Rebatinga/Efraín del Castillo

12:13:31 01-05-2010

Efraín del Castillo / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Política del silencio El escándalo mundial que tiene socavada a la Iglesia Católica y que incluye también a su jerarca, Joseph Ratzinger, está dejando en evidencia que todo lo instrumentado por cientos de clérigos en decenas de países alrededor del mundo, fue encubierto por un movimiento de secrecía que era del conocimiento de cardenales, arzobispos, obispos y demás ministros de todos los rangos, incluidos por lo menos, los dos últimos jerarcas, no sólo el actual Ratzinger, sino también el tan admirado por miles de mexicanos, Karol Wojtila. Haber destapado toda esta cloaca de abusos cometidos por los clérigos ha estado propiciando que muchos de los afectados finalmente se decidan a denunciar y hacer públicos sus casos. Como consecuencia, ya se empezaron a desprender los granos de la mazorca. En Irlanda y en Alemania ya fueron cesados algunos obispos. Muy justo sería que no sólo los separen de sus cargos eclesiásticos, sino que los pongan a disposición de las autoridades para que sean juzgados con toda la severidad. De lo contrario, quedará confirmada la especie de que se trata de una negociación que ha dado pie a una institucionalización de la impunidad. Habrá que seguir con lupa lo que ocurra en Estados Unidos, donde el mismísimo Pontífice ha sido demandado por los abusos reiterados a lo largo de varios años que sufrió una persona por parte del sacerdote Lawrence Murphy cuando estudiaba en la escuela para niños sordos St. John, en los alrededores de Milwaukee. La parte acusadora está exigiendo la entrega de archivos y documentos confidenciales del Vaticano que pudieran acreditar otras denuncias de abusos a cargo de clérigos. De por medio va lo que hace unas cuatro semanas comentábamos en este mismo espacio de análisis respecto a las millonarias indemnizaciones que habrían de exigir en ese país las víctimas. La razón por la cual está implicado Joseph Ratzinger es que cuando ocurrieron los hechos y se presentaron las primeras quejas, él encabezaba una oficina del Vaticano que no aplicó medidas disciplinarias contra el sacerdote Murphy. Hoy se sabe que el demandante habría enviado misivas al influyente cardenal Angelo Sodano, hoy por hoy uno de los hombres más poderosos de la Iglesia Católica, sin haber obtenido respuesta, lo cual es muy indicativo de la implementación de una política de la secrecía y del silencio, hoy quebrantada por las insistentes quejas y denuncias de los afectados. El cardenal Tarcisio Bertone también está implicado y ahora es secretario de Estado, el segundo puesto en la jerarquía vaticana. Ni más, ni menos, era el principal colaborador de Ratzinger en la época investigada. Hay indicios de que se decidió evitar la sanción al sacerdote Murphy por sus probadas habilidades para reunir recursos financieros para El Vaticano y eso, desde luego, tenía una mayor prioridad que la impartición de justicia. Hoy, la gota repetida sobre la piedra empieza a rendir frutos y ya cayeron algunos curas pederastas, incluso de edad avanzada, lo cual pudiera complicar o evitar que se les juzgue en los tribunales. Sin embargo, en Alemania son miles los feligreses que se han alejado de los templos y lo peor, que han dejado de contribuir económicamente y ahí es donde más les duele a los altos jerarcas. Por eso, el daño que les está causando el escándalo en Estados Unidos. Varias diócesis se han declarado en quiebra y han reducido las jugosas cantidades que fluían hacia Roma. Para muestra de la rentabilidad, el tropicalizado caso del obispo de Ecatepec, en el estado de México, quien está reclamando el pago de un supuesto préstamo de 300 millones de dólares que según él hizo en efectivo a una difunta empresaria. Hoy, este asunto pudiera llevarlo a los tribunales pues se le está acusando de lavado de dinero y de evasión de impuestos. Pero regresando al tema, la poderosa Congregación para la Doctrina de la Fé tendrá mucho que analizar y reflexionar, pues dentro de sus responsabilidades tuvo a lo largo de estos años, la misión de vigilar el comportamiento de los clérigos e investigar las denuncias tanto de los seminaristas como de los adeptos que hubieren sido víctimas de abuso sexual por parte de los sacerdotes. Esta instancia fue precisamente la encargada de aplicar esa política del silencio y procurar que no trascendieran las quejas para que la feligresía no se decepcionara, se mantuviera fiel y siguiera tributando generosamente. El escándalo desatado por la cínica conducta del fundador de los Legionarios de Cristo y la necedad de encubrirlo, está resultando más costoso de lo que la iglesia llegó a estimar. Más allá de las simples disculpas y los perdones y los remordimientos y demás muestras de arrepentimiento, lo que más les está doliendo es el efecto financiero. Vale la pena recordar el papel histórico que ha desempeñado el Banco Ambrosiano, cuyo principal accionista se supone que era el Banco del Vaticano, hasta que en 1982 se colapsó. Existen diversas teorías del papel que jugó esta institución para blanquear fondos de dudosa procedencia e incluso, que tuvieron que ver con la muerte de uno de los jerarcas católicos.