PRD Y PAN, amasiato apanicado
Todo comenzó con la repentina decisión que tomó el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont para renunciar a una militancia panista de toda la vida.
Fue el inicio de una serie de acontecimientos desencadenados que giraron y giran en torno al tórrido amasiato -hacen palidecerá a los de Niurka- que escenifica la pareja del momento: César Nava y Jesús Ortega.
Amantes de ocasión que ante el vendaval de críticas que les llueve, poco importa dar marcha atrás en este matrimonio por conveniencia con el que aseguran van a descarrilar al PRI y principalmente a Enrique Peña Nieto, en su carrera presidencial.
Vinieron luego los descobijes.
Una suerte de expiación de culpas en las que el Chico Maravilla del bando albiazul tomó como lance personal y se fue a la yugular de los priístas por enésima ocasión, como si ello le fuera vital para consolidar el concubinato en ciernes, pero sobre todo, obtuviera así aunque fuera un poco de la mucha credibilidad y respeto que han perdido él y el partido que dice representar.
Siguieron los desencuentros hasta llegar a la exigencia de panistas diversos, quién lo dijera, porque Gómez Mont renuncie a la cartera -segunda en importancia hasta hace algunos años en el sistema presidencialista del país- por considerar que su actuación había dejado en calidad de vulnerable al ya de por sí alicaído panismo nacional.
Pero vino lo peor para el hijo del fundador de ese partido.
Surgió la voz del Presidente Felipe Calderón para asegurar que no estaba “enterado” de los enjuagues en que incurrió su Jefe de Gabinete al firmar acuerdos como testigo de honor junto con el pendenciero rebelde en que se ha convertido el Chico Maravilla Nava y la no menos deleznable Beatriz “Huipiles” Paredes.
Entonces sí que se les vino el mundo encima a unos y otros. Mientras que el Jefe del Ejecutivo federal salió por peteneras y con su excusa pública dejó el embrollo a resolver al aún huésped del bunker de Bucareli, los demás caían en un fuego cruzado que llegaría hasta la máxima tribuna del país.
En tanto que a cada oportunidad y sin mediar respeto alguno al promiscuo enlace conyugal que pasean cual pareja incomprendida PAN-PRD ó PRD-PAN, actores de unos y otros partidos sacudían la cada vez más frágil figura presidencial lo que hace estimar que poco muy poco durará la luna de miel a los amantes de ocasión.
Desfile de improperios del bando panista por parte de Vicente Fox, Diego Fernández, Manuel Espino y con menor intensidad del propio Gómez Mont, quien antes de su renuncia dejó entrever el poco ético comportamiento de quienes dirigen al panismo en este momento y de lo cual debe haber acusado recibo su todavía jefe. Lo menos que dijo es que ese amasiato con figura de alianza es “fraudulento”.
El secretario de Gobernación, criticó a “título personal” las alianzas electorales que respondan a un momento de coyuntura y que dejen de lado los programas de gobierno.
“Yo coincido que en términos de coaliciones electorales se debe garantizar un efecto de gobierno... no me parece que de alguna manera se acaben convirtiendo en una especie de fraudes electorales que buscan decisiones sin contenido, o sea bajo la lógica del contrato político”.
Por el bando perredista Cuauhtémoc Cárdenas, se manifestó ”radicalmente en contra de las alianzas” al considerar que ”se están atropellando principios de uno y otro lado”.
Con la claridad que le caracteriza al fundador de eso que queda de partido de izquierda, dijo no compartir muchas de las decisiones que está tomando la dirección del PRD porque ”me parecen contrarias a los principios del partido”, y expresó que con ello se siente más alejado ”ideológica y programáticamente” de quienes encabezan a ese instituto político.
Igual si se considera aún como perredista, Andrés Manuel López Obrador rugió para rechazar esa promiscuidad política, al reconocer que esta acción va en contra de los principios de los partidos que abanderan la ideología de izquierda o se consideran progresistas.
“Con las alianzas pierde identidad el PRD, se entra a un zigzageo político que no tiene por qué darse”, y remató señalando que “no se puede hacer política sin principios”.
Así los escupitajos en pleno rostro estallan sin misericordia en los consortes que con todo y eso, como en las películas de rosado color, tratan de imponer su amor “aunque le pese al mundo” y siguen consolidando alianzas que esperan les den el triunfo electoral que necesitan ambas dirigencias para mantenerse en sus posiciones y no salir defenestrados cuando los resultados de su unión sean peor que un embarazo no deseado.
Serie de desaciertos que dejan un mal sabor de boca, no porque el pleito de poca monta siga su curso, sino porque evidencia un debilitamiento presidencial atroz que deja campo abierto al crimen organizado, pero sobre todo mata la ilusión que alguna vez alentó el cambio democrático pacífico en este país por la ingobernabilidad en que nos encontramos sumidos.
Si el antecesor, a toro pasado, aceptó que “dejaba encargado el changarro” en manos de la tristemente célebre Marta Sahagún, no sabemos ahora qué más habremos de esperar de un presidente que acepta no “saber” lo que hacen su principales colaboradores y dirigente del partido que lo llevó al poder, aunque ambos los haya puesto él.
LOS AMANTES APANICADOS
Del sainete que se escenifica y distrae la atención de nuestros “brillantes” legisladores, la verdad que asoma no es que se quiera actuar a favor del pueblo, ni que haya un sentimiento patriótico de por medio.
Los amantes tienen miedo. Y ese miedo, quizá para la consolidación de su prostituido arrebato carnal, les obliga a actuar con torpeza histórica, con histrionismo arrabalero y conviertan para ello en vodevil de quinta, el salón de pleno en Palacio de San Lázaro.
El Chico Maravilla Nava enojado por no haber obtenido permiso para ausentarse e ir a la luna de miel, del brazo y por la calle, con su consorte Jesús Ortega como pretendía, buscó revancha y llevó el pleito que libra con los priístas hasta la máxima tribuna.
Lo menos que le dijeron fue “alcohólico”, “gey”, “mentiroso” -con todo y figura de Pinocho incluída-, “poco hombre y hasta “pelele”, luego de que alborotara una vez más la gallera al retar a Paredes Rangel y a Enrique Peña Nieto a debatir públicamente sobre el acuerdo signado.
Sin comprobar nunca –quizá porque no tiene elementos probatorios a la mano- que dicho documento se firmó con el compromiso del PAN para no ir en alianza con el PRD a cambio de que el PRI votara a favor del paquete fiscal como lo presentó originalmente Felipe Calderón, el príncipe azul de Jesús Ortega llegó al extremo de solicitar que la “Huipiles” Paredes y él se sometan al polígrafo con tal de que el pueblo de México sepa quién dice la verdad.
Los priístas que de esto saben un rato, aceptaron el reto pero además pidieron que por igual el Presidente Calderón lo hiciera. Ahí fue donde la puerca torció el rabo por lo que el recule estuvo a la orden del día y cada cual se fue con su carga de odio y resentimiento a otra parte, velando armas en espera de una nueva batalla de lodo.
Al cierre de esta edición no se sabía -para quién dude de lo escrito aquí puede consultar el diario de debates de la sesión que seguimos con sumo interés a través del Canal del Congreso- si prosperó o no el reto pero mucho dudamos que estemos ya tan cerca de la debacle presidencial como para presenciar a Calderón sometido al detector de mentiras para no dejar mal parado al pendenciero rebelde que puso como presidente del panismo nacional.
Ese debate, dicho sea de paso, desde el bando panista pobre y con pocos tribunos a utilizar, se centró única y exclusivamente en lanzar toda clase de artillería en contra de Enrique Peña Nieto.
La razón, más allá de los convenios vergonzosos, no tiene vuelta de hoja.
Apenas horas antes los resultados de la encuesta realizada por Roy Campos, de Consulta Mitofsky -con todo y que la polémica por sacar a la luz pública el acuerdo referido fue del propio gobernador del Estado de México- colocó a Enrique Peña Nieta con una delantera que se antoja insalvable en su camino hacia Los Pinos.
A 28 meses de las elecciones para el relevo presidencial, 51 por ciento de la gente acepta que peña Nieto va a ganar los comicios. Hace 6 años López Obrador alcanzaba 36.8 de las preferencias.
El mismo sondeo de opinión de Roy Campos arrojó que el mexiquense lleva una delantera nunca vista desde que estas mediciones hicieron su aparición en la vida política nacional.
Contra todos los pronósticos, la ventaja que lleva el principal blanco de ataques del matrimonio contra natura es histórico como abrumador: 51 por ciento de los encuestados dice que el PRI va a ganar las elecciones y que Peña va a ser el próximo Presidente de México con 53 puntos contra 14 de Santiago Creel y otros 14 de Andrés Manuel López Obrador. Josefina Vázquez Mota y Marcelo Ebrard figuran aún más distantes.
Por eso es entendible lo que acontece y seguirá pasando. Los consortes despreciados PAN-PRD o PRD-PAN irán en búsqueda de agotar todas las posibilidades para frenar a Peña Nieto con la bendición de Los Pinos y lo que queda de lo que algunos presumen como la mejor opción que tiene la izquierda mexicana.
En tanto, parodiando al Pejidente Legítimo, el país que se vaya “al diablo” y los temas torales se estanquen entre arrebatos carnales y revanchas pasionales, todo con tal que alguien alivie el furor que sufren hoy los protagonistas de este amasiato apanicado.
Vale…