Juan Guzmán G. / Quadratín
-Salta una pulga y creemos ver un canguro-
En alguna ocasión el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano se preguntaba si cuando un obrero realizaba su labor ”¿acaso no utiliza su intelecto para ello?” La respuesta era obvia. Este cuestionamiento lo hacía con la finalidad de establecer un calificativo para los creadores de arte o trabajadores de elite que se han autoproclamado ”intelectuales” sin tomar en consideración lo expuesto por el suramericano.
La petulancia y el ego hasta la cima, han provocado que los llamados ”intelectuales” mexicanos estén cada vez más alejados de un pueblo necesitado de ídolos y héroes -así sean once vedettes disfrazados de futbolistas-, mientras autoengañan su soberbia para dejarse aconchar y lisonjear por el poder, ya sea el político disfrazado de izquierdista y de ultraderecha evidente, o el económico que necesitan de conciencias lúcidas para mantenerse en el dominio.
Una parte de esos trabajadores de élite o de categoría diferente, como también podrían ser llamados, mostraron sus limitaciones pensantes con el deceso, en días pasados, del escritor Carlos Monsiváis. En voz de Elena Poniatowska dejaron traslucir su arrogancia ante la vida...y la muerte. Con lastimera voz la autora de ”La noche de Tlatelolco”, libro de inexactitudes históricas se preguntó ”¿Por qué nos dejaste, Monsi?”
¿Se supone que por ser creadores de arte, a quienes la naturaleza dotó de una cualidad especial para manejar el lenguaje y hacerlo escrito, tienen derecho a sobrevivir a enfermedades mortales? ¿Son dioses omnipresentes? Se entiende que su cultura los obliga a comprender, con mayor claridad, las necesidades humanas de nacer, crecer, hacer y fallecer como sucede a cualquier ente vivo de la fauna y de la flora.
En lugar de lloriqueos infantiles e inútiles para honrar su memoria ¿no hubiera sido mejor enaltecer las convicciones de Carlos? de quien, por cierto, alguna vez el Premio Nobel de literatura mexicano Octavio Paz se expresó en una forma poco diplomática y más bien grosera al decir que Monsiváis ”no tiene ideas, tiene ocurrencias”. ¿Acaso no hubiera sido más honroso para el crítico y ensayista desparecido, impedir que políticos como Marcelo Ebrard Casaubond, en una actitud oportunista, hiciera propaganda para su beneficio con la muerte del escritor?
Ya montados en el burro de la adulación que ayuda a atraer líneas en periódicos y los reflectores de algunas televisoras, una diputada del Partido de la Revolución Democrática, PRD, anunció que su bancada propondría escribir con letras de oro en la Cámara, junto al nombre de Benito Juárez García o Miguel Hidalgo y Costilla el de Carlos Monsiváis. Si fue una broma resulto de pésimo gusto pero si es verdad ¿en qué país estamos?
¿Acaso debemos creernos esa máxima política de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece? En lo que al autor de estas líneas concierne, no lo acepto así aunque se podría reconocer, en cambio que lamentablemente tenemos la clase de ”intelectuales”, creadores de arte, trabajadores de elite o de categoría diferente mediocres y lisonjeros que en días pasados lloraron el deceso de uno de sus colegas.
Estamos tan necesitados de héroes o de ídolos que cuando vemos saltar una pulga creemos que se trata de un hermoso canguro australiano.
Tiempo extra
Los trabajadores y sus familias de la Compañía de Luz y Fuerza, cuya desaparición fue decretada en forma fascista por el gobierno federal, están aún a la espera de que suceda algo extraordinario y la Suprema Corte de Justicia, en una actitud de valiente independencia derogue esa absurda decisión presidencial. Mientras tanto, el jueves próximo habrá una manifestación en apoyo al Sindicato Mexicano de Electricistas y a los mineros del dictador Napoleón Gómez Urrutia convocada por la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) según anunció el tirano dueño del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, el expriista y ahora diputado federal perredista, Francisco Hernández Juárez... Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo, METRO, nos hacen llegar sus quejas en el sentido de que las clínicas se niegan a surtirles sus medicamentos mientras que la hija del dictador del Sindicato, Fernando Espino Arévalo, Mabel Espino Suárez ocupa la subgerencia de Salud y Bienestar Social con un sueldo de 90 mil pesos mensuales. Cosas de la vida... y del abuso en el tráfico de influencias. ¿Y el jefe de Gobierno Capitalino, Marcelo Ebrard Casaubond? Bien, gracias con medicinas de primer nivel y enriqueciéndose con sus absurdas obras viales.