* EL CASO CABAÑAS ¿A QUIÉN CULPAR?
* LA VIOLENCIA IRRACIONAL NO PARA
La lamentable agresión contra el futbolista paraguayo Salvador Cabañas, figura central del club América -y notable delantero en el equipo Jaguares de Chiapas-, y además seleccionado nacional de su país, ha generado un amplio debate sobre la corrupción endémica que afecta a todas las esferas en nuestro país.
Indudablemente, quizá si en el exclusivo Bar Bar, frecuentado por ricos y famosos, el cierre se hubiera respetado y no se hubiera permitido el ingreso de armas, no hubiera nunca pasado lo que ocurrió o el incidente se hubiera reducido a un pleito entre un par de borrachos sin mayores consecuencia que un ojo morado o alguna quijada rota.
Es indudable, como afirman algunos comentaristas, que el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que tan duro crítico ha sido contra la corrupción de las administraciones del PRI, no ha podido eliminar las prácticas ilegales del cochupo y la extorsión y mucho menos poner a raya a los dueños de antros y bares de la capital.
Los sitios de recreación nocturna en la ciudad que gobierna el PRD desde 1997, siguen rigiéndose bajo el imperio de la discrecionalidad y el valemadrismo. Los propietarios saben la fórmula para continuar operando bajo sus propias normas. Sólo basta con “aceitar la maquinaria burocrática”, lo que en buen castellano implica pagar buenas mordidas a inspectores y verificadores para que los dejen en paz.
De este modo, pueden cerrar a la hora que se les dé la gana, dejar a los parroquianos ingresar con armas e incluso permitir la venta de drogas dentro de los establecimientos mercantiles.
La historia de Cabañas es sin duda muy deplorable pero no la única. El goleador paraguayo saltó a las páginas de la prensa por su alto perfil. Se trata de una figura destacada del fútbol. Se dirá que estuvo en el momento y lugar equivocado. Sin duda hay mucho de circunstancial en la agresión que sufrió.
Nadie podía anticipar que por un simple pleito de cantina, donde un aficionado le reclamó por su mal desempeño se iba a desencadenar toda una serie de acontecimientos que mantuvieron al borde de la muerte a este admirable deportista y en fuga a un delincuente del que se sospecha está vinculado con el crimen organizado.
Es verdad que hay muchos cabos sueltos y todavía no está claro ni que Cabañas realmente haya sido baleado por un pleito donde se mezcló el machismo con la estupidez. Tampoco que el verdadero autor, el denominado “JJ”, José Jorge Balderas Garza, poseedor de 7 identidades distintas y cuyo verdadero nombre se desconoce, lleve colgados todos los sambenitos que se le endilgaron.
Se sospecha que es un delincuente de altos vuelos, pero aún no se prueba todo lo que se ha especulado, que está vinculado con “la Barbie”, que controlaba el narcomenudeo en todos los antros de la capital, e incluso que realmente sea el padre de la actriz Silvia Irabién “La Chiva”.
Ahora, después del niño ahogado, las autoridades decidieron tapar el pozo, es decir, verificar a fondo el funcionamiento de los antros de la ciudad. Será por corto plazo. Seguramente dentro de un par de meses, cuando este asunto esté ya olvidado, los propietarios de los night clubs de la capital volverán a funcionar con la misma comodidad y libertad con que lo hacían antes del ataque a Cabañas.
Lo que indudablemente es importante destacar es que, quizá si bien las autoridades no son responsables directamente de este hecho -por cuanto aún existiendo un reglamento se permitió a un parroquiano distinguido de un bar ingresar armado, sin revisarlo-, alguna medida habrá de tomarse para evitar que se repitan nuevos casos Cabañas.
El gobierno de la ciudad de México ha adoptado diversas medidas para evitar que la sangre corra por las calles de la ciudad de México en horas de la noche. Un ejemplo de ello es el alcoholímetro, medida por la cual muchos padres de familia están realmente satisfechos porque les permite gozar de mayor tranquilidad cuando sus hijos adolescentes salen a divertirse en horas que suelen ser propicias para la fatalidad.
La gran pregunta es si en la Ciudad de México -donde hay un ojo vigilante de la ciudadanía muy activo para denunciar las lacras y corruptelas-, autoridades, comerciantes y propietarios llegan pasarse la ley por el arco del triunfo, qué ocurrirá en otras localidades más pequeñas de nuestro país, donde el gobierno es más complaciente para poner en cintura a algunos empresarios del sector.
Los gobiernos de los estados harían bien en mirarse en el espejo del caso Cabañas para evitar que se susciten casos como estos que lastiman a la sociedad, aunque no acaparen tanto los reflectores cuando se trata de un futbolista famoso o de una figura célebre.
Sobre todo, son las autoridades municipales las obligadas a revisar sus reglamentos, aplicar la ley escrupulosamente y tratar de evitar que una riña de cantina se convierta después en un asunto de dimensión nacional que ponga en evidencia su mala gestión.
LOS HORARIOS “AFTER HOURS” POSIBILITAN INCIDENTES
Las normas que obligan a cerrar a las 3 de la mañana y que prohíben el funcionamiento de antros llamados “after hours” parecieran excesivas. Se suele decir que lo mismo da si a uno lo matan a la 1 que las 5. Sin embargo, tienen su razón de ser, porque cuando se permite seguir ingiriendo bebidas alcohólicas en horarios extendidos las posibilidades de que ocurran incidentes lamentables se multiplican exponencialmente.
Por fortuna, Salvador Cabañas, un futbolista que es respetado por propios y extraños, a quien muchos mexicanos envidian -porque goleadores de su categoría son seres extremadamente raros por estos lares-, parece hasta ahora haberla librado.
Después de varios días en que mantuvo en vilo a la afición, logró despertar del coma inducido al que fue sometido, ya se expresa verbalmente y se alimenta por la vía oral. Por desgracia, aún hay dudas sobre si recuperará por completo sus funciones vitales y mayores reservas en torno a si logrará regresar a las canchas.
Sin embargo, Cabañas es un “garbanzo de a libra” en los anales médicos. En realidad, la mayoría de quienes reciben un balazo en la cabeza no viven para contarlo. Y mucho más raro es que se recuperen, ya sea parcial o totalmente.
Por esa circunstancia, es importante que las autoridades locales en todo el país apliquen la ley para que no se repitan hechos similares.
Un hecho aparte será si la Procuraduría de Justicia con el apoyo de la Federal logrará la detención del responsable. En un país donde la impunidad es la regla y no la excepción, la detención del “JJ” se antoja complicada, sobre todo si es verdad que está vinculado con pájaros de cuenta del crimen organizado.
Hay que recordar que el gobierno federal todavía no ha podido recapturar al “enemigo público número uno”, que es el jefe del cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien se evadió de la prisión de alta seguridad de Puente Grande en el estado de Jalisco en enero de 2001, cuando Vicente Fox acababa de inaugurar la alternancia.
Vivimos en el peor de los mundos. Las autoridades son incapaces de impedir la aplicación de normas mínimas en establecimientos comerciales que derivan en hechos como el de Cabañas, lamentables aunque ciertamente incidentales y provocados por el exceso de alcohol y quizá de drogas.
Y al mismo tiempo -cuando ha ocurrido una lamentable desgracia como el disparo en la cabeza al jugador-, tampoco cuenta el gobierno ni las policías con los medios suficientes para capturar a los responsables de hechos delictivos, que luego quedan en la impunidad y mueven a otras personas a actuar ilegalmente sabiendo que será extremadamente raro que puedan ser castigados.
Pobre México, tan lejos de la ley y tan cerca de la anarquía. Ya no es sólo un asunto de legislación, sino de funcionalidad y operatividad.
En este campo, el de la justicia y el derecho, como en muchos otros, seguimos siendo un país atrasado que nos condena a veces a apelar a la justicia por mano propia, que se caracteriza precisamente por sus excesos y su barbarie. No somos un Estado fallido quizá, pero parte de nuestro engranaje sí registra lamentables anomalías.
GRANOS DE CAFÉ
Hoy el silencio que por décadas ha reinado en Ciudad Juárez tornó en alarido, en grito estremecedor, en condena, en un “yo acuso” de los padres de los jóvenes victimados por un comando cuyo origen aún se desconoce.
Al dolor por la pérdida de sus hijos, se suma la impotencia frente a la impunidad de los agresores y la indolencia de las autoridades, a las que en vano claman justicia.
Muchos coinciden en que 5 de las víctimas son o eran deportistas. Misael Beltrán y Alan Borunda aún permanecen internados; Raúl Parra está estable, mientras que Rodrigo Cadena murió en el ataque. Juan Carlos Medrano falleció la madrugada del lunes. Estos alumnos del CBTIS 128, al parecer eran integrantes del equipo campeón de futbol americano. Muchos yacen en sus féretros y otros se debaten entre la vida y la muerte.
Mientras, las autoridades guardan silencio, el mismo que ha prevalecido aún frente a la condena internacional por las muertas de Juárez o ante asesinatos múltiples como los 2 ocurridos en Centros de Rehabilitación para drogadictos en el mismo Juárez, la ciudad más violenta del mundo.
El hecho, doblemente preocupante por el desconocimiento de los móviles, parece estar destinado a engrosar los expedientes criminales sin resolver. La pregunta es ¿hasta cuándo va a parar este baño de sangre?...
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