Café para Todos/Alberto Carbot

19:03:37 22-06-2010

Alberto Carbot / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



* MONSIVÁIS, EL ÚLTIMO ERUDITO MEXICANO; ACTIVISTA DE LAS CAUSAS IMPOSIBLES * LA SELECCIÓN MEXICANA DE FUTBOL, CON POSIBILIDADES “Quijote de la izquierda, activista de las causas imposibles, conciencia de México, Cronista de la vida cotidiana…” Los títulos con los que se ha rebautizado a Carlos Monsiváis tras su lamentable muerte el sábado anterior, debido a una fibrosis pulmonar que lo mantuvo dos meses y medio en el hospital, le siguen quedando chicas al último erudito mexicano. De inteligencia atroz, que -como bien dijo Enrique Krauze-, no leía libros sino devoraba enciclopedias completas, “Monsi”, para muchos de sus amigos, deja un gran hueco en este México que cada día se queda más huérfano de sus mejores figuras, pues hace apenas unos días falleció el gran caricaturista don Gabriel Vargas. A Monsiváis se le conocía como el “Ajonjolí de todos los moles”, de tal modo que hasta una revista dirigida por Guillermo Fadanelli, solía presumir en su portada ser la única donde no escribía el maestro de la colonia Portales. No obstante, Fadanelli mismo reconoce que alguna vez formó parte de todo el peregrinaje de escritores jóvenes que solían acudir a casa de Monsiváis a recibir esa especie de bendición laica que impartía a diestra y siniestra, bajo los acordes de alguna melodía de José Alfredo Jiménez o algún bolero de Agustín Lara. Su faceta de activista político fue una de las más llamativas. Era un hombre antidogmático, a pesar de su infancia y su educación cuáquera, un ser que se sabía de memoria la Biblia, pero no cualquier versión, sino la maravillosa y única de Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera, publicada durante la época del Siglo de Oro español, usada por las iglesias protestantes tradicionales durante muchos años, inclusive hasta hoy en día. Desde que era muy joven no temió enfrentar al poder. Así, en 1953 a los 15 años, asistió a su primera marcha, contra la ejecución de los esposos Julius y Ethel Rosenberg, acusados de espionaje en Estados Unidos, cuando la pareja judía fue llevada a la silla eléctrica en lo que fue la primera ejecución por espionaje de civiles en la historia de Estados Unidos A los 16 años, Monsiváis se adhirió a un comité universitario de solidaridad con Guatemala con motivo del derrocamiento de Jacobo Arbenz, en 1954, que fue atribuido a la CIA. El autor de “A ustedes les consta” alzó su voz en el suplemento La Cultura en México, del diario Novedades, para acusar de “represor” al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz tras la masacre del 2 de octubre de 1968, en Tlatelolco. Poco antes, en 1961, participó con los escritores José Revueltas y José Emilio Pacheco en un ayuno de 62 horas en protesta por la violencia ejercida contra los ferrocarrileros en huelga. Pero Monsiváis no era un fanático de izquierda ni un doctrinario a ultranza. Por ejemplo, mantuvo su apego a la Revolución cubana pero en los últimos años se volvió crítico de Fidel Castro. El ensayista y cronista apoyó la fundación del PRD y respaldó la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones de 2006, pero criticó los bloqueos que en Paseo de la Reforma encabezó el dirigente tabasqueño. También criticó una y otra vez el fundamentalismo en el PRD “y su pérdida de autoridad moral”. Adalid de todas las causas, sobre todo de las perdidas, defendió los derechos indígenas y de las minorías sexuales, la despenalización del aborto, y los derechos de los animales. En 1994, aplaudió entusiasta la rebelión zapatista pero luego criticó su “mística de la muerte digna”. Su afecto hacia los gatos era similar al que tenía por los libros; era de sobra conocido que era un hombre que amaba los gatos, tanto, que se dio el lujo de albergar en su casa de San Simón a 20 ejemplares. Cada una de sus mascotas llevaba un nombre muy peculiar: Miss Oginia, Miss Antropía, Mito Genial, Fetiche de Peluche, Fray Gartolomé de las Bardas, Miau Tse-tung, Catzinger, Caso Omiso, Peligro para México, Monja Beligerante, Rosa Luz Emburgo, Chocorrol y Carmelita Romero Rubio de Díaz, entre otros más. En su hogar de la colonia Portales, no había rincón donde no hubiera libros, como lo pudimos constatar un par de ocasiones en que tuvimos la fortuna de que nos abriera sus puertas para sendas entrevistas. “Sin mis libros me sería imposible vivir y sin mis gatos también. Los libros no aúllan ni los gatos proporcionan sabiduría, por eso no podría elegir. Preferiría entonces vivir sin mí”, dijo alguna vez. El escritor, sardónico por naturaleza, solía bromear con su propia muerte y decía que deseaba que cuando falleciera, sus cenizas se esparcieran en el Zócalo de la capital “para presumir de un funeral céntrico”. Una ocasión -en una charla con este columnista y el colega Marcos Romero-, hablaba del mismo tema y decía que le gustaría que durante sus funerales en el Templo Mayor tocara la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Rigo Tovar. Su salud no siempre fue precaria, pero en los últimos meses se agravó. En marzo, en ocasión de la presentación de su último libro “Apocalipstick”, afirmó que “si ligo mi salud con mi edad, la encuentro perfectamente normal, si la ligo con el estado que quiero tener, es un desastre”. Monsiváis fue parte de la generación de escritores integrada por Elena Poniatowska, Sergio Pitol, Fernando del Paso, José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid, entre otros, que comenzaron a despuntar desde la década de los 50 y 60. Además, fue gran amigo de dos de los más grandes escritores mexicanos, Octavio Paz y Carlos Fuentes, a pesar de sus diferencias políticas. El poeta José Emilio Pacheco, premio Reina Sofía de Poesía y Cervantes de Literatura, lo calificó como el único escritor “que la gente reconoce en la calle”. El autor de “Días de guardar”, “Amor perdido” y “Catecismo para indios remisos” estudió en las facultades de Economía y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). QUE EL ECO DE MI GRATITUD ACOMPAÑE MI DESPEDIDA En agosto de 2007, el gobernador chiapaneco Juan Sabines Guerero, en sesión solemne realizada en el salón del pleno del Congreso local, impuso a Monsiváis la medalla Rosario Castellanos. Al concluir su discurso, el desaparecido intelectual mexicano, de forma quizá profética, exclamó: “Que el eco de mi gratitud, acompañe mi despedida”. En el fondo, sin embargo, fue todo un autodidacta y sabía de tantos temas como estrellas hay en el universo. Entre los premios que se le otorgaron figuraron el Príncipe Claus de Holanda (1998), la medalla Gabriela Mistral de Chile (2001) y el Premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2006, así como con un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Arizona (2006). Una de sus últimas actividades públicas fue la apertura de la exposición “México a través de las causas” en el Museo del Estanquillo, que resguarda toda su colección de arte popular, en la que invirtió una verdadera fortuna. Monsiváis ya no alcanzó a recibir un último reconocimiento, el doctorado Honoris Causa, de su “alma mater”, la UNAM, con motivo del primer centenario de existencia de la casa de estudios. Por alguna razón, fue un hombre que mantenía buena empatía con la gente de la calle. Sus vecinos de la calle de San Simón, en la colonia Portales, colocaron carteles a su muerte, rindiéndole un homenaje con frases cariñosas. “En el barrio nos sentíamos importantes por tu existencia; nunca te olvidaremos”, decía una de ellas. “Los grandes se van, su legado nos dejó. De ti aprendimos a vivir. Mi querido Monsiváis, tus amigos, tu barrio, te extrañamos y no te olvidaremos jamás”, decía otra rubricada por “tus amigos, Deportes Lama”. La familia Gutiérrez le preguntó angustiada: “… y ahora ¿quién documentará nuestro optimismo”. Ese era el gran Monsiváis. Descanse en paz. GRANOS DE CAFÉ El equipo mundialista de futbol que encabeza el técnico Javier Aguirre, puede dar la gran campanada el próximo domingo cuando se enfrente a la selección de Argentina en Sudáfrica. Ciertamente su pase a octavos de final se complicó ante el seleccionado de Uruguay, pero también por la intervención de los árbitros, que han pitado en el campeonato. No es una excusa, pero en numerosas ocasiones han dejado de sancionar faltas graves contra los integrantes de la selección de “El Vasco”, un técnico que ha puesto toda su sapiencia en encarrilar las inquietudes y personalidad de sus jugadores. Ciertamente la cita del domingo próximo es decisiva para sus aspiraciones y comenzar a autoflagelarse luego de un mediano resultado contra los uruguayos, me parece una exageración, al igual que lo fueron los excesivos elogios luego del triunfo sobre una conflictiva selección francesa, que se convirtió en el escándalo de esta Copa mundial. Por ello, luego del juego contra Argentina del próximo domingo, se despejará toda duda en torno a los alcances de los jugadores mexicanos. Si ganan, muy bien; empezarán a tejer su historia. Si pierden, ojalá que lo hagan con la frente en alto. Los mexicanos, ante las adversidades que se viven en el país, necesitamos de un estímulo social. Hay que recordar a los propios argentinos, quien abrumados por un régimen dictatorial, pudieron tomar un respiro luego que resultaron campeones del mundo. Ciertamente, pan y circo, pero se vale soñar… ¿o no? …Sus comentarios envíelos vía internet a la dirección gentesur@hotmail.com o carbot@mexico.com