¿Quién ama a los pobres? / Mateo Calvillo Paz

10:54:12 07-01-2010

Mateo Calvillo Paz / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Experiencia de sembrar La Mesa, no quedó ninguna ganancia en la única cosecha del año. Sentimiento de frustración por la injusticia. Nosotros somos profesionistas y tenemos otros apoyos, y tratamos de imaginar lo que sienten los campesinos que sólo tienen sus cosechas, su autoestima abofeteada y derribada en la lona. Comprendemos su sentimiento de rebeldía contra una sociedad ingrata e inmoral y su predisposición para la subversión. Es una muestra de la brecha escandalosa e injusta que separa a los que acaparan riqueza, productores y comerciantes que fijan el precio a sus productos, políticos que ganan cientos de miles de pesos. Estos son unos cuantos, los pobres son millones, la inmensa mayoría del pueblo. Aquéllos ignoran la injusticia, éstos están como anestesiados, alienados, son fatalistas. ¿Qué pasa? Es el grito de personas que tienen conciencia de la situación y sienten indignación. Hemos perdido la sensibilidad humana y la conciencia que nos distingue de los brutos. El hombre ha avanzado en conocimientos y técnicas pero en el progreso moral, integral del hombre. Un profeta de los tiempos ultramodernos, del nuevo milenio afirma que el hombre prescinde de Dios, en su lugar pone su soberbia egoísmo, no lo guía su conciencia sino su conveniencia. Pone la afirmación del yo sobre toda realidad, su razón autónoma es decir sin ley, la razón es el yo. Eso lo lleva a una lucha despiadada, sin solidaridad, sin amor, capaz de matar a las multitudes de hermanos de hambre y desesperanza. Los aprovechados viven sin razones últimas, sin sentido. Se quedan sin nada, devastan la ética y la moral, flota en el vacío. No puede borrarse el rostro de Dios, es de vital importancia para los pobres, un Dios amoroso y sabio que tiene proyectos superiores, que tiene un destino último para los pobres, que tiene su complacencia entre los pobres que les promete el Reino, la paz interior, la seguridad y esperanza en esta vida y después la herencia eterna, más preciosa que las mansiones de los fraccionamientos exclusivos. Bienaventurados los pobres porque de ellos es el Reino de los Cielos. La Palabra de Dios no decepciona.