¿Blasón de orgullo la guerra perdida?
Jorge HIDALGO LUGO
Al inicio de su gestión, cuando incrementó los salarios y prestaciones a las fuerzas armadas del país, el Presidente de México Felipe Calderón Hinojosa, anunció que comenzaría la guerra contra el crimen organizado pronosticando entonces que ésta iba a ser complicada y dejaría muertes, hogares destrozados.
El pronóstico de entonces es la realidad de hoy, pero lejos está la victoria que se anunciara también con lujo de optimismo.
Los resultados que se acumulan semana a semana, mes tras mes, no pueden ser más desalentadores.
Ejecuciones, descabezados, acribillamiento de inocentes y hasta pérdidas involuntarias por encontrarse en el momento y lugar inadecuado, como es el caso de los estudiantes del Tec de Monterrey, por citar el ejemplo más inmediato.
Cifras desalentadoras de muertes y pérdidas humanas del lado de los “buenos” como la familia del marino que murió cuando se masacró al llamado Jefe de Jefes, en Cuernavaca. Como la de Arturop Beltrán Leyva, suman también varias las bajas en el bando de los “malos” pero no son ni con mucho, visos de haber avanzado en el desmembramiento de las bandas criminales.
Por el contrario y para desgracia de la gente de bien, que por fortuna somos más en el país, la proliferación de grupos criminales se ha acentuado y como moderna medusa, se reproducen en decenas por cada uno de los golpes que se les asestan a las bandas de narcodelincuentes.
La buena intención que llevó al Presidente Calderón a arriesgar el todo por el todo al grado de involucrara a las fuerzas armadas en un asunto de estricto carácter policiaco, produce desaliento y marcada zozobra.
Porque si el Ejército y la Marina de México han perdido la guerra contra el crimen organizado, ¿qué puede haber después, qué sigue, a quién encomendar la seguridad de toda una nación inerme y a merced de la creciente espiral de delitos ligados al narcotráfico?
Una tranca muy alta la que puso el Mandatario mexicano y que si bien siempre ha sido aplaudida por la generalidad de la gente -pese a los excesos y arbitrariedades que también han cometido algunos elementos castrenses- hoy esa misma vopx populi, acepta resignada que los “malos” van ganando y que aquí no habrá un final feliz como el que rubrica siempre las películas o novelas de este tipo.
Y aunque nos duela, porque estamos convencidos que no puede declararse un estadio fallido como presea de honor para los capos de la droga, los resultados que arroja la última encuesta realizada por el Gabinete de Comunicación estratégica, nos indica que la gente ya no cree más en sus defensores y por el contrario, con amargura se resignan a aceptar que la derrota está ya encima.
A la pregunta sobre quién consideran que va ganando la guerra contra el crimen organizado, la respuesta fue: El crimen organizado, 59%; el gobierno, 21%. Aquí se debe mencionar que la percepción no varió pues apenas en julio de 2009 la proporción era: crimen organizado, 51%; gobierno, 28%.
Un 89 por ciento de los encuestados afirma que también la violencia ha crecido en el país debido a la guerra que libra el Gobierno Federal contra el crimen organizado.
Otra medición que debe calar hondo en el ánimo del huésped de Los Pinos es que un 50 por ciento de los encuestados considera que el aumento de la violencia obedece a que el crimen organizado está tomando el control de la situación. En contraparte sólo 34 por ciento cree que esto de deba a que el gobierno está combatiendo con mayor fuerza a los criminales.
Pese a la profusa campaña desplegada en medios impresos y electrónicos para hacer una apología de las detenciones de grandes capos, la gente en su inmensa mayoría, 79 por ciento, rechaza que las capturas de los líderes del narco sirvan para acabar con las organizaciones crimi9nales. Aceptan por añadidura que sólo logran dividirlas y de ahí se forman nuevas bandas.
Por si fuera poco 39 por ciento de los entrevistados se pronuncia por aplicar la ley del Talión. El ojo por ojo, diente por diente, a los criminales capturados y que se dejen de patrañas revestidas de juicios conforme a la ley y respeto a los derechos humanos. Vamos, que cuatro de cada 10 exigen que se aplique lo que en el porfiriato: “mátalos en caliente”.
Así las cosas, cuando ha transcurrido la primera mitad del sexenio y comienza la cuenta regresiva, la desolación comienza a permear y aunque no lo deseamos, bien puede ser el momento para que el Presidente Felipe Calderón decida dar un golpe de timón y evitar que al final de la ruta, caiga sobre nuestras fuerzas armadas el desprestigio de no haber podido contra el crimen organizado que se aloja en nuestra casa.
¿Qué podría suceder en caso de librar otro tipo de guerras? Mejor ni pensarlo…
Conago y sus patadas de ahogado
Apenas se daban a conocer las cifras antes referidas en Morelia se efectuaba una reunión más de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) donde se determinó aprobó por unanimidad crear un mando único policial en cada una de las 32 entidades federativas, “que responda en forma más eficaz a los desafíos de la criminalidad”.
Loenel Godoy Rangel, presidente del organismo fungió de anfitrión en esta 38 Reunión Ordinaria de la Conago, donde el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina de la Cruz, consideró que la actual organización de seguridad pública en el país favorece la desarticulación, los esfuerzos inconexos y las respuestas aisladas.
En su papel de coordinador de la Comisión de Seguridad Pública de la Conago planteó que así no se ha podido avanzar: “así ganan terrenos unos cuantos criminales carentes de escrúpulos frente a un pueblo mayoritariamente pacífico y trabajador, por lo que tenemos que cambiar lo que no ha funcionado”.
En su exposición sostuvo que al crimen organizado es preciso oponerle fuerzas de seguridad unificadas y una sociedad comprometida que actúe con cohesión ante los graves y actuales peligros, lo que implica, entre otras cosas, que “rediseñemos de manera integral el modelo policial”.
Por ello, la integración de los cuerpos municipales de cada entidad en uno solo, bajo el mando de la policía estatal, pero atendiendo las particulares jurídicas de cada estado, se convierte en una necesidad imperiosa para atender los delitos del fuero común, planteó.
El mandatario neoleonés propuso a nombre de la Comisión de Seguridad Pública de la Conago que inicien las discusiones necesarias con relación a esta reforma, que considere la participación de los tres órdenes de gobierno y también, presentar una sugerencia al Congreso de la Unión para que, en uso de sus facultades, delibere y resuelva sobre la conveniencia de modificar el articulado constitucional para crear en cada estado una policía única que responda mejor a los desafíos de la criminalidad.
Medina de la Cruz, destacó que la tranquilidad social es un reclamo de la ciudadanía que se ha vuelto permanente ante los altos índices de criminalidad que afectan al país, porque “los delincuentes quieren amedrentarnos a todos, pero no lo lograrán”.
Al margen de la buena intención que no se discute, lo que parecen ignorar los brillantes gobernadores es que no existen recursos humanos confiables con qué conformar esos mandos únicos policiales.
Conocido como es que el crimen organizado ha sometido a base del “plata o plomo” a la mayoría de los elementos policiacos de los diversos niveles, se antoja absurdo creer que sólo con el cambio de denominación, un cuerpo de este tipo sea garante de honestidad y rectitud en el desempeño de sus funciones.
No cabe duda que la propuesta de la Conago viene a semejar como las patadas que da quien está por morir ahogado.
Vale…