¿Tiene salida la crisis?/Mateo Calvillo Paz

11:27:52 13-01-2010

Mateo Calvillo Paz / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Amigos lectores, lectrices, ¿qué piensan, las clases dirigentes velan por el interés de todos los mexicanos o sólo por el de los suyos y por sus negocios? El ciudadano normal, común y corriente busca la salida a la cascada de crisis que nos tienen a la zaga entre todos los países, emergentes, latinoamericanos, del mundo. No hallamos la salida. También el mexicano de la clase dirigente que busca realmente el Bien Común de la nación, -debe existir-, le busca, se rompe la cabeza y no encuentra la salida real que dé frutos de avance y progreso. La fe de Jesucristo que comparte la inmensa mayoría de los mexicanos tiene la sabiduría, los principios y valores inconmovibles para encontrar el mal y sus raíces y la salida a tiempos de más tranquilidad, de seguridad, progreso y bienestar, que tanto deseamos. La razón es que ama tiernamente al hombre tan pobre, desamparado, tan aturdido a veces, finito, tan limitado. Dios se empeña en buscar su bien, darle su vida plena y el cumplimiento definitivo de sus sueños. De ninguna manera está celoso del hombre y quiere aplastarlo, como sienten los creyentes de un laicismo mal entendido, al contrario, busca su grandeza y su felicidad. Todos los días escuchamos noticias tristes: México campeón en corrupción, crímenes, fraudes, ahora hasta en obesidad; pero México a la cola o casi de todos los países en competitividad, progreso, educación, etc. Cuando la persona no se guía por los principios absolutos, que la religión siempre promueve, cuando no sirve al primer valor, la dignidad integral de la persona humano y no busca el primer valor, el Bien Común, busca favorecer sólo a los suyos, de su grupo o su partido. Pierde el sentido de autocrítica y de perspectiva y echa la culpa a los demás. Los partidos de oposición echan la culpa al Presidente, al partido gobernante, no ejercen la autocrítica. Hemos escuchado en los noticieros, hasta la sociedad, que la causa del rezago de México tiene su origen en la falta de reformas de fondo. Las reformas que se han dado son coyunturales, sin asumir los problemas, sin resolverlos. Los legisladores son los que han tenido la última palabra para sacar esas reformas y no lo han hecho, nos tienen esperando. Muchos de ellos, nuestros representantes que elegimos han mostrado tener la solución de los problemas de desarrollo y bienestar, pero únicamente para los suyos, los de su partido. Así hay que entender su discurso decidido y agresivo. A los mexicanos del común ya nos urge formarnos sentido crítico para discernir las intenciones de los dirigentes sociales y valorar sus iniciativas y hechos, para exigir el trato debido a ciudadanos maduros y dignos. La salida de nuestros problemas existe, como lo han mostrado otros países con menos riquezas que el nuestro, para encontrarla, no podemos ignorar, por soberbia o ignorancia, el aporte de la sabiduría milenaria, en el caso de la Iglesia Católica, que tiene la revelación de Jesucristo, el maestro más sabio de todos los tiempos, poseedor de una visión más profunda y más alta del hombre y su destino y los principios y valores que lo empujan al desarrollo integral y auténtico y a la paz. Sus principios están a favor del hombre, sin esperar nada a cambio, fielmente y nos permiten aclarar qué queremos y a dónde vamos. Nos dan el camino y la motivación para ir más allá de las ventajas facciosas de un grupo, para renunciar al capital político y buscar el bien de todos los mexicanos. Nos enseña el amor al hermano que nos hace dejarlo todo, renunciar al poder, morir políticamente para dar vida plena a la gran familia mexicana. Nadie mayor amor a sus amigos que el que da la vida por ellos. Y los ciudadanos del Demos, del México democrático, los que impulsamos la marcha de México, ¿qué tenemos que hacer para encontrar la salida de tantos males de los que renegamos en la familia o con los amigos cercanos?