencer la violencia en la que somos subcampeones del mundo después del campeón Irak. Debemos tener una pasión, más intensa que la del futbol, la pasión por todo lo que emprendemos, el estudio, la investigación, el arte, la creatividad, la innovación. Estamos desperdiciando preciosos dones de nuestra raza mestiza, las cualidades que el Padre Dios sembró en los latinos, concretamente en los mexicanos. Debemos vivir la vida con el gusto que ponemos en el deporte, con el gozo de una recreación. No podemos corregir los errores garrafales de Javier Aguirre, ni cambiar la actitud mediocre, lenta, sin garra de los seleccionados. Pero en nuestro propio partido, en nuestra lucha vital sí podemos entregarnos, desgastarnos como unos campeones en el trabajo y la lucha y la misión de primera importancia en este querido México.