Rebatinga/Efraín del Castillo

07:47:11 28-04-2010

Efraín del Castillo / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Ratzinger en Malta Sin que se logre detener la indignación internacional por los abusos cometidos por los curas católicos en contra de cientos de niños y jóvenes en decenas de países, Joseph Ratzinger visitó Malta, para reunirse –entre otras muchas actividades- por espacio de 25 minutos con las víctimas de la pederastia en ese país. Cada uno de los ofendidos tuvo escasos minutos para exponer su caso y recibir algunas breves palabras de aliento del máximo jerarca de la Iglesia Católica. “La Iglesia está herida por nuestros pecados” fue una de sus frases más claras pronunciadas ante los medios de comunicación que cubrieron esa gira, en alusión a los delitos cometidos desde hace unos 30 años por sacerdotes que después fueron asignados a otros sitios y pudieron de esa forma burlar tanto la acción de la propia institución eclesiástica como la de la justicia del propio país. Igual que varios de sus colegas, el cardenal Darío Castrillón, de 80 años, no quiso quedarse fuera de la discusión y se animó a formular algunas declaraciones, con las cuales también esta semana abonó con gasolina al fuego. Este cardenal –por cierto retirado del Vaticano- dijo que “el Papa Juan Pablo II respaldó una carta que él le envió a un obispo francés en la que lo felicitaba por haber protegido a un sacerdote condenado por violar a menores”, según reportó en su momento, la prensa española. En México, diríamos simple y sencillamente: “No me ayudes compadre”. Muchos abusos fueron comentados entre los clérigos en el confesionario y por tratarse de secretos de confesión no los han denunciado ante las autoridades civiles. Entonces no sólo Joseph Ratzinger, sino también Karol Wojtila, están implicados en todo este inaceptable escándalo, pues consintieron en diversos momentos la comisión de delitos o por lo menos, los encubrieron ante las autoridades civiles legalmente constituidas. Como sea, la jerarquía católica deberá poner sobre la mesa todas sus cartas y jugar un papel menos arrogante que el desempeñado hasta ahora. Este tema ha querido soslayarse por la iglesia, sin ponerse a pensar en los cientos de agraviados que siguen sufriendo en todo el mundo por las atrocidades que con sus cuerpos hicieron quienes deberían ser justamente ejemplos, según sus propios libros y liturgias. Por todo eso, indigna la escasa capacidad de autocrítica que los sacerdotes tienen y además, que solamente propongan soluciones espirituales ante delitos que hicieron uso de cuerpos y los mancillaron mediante engaños oscurantistas, aprovechándose de la subordinación, la ignorancia, el engaño, la amenaza y la extorsión. Hacer que todos los responsables sean sometidos a juicio de acuerdo a las leyes de los países donde se cometieron los abusos, es una determinación urgente que no sólo esperan los agraviados, sino que reclama la comunidad internacional en una suerte de consenso contra esta impunidad indefendible. Es deseable que a la brevedad surja algún juicio específico que sirva como detonador para que en cascada se vengan otros más y estos hechos queden aclarados y los culpables castigados. Nada sería más sano ante la gravedad del asunto y la indignación ciudadana en todo el planeta. Ojala que estos esfuerzos que se hacen en los medios sirvan para algo y que más adelante podamos confiar en que las presiones no fueron en vano y que tarde, pero se hizo justicia.