Dios hizo al hombre a su imagen, para la grandeza, le dio un destino maravilloso. Lo hizo capaz de soñar y alcanzar las metas más altas y brillantes, lo creó para la gloria.
En la vida necesitamos modelos, ídolos que nos ayuden a organizar y a orientar nuestra vida, ellos encarnan nuestros valores llevados a su dimensión de absoluto.
Ellos encarnan lo mejor de la vida, la perfección, en ellos proyectamos el ideal que deseamos alcanzar. Esto vale en primer término para los niños y los adolescentes
El ídolo debe tener cualidades del cuerpo y del espíritu en grado sublime. El adolescente hace el resto idealizándolo.
La televisión ”mete su cuchara”, crea ídolos artificiales, falsos, inflados a base de reflectores, maquillaje, fama. Esto puede aplicarse a lo jugadores de futbol, al Tri.
Estos héroes de fantasía artificial a la hora de la prueba se caen, se rompen, son desenmascarados, no responden a las expectativas infladas por las empresas que buscan hacer negocio.
Resultan ser héroes mediocres, sin gloria, algunos naturalizados (argentinos), ofrecen muchas veces participaciones pobres. Ven la gloria de lejos, sirven de escalón para que otros suban.
Por el inmenso cariño que tengo a México debo reconocer que es el caso de nuestra selección de futbol. Se crea una cultura conformista de miopía, no salimos de la falsedad de nuestros ídolos: jugamos bien pero perdimos. Se da una mutilación de las ilusiones y del esfuerzo y carácter para triunfar: “Ya merito”, “pasamos a la segunda ronda”. Muchos festejan estos logros y la victoria en partido amistoso como si fuera un campeonato mundial. El que nace pa” tamal… reza la psicología popular.
El impacto no es superficial, lúdico, comercial. La influencia es profunda y demoledora. Nos hacemos conformistas, derrotistas, mediocres, renunciamos a vivir sin un sueño de gloria. En la expresión de Saint Exupéry y Richard Bach nos basta con sobrevivir como aves de corral y no soñamos con el vuelo del águila.
Nos acostumbramos a ser del montón, a irla pasando, sin el deseo y la entrega para arrebatar los primeros lugares en las competencias de la vida. Desactivan las energías, arrancan los sueños de grandeza, nos dejan una mentalidad derrotista, que nos hace conformarnos con victorias sin trascendencia, como una victoria en un partido amistoso, a conformarnos con pasar a la segunda ronda del campeonato mundial de futbol, a creernos un pueblo de fracasados, algo así como una raza de esclavos”, de ratones verdes, a creer a los demás superiores a nosotros, ¿tenemos complejo colectivo de inferioridad?
Los mexicanos no ascienden al primer nivel, se quedan a la zaga. Esto se refleja en todos los campos de la competencia y el trabajo: competitividad, transparencia, producción, inventos.
Por sabe Dios qué ley los mexicanos destacamos en los antivalores: el segundo país más violento del mundo, entre los países más corruptos del mundo, primer lugar o casi en ignorancia, primer lugar en obesidad infantil. Hay preguntas muy serias que hacerse sobre la autoestima colectiva de la raza de bronce.
Un reto formidable: despertar a los mexicanos, devolverles la fe en su propio triunfo, soltar sus energías para vencer el rezago, los fracasos, las carencias en todas las órdenes de la existencia.
Los mexicanos nuevos, adultos, seguros serán los arquitectos de un destino de grandeza, superadas las crisis encontrar las en todos los órdenes, en la producción y economía en la ciencia, tecnología e inventos. Haremos un México triunfador, líder, campeón, de primer mundo. Aun en deportes seremos primer lugar.
Los chicos tendrán modelos muy bellos y dignos, estrellas verdaderas de primera magnitud, para proyectarse y querer alcanzar su estrella.