Tirando a Dar/Juan José Tapia Bastién

11:29:40 19-04-2010

Juan José Tapia / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Los locos poderes. ¿Quién es el que está autorizado para declarara a alguien como loco? Si son los siquiatras o los médicos, deberán de decirnos si lo que han declarado en días recientes el Presidente y los obispos del país, corresponden o no a personas que no están en sus cabales. O si son palabras de, cuando menos, unos desadaptados sociales. En su frenética lucha contra el crimen, Felipe Calderón ha puesto toda su atención en el fin que persigue y no en los medios ni en las formas. La última explicación que dio a la sociedad sobre el estado actual de esta guerra anticrimen, fue reveladora de lo que piensa sobre la cantidad de muertos –que ya son miles- que han caído en ambos frentes de batalla. Si nos referimos a lo estrictamente confrontado, es decir, policía, Ejército y delincuencia, las bajas que han ocurrido pudiéramos calificarlas como “normales” o esperables en un entorno de combate, pero los decesos de personas inocentes ocasionados por esos enfrentamientos, no puede quedar en el silencio y hacer como que no pasa nada. Las organizaciones sociales progresistas de todo el país y los particulares que se preocupan por la realidad mexicana, se han manifestado una y otra vez porque se planee de mejor manera la forma en que se combate la delincuencia y no como se hace actualmente, en la que se observa que el estado mexicano está perdiendo las batallas y la guerra. Una muestra de ello, es el mantenimiento del estado de terror que se vive en Ciudad Juárez, por no decir que en todo Chihuahua, y en Tamaulipas, a pesar de que están hasta los de la inteligencia gringa tratando de contrarrestarlo. Y eso ocurre en todo el territorio nacional. Pero Calderón Hinojosa se aferra a sus decisiones. No hay alguna carta de pasante o constancia de diplomado de alguna cosa que diga que estudió las ciencias y artes de la estrategia de combate al crimen como para que sostenga que está haciendo lo correcto. Y tampoco mostró, ni se le ha exigido que muestre, un certificado de integridad mental para afirmar que el poder y el dinero aunado al intenso bombardeo de lisonjas y lambisconerías, no lo han sacado de la realidad. Necesitamos saber si todavía sabe que es mortal y que su cargo es pasajero. Con eso de que luego se ven abrumados por los vividores y sierpes palaciegas que han hacho de esa forma de actuar, su forma de vivir que los poderosos pierden piso fácilmente. Otro que deja serias dudas sobre su salud mental, es el obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, cuando declara que es el libertinaje y la liberalidad sexual los que han influido en los curas para que ataquen a los menores de edad que confían en ellos. No es sólo la forma de querer zafarse de sus responsabilidades la que hace que se dude de su lucidez, sino que se entiende que son palabras que resultan de un análisis serio de un problema que ha afectado a miles de personas en el mundo y las pronuncian luego de reflexionar de manera colegiada sobre el tema y, si esas son sus conclusiones, no queda más que declararlos dementes en el mejor de los casos. Son ambos ámbitos, el del poder político y el del clero, que influyen tanto en la vida del país, con personas que piensan así, lo que preocupa demasiado y prende luces de alerta para no permitir que actúen más. No es posible que la demencia emita las formas de proceder en las personas que conforman esas esferas. La sociedad deberá exigir con contundencia la demostración de la integridad sicológica de gobernantes y clérigos por ser actores que marcan los caminos de la actividad de millones de personas. Los muy pocos, los de los poderes fácticos, como los grandes capitalistas y políticos encumbrados, no son influenciados por las decisiones del Gobierno y la Iglesia por eso a ellos no les importa lo que estos hagan o digan; por el contrario, prefieren que las cosas sigan como van hasta ahora porque les conviene si, nada menos, es por esta decadencia de la política y la moral actual que se han ensebado. Y, si ya mostraron lo que son, nos toca la palabra y los hechos.