Rivales en yunta.
Por más que se esfuerce el Gobierno por tratar de hacer creer en la población que los personajes que lo conforman son parte del mismo pueblo, no lo logrará por la serie de abusos y cinismos que comenten a diario empezando por el Presidente de la República.
¿Qué se puede esperar de un gobernante que tuvo que hacer compromisos inconfesables con el Partido Revolucionario Institucional para poder tomar posesión del cargo en el Congreso de la Unión y no apoyado en el voto mayoritario como debió haber sido?
Lejos de ser el protagonista de los cambios que la sociedad mexicana ha reclamado desde hace décadas, el actual Presidente se ha dedicado a hacer los gastos más significativos en una lucha contra la delincuencia organizada que el pueblo no ve como propia, que siente como una cuestión sólo del Presidente y de su equipo o de los intereses que protege. No cumplió con la promesa de crear empleos y buenos salarios que tanto pregonó y que, por lo importante que resulta esto para la población, fue lo que le sumó votos en la elección de 2006. Pero no hubo tal compromiso con su lema “Presidente del empleo”.
La gran mayoría de los mexicanos conmemorará en este año -como cada año, por cierto, porque no hay expectativa mayor- lo que pudo haber sido el sueño de los que nos dieron independencia y justicia social con la ofrenda de sus vidas pero que no ha sido realizado.
Los detentantes del poder, no son ni serán solidarios con el pueblo. Contribuyen a la ilegalidad, la inmoralidad y la corrupción y la fomentan cada día. Con el pretexto de andar trabajando por el pueblo, se dan la vida de reyes que añoran ser. Aprovechan cada acción para cobrar por ella como si hubiese sido la salvación de la patria. Sus procederes se parecen más al súper hombre que perdona a los mortales y les hace el favor de convivir un poco con ellos y les permite verlo de vez en cuando hay algún acto público que no le signifique tener que hablar con gente ni responder preguntas fastidiosas.
El comportamiento de los poderosos fortalece la idea del desquite: cuando yo llegue al poder también me saciaré como lo hacen los que están ahorita, pero no les daré oportunidad a ninguno que no sea de los míos para que ingrese al presupuesto. También la idea de no buscar la corrección de nada porque el pueblo aguanta todo; se queja pero no pasa de ahí.
El enriquecimiento de los amigos del poderoso y la impunidad del que comete algún delito, dan el ejemplo para que los que aspiran a llegar al poder lo hagan sólo con la idea de llenarse las alforjas de billetes y propiedades y luego salir huyendo con la seguridad de que no pasará nada más allá de las eternas mentadas de madre que se llevarán cuando se mencione sus nombres.
Como los que se adueñan de los partidos políticos han salido del pueblo, aunque luego se olviden de eso, saben perfectamente lo que es vivir y pensar como pueblo y, desde luego, también saben que, cuando se sabe de algún tejemaneje de los políticos, no pasa nada más allá de una semana de chisme en los medios y luego se olvida.
Es revelador lo que ocurre ahora entre partidos políticos que hace unos cuantos meses se reconocían como contrarios completos, ahora estén en reuniones ya descaradas para aliarse en busca de quitarle el poder a otro partido: PRD y PAN se toman de la mano para sacar del poder al PRI en algunos estados con la explicación de que se trata de liberar a los pueblos del dominio tricolor que los asfixia.
La explicación de tal amancebamiento da con el rupestre propósito de llegar al poder a como de lugar, sin ser cierto que se trata de la emancipación de nada ni de nadie.
La población entonces, interpreta la condición del político como el del vividor y abusivo, con nada de credibilidad y sí con muchas malas intenciones y poco interés por el pueblo que dicen querer y defender con la preocupación de que siempre se tenga avance, progreso y beneficio colectivo.
Los conceptos y la idea de los héroes nacionales y sus acciones para ellos y las siguientes generaciones carece de sentido para los que ahora pretenden apropiarse de estas conmemoraciones y lo demuestran día con día. Gobierno y pueblo ven la misma cosa pero con muy diferentes percepciones, por lo que uno se cebará aún más en comilonas y brindis de festejo y el otro se fortalecerá en la conciencia de clase y en la necesidad de la organización para que no sigamos por el despeñadero al que nos empujan los gobernantes y políticos de todos los colores que, ahora, también se quieren adueñar de nuestra historia.