Ayer, 19 de enero, el ISSSTE cumplió 50 años de existencia. Y lo más destacado de la celebración de aniversario fue la embarrada de pastel que al grito de ¡mordida, mordida! le dio Felipe Calderón al director del ISSSTE, el preclaro Miguel Ángel Yunes Linares. Uno podría haber esperado de tan bonita concurrencia, todos uniformaditos con albas camisas y finas corbatas de seda azul cielo (o rebozo del mismo color para las damas), que informaran acerca de la recuperación financiera del Instituto, de nuevas unidades hospitalarias, de la disponibilidad de medicinas, de mejoría en los servicios, de cuestiones, en fin, favorables para los derechohabientes. Pero no, lo relevante es que el señor presidente estaba de buen humor (contradiciendo lo que se dice de él en los últimos tiempos) y aprovechando el buen ánimo de autoridades e invitados, se dio el tiempo de mostrar que también es proclive al relajo y sabiendo que su gracejada no tendría ninguna consecuencia (pues a ver quién se atreve a reclamarle) le dio su empujón a Yunes, a quién no le quedó más remedio que reírse y tratar de culpar a otro muy sonriente miembro del gabinete, el aguerrido Javier Lozano Alarcón.
Desde luego no se trata de ponerse de amargado y criticar a quienes se divierten de manera tan sana. Lo que sí me gustaría es tratar de desentrañar el motivo de tanta alegría. ¿Será que tan distinguido cónclave realmente festejaba los 50 años del ISSSTE? Este evento que congregó a panistas de prosapia como el propio Calderón y su esposa, con ex priistas tan deleznables como Yunes y Lozano, ¿realmente celebraba las cinco décadas de vida de una institución creada por los gobiernos de la Revolución?, ¿en serio creerá alguien que una institución propia del Estado benefactor será motivo de festejo por quienes siempre se han opuesto a la intervención del Estado en casi todos los ámbitos de la economía y de la sociedad? ¿o sería acaso un espaldarazo sui generis a la candidatura de Yunes por el PAN para el gobierno de Veracruz? ¿o estarían festejando los éxitos de nuestra cancillería en Haití? ¿o el inicio de la recuperación económica? ¿o el mito genial de la cuesta de enero?
La neta, declaro mi incapacidad para entender el motivo de tanta alegría. Espero que alguien me ayude a despejar la incógnita.