2010, año de festejos/Ana Brasilia Espino

13:29:20 20-01-2010

Ana Brasilia Espino Sandoval / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Este recién iniciado año 2010, es de festejos y celebraciones en la República Mexicana ya que hablamos del centenario y del bicentenario de la revolución y la independencia, respectivamente. Hay voces que recurrentemente señalan que en México los movimientos sociales transformadores se presentan en periodos de cien años, aludiendo a que en este que cursamos, se podrían presentar nuevamente movimientos que pudieran cambiar el estado actual de cosas en el país. Quienes comentan esta posibilidad se apoyan en los sucesos que acontecen en el territorio nacional, desde luego los relativos a las manifestaciones sociales de inconformidad con la situación económica que se padece y que a un gran número de mexicanos los tiene en situación de pobreza y pobreza extrema, elementos más que suficientes para generar inestabilidad; también aluden a los actos de rebeldía de sectores organizados del país tanto en el campo como en la ciudad; afirman que por movimientos sindicales como el del SME puede desatarse una revuelta social. Otros aspectos de los que toman base para presagiar rebelión social es la lucha que se libra por parte del Gobierno federal con el narcotráfico, que puede ser aprovechada por los grupos apartados del la ley para crear una situación de rebelión en contra del Estado con tal de generar condiciones propicias para el desarrollo de sus actividades. Día con día los medios de comunicación nos informan de un sinnúmero de acontecimientos que trastocan el orden social y retan al Estado mexicano a emplear su fuerza y sus recursos a fin de evitar el acumulamiento de la tensión social. Sin embargo, de manera lamentable, la disparidad entre los diferentes estratos sociales se hace cada día más amplia. Ricos cada día más ricos y menos en total; los pobres cada día mas numerosos y cada día mas pobres; la clase media cada vez mas debilitada y menos numerosa. Contra esta distancia social no hay recurso público que alcance. México, el país más golpeado de América por la crisis económica mundial de la que, a pesar de los discursos oficiales, no se ve que en este año pueda salir adelante como el resto de los países. Las cifras macroeconómicas chocan con la realidad. Los precios de todo están por las nubes, el empleo escaso y la demanda en aumento. Con este panorama es difícil no escuchar voces que anuncian tormentas, las que desde luego no sólo no deseamos, sino que además no convienen, porque una alteración en el curso normal del desarrollo de un país lo trastoca, lo dificulta, lo retarda y lo debilita. Pero para que esto no suceda se requiere de voluntad y esfuerzo principalmente del Gobierno, a de todos los niveles. Debe haber un acuerdo entre todos los actores sociales y políticos que evite de entrada la confrontación entre los mexicanos, por ello es sustancial replantear la estrategia de la lucha contra el narcotráfico. Es urgente detener la caída del poder adquisitivo de la moneda. No se debe financiar el gasto público únicamente con impuestos. Se debe atender prioritariamente al campo y a la actividad económica media, que son las que hacen subsistir a millones de mexicanos. Los grandes capitales importan mucho pero no atienden a la mayoría. El gobierno por si solo no genera empleos, salvo los que se ocupan para la elaboración de la obra pública, pero siempre serán eventuales. El gobierno si pone las condiciones para que se generen los empleos que la iniciativa privada crea de manera permanente llámese agrícola, industrial o de servicios. La base de la conformidad social son la economía y la educación. El gobierno debe dar certeza para la primera y rectoría a la segunda. La única forma que tienen un gran número de mexicanos para no ingresar a las filas de la delincuencia es que existan suficientes empleos estables y bien remunerados. Muchos, de nuestros compatriotas que deciden ingresar al ejercicio de actividades ilícitas lo hacen por necesidad; el gobierno debe darles oportunidades. Nadie quiere una revolución, pero todos estamos obligados a contribuir a que no suceda, de lo contrario quienes afirman que México es cíclico en su historia tendrán razón y perderemos mucho de lo que hasta hoy hemos ganado.