La ceniza y las reformas/Mateo Calvillo Paz

10:57:45 18-02-2010

Mateo Calvillo Paz / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



No es posible salir de las crisis, corrupción, pasión de riquezas, soberbia, injusticia, complicidad con los asesinos, ladrones y mentirosos sin hombres renovados, primero hay que reformar al hombre. Vemos que es tan difícil que pasen las reformas del Presidente Calderón, pues más difícil que la persona se reforme superando su individualismo y pecado. Hay tiempos privilegiados para la renovación del hombre. Para los católicos y todos los que quieren renovarse interiormente, el tiempo de cuaresma que inicia con el rito de la ceniza es uno de ellos. Hay signos que manifiestan el deseo de renovarse, como la práctica del miércoles de ceniza. En todo el año, es el día en que más creyentes acuden a las iglesias durante todo el día a tomar ceniza. La ceniza es un signo muy arraigado en nuestras culturas, la católica occidental y la indígena mesoamericana. Los signos pueden vaciarse de su riqueza simbólica y no significar nada, así muchos regalos del día del amor que no nacen del amor sino de la rutina, el interés comercial, la ceniza sin una actitud interior que compromete la vida. La ceniza es signo de una disposición interior, de una actitud religiosa. Es la escucha del llamado íntimo y personal, es ponerse en la misma frecuencia que el Padre Dios que llama para una comunicación de palabras y de vida. El que toma ceniza hace un alto en su vida para hacer presente a Dios, escucharlo, obedecerlo. Los hombres encuentran un Dios de vida nueva con quien todas las conquistas son posibles, la sociedad ideal es posible, la vida plena en la seguridad y la justicia y la abundancia de bienes es posible. Dios invita a una vida plena, sin crisis, digna y feliz. Después del desierto de las renuncias, los esfuerzos por cambiar, espera la patria prometida de progreso, bienestar y riqueza, sin crisis ni sufrimientos que todos queremos construir. Dios ofrece una felicidad superior a la que ofrecen los hombres, concretamente los líderes de la tierra y los que mandan, trascendente, pura, definitiva: “bienaventurados los pobres, los afligidos, los que tienen hambre” (Evangelio de Mateo 5,). En la ceniza y en la palabra que la acompaña, a través de todos los signos, Dios se manifiesta y hace una invitación: “arrepiéntete y cree en el Evangelio”. La ceniza es el signo de que el hombre acepta su pequeñez y miseria, reconoce que se brinca la ley y la pisotea. Peca y de esta manera hace daño a los demás con las actitudes de corrupción, fraude, mentira, complicidad con el mal, engaño, vanidad, soberbia, injusticia. Se escucha un llamado divino al cambio para salir de la situación de pecado que genera desgracia y sufrimiento para el hermano y la sociedad: arrepiéntete. Es la invitación al reconocimiento de la propia culpa de la que ninguna criatura humana está exenta. Quienes se creen perfectos, que todo lo hacen bien, que sólo tienen trabajos cumplidos son ciegos que no quieren ver. Es la invitación al cambio, a vencer la soberbia y la prepotencia, las pulsiones de muerte, las bajas pasiones, la complicidad con el crimen, la injusticia, eso significa creer en el evangelio. Arrepiéntete, es el llamado al cambio de mentalidad y de afectividad, hay que renovar nuestras ideas en material de moral. Hay que renovar el corazón renunciando a los afecciones de pecado y vicios practicando las virtudes que llevan a los más recto y noble, al verdadero amor que busca el bien de los demás, a la excelencia. Antes que las reformas políticas, hay que renovar las estructuras de la sociedad quitando las estructuras que generan pecado y muerte, hay que renovar al individuo, a la persona humana. La ceniza es un gesto íntimamente humano y divino de esta renovación, nos impulsa a vencer la corrupción, el crimen, el pecado, a salir de las crisis, un subsidio religioso en la búsqueda de reforma de vida personal y de la convivencia humana. Una realidad se nos olvida, las reformas sociales y políticas que queremos exigen hombres reformados. La reforma fundamental, que está en nuestras manos, empieza por nosotros mismos. Es el primer paso que tenemos que dar para tener las reformas sociales y salir por fin de rezago y miserias de nuestro querido México.