Lo dicho, finalmente el pasado miércoles se aprobó la desincorporación de las 444 hectáreas de la Isla de la Palma, con el voto en contra de los legisladores tricolores.
Sin embargo, la sesión en sí misma resultó llena de matices que a continuación trataré de comentar y que seguramente le resultarán interesantes.
Primero, en el conteo final para la aprobación, el presidente de la mesa directiva, Carlos Quintana, señaló que había 28 votos a favor, 10 en contra y 1 abstención, para sumar un total de 39 votos; con el pequeño detalle, que a la sesión faltaron 4 legisladores; los panistas Macarena Chávez y Librado Martínez, así como los priistas Guadalupe Calderón y Eligio González.
Segundo y que resulta sumamente grotesco, un claro acto demagógico, fue la postura de los legisladores perredistas que con cierta burla dijeron: “en pro de la desincorporación, pero no a la venta”. El asunto es elemental, a la hora de dar su voto a favor, lo hacían para dejar en manos del Ejecutivo estatal y del Fideicomiso 2112, la posibilidad de vender las más de 200 hectáreas que se destinarán al Parque Industrial. Lo cual resultó una total falta de respeto a los michoacanos, cuando si realmente estaban por un “no a la venta”, pudieron haberlo mayoriteado, tal como lo hicieron con la desincorporación.
El tercer aspecto y que se desprende del anterior, es que la posición adoptada por los perredistas y panistas, recordó añejas legislaturas donde el tricolor avasallaba pese a la constante protesta de las minorías, especialmente la entonces combativa izquierda, que en muchas ocasiones no tuvo la oportunidad de fijar postura en la tribuna y lo tuvo que hacer con pancartas, gritos y todo tipo de manifestaciones para ser escuchados.
Esta vez los papeles se cambiaron, los legisladores del Partido Revolucionario Institucional se mostraron desesperados, impotentes, molestos… ya que pese a la insistencia de regresar el dictamen a revisión porque había muchos artículos y fracciones reservadas, prácticamente fueron ignorados, por lo que para la aprobación, bastó una sola oportunidad para que un total de 6 legisladores abordaran la tribuna, la mitad en pro y los restantes en contra.
Cuarto, los tricolores parecen haber olvidado la experiencia que cotidianamente presumen. Y es que su discurso se fundamentó en que el dictamen para la desincorporación era irregular, sin el quórum mínimo que ellos consideraron de 10 legisladores, cuando únicamente votaron 8; sin embargo, estuvieron en la sesión, presentaron un dictamen de minoría y votaron el que consideraban irregular, incluso reservando artículos y fracciones… situación que puso en evidencia su incongruencia; en todo caso debieron presentarse y manejar una sola posición con un rotundo no para evitar legitimar e incluso apelar la legalidad en otras instancias, hoy parece esto último está desechado. Otra opción era dejar en claro su no, la ilegalidad del dictamen y abandonar la sesión.
Quinto, la sesión del pasado miércoles puso en evidencia lo que el poder puede provocar; entre muchas cosas, la pérdida de memoria, el evidenciar que casi todos actúan muy similar cuando el poder