“El falso debate de mi Iglesia”
Celaya, Guanajuato, 3 de enero del 2010
Si algo llama mi atención, es como la gente que se dice inteligente se enreda en tonterías.
R- Auuu. No debería llamar tu atención la estulticia humana, mi Santias; nomás de escucharlos decir que están hechos a imagen y semejanza del Creador, entiende uno que son una raza sin remedio e intrínsecamente estúpida, ya me imagino a diosito igualito a “Juanito” o a René Bejarano y como que se me acaba la devoción.
S- Eso me encabrita de ti, mi Rufo, nomás ves burro y se te antoja viaje, no dejas pasar una sin buscar como distorsionar las cosas y denigrar a los humanos.
R- Guarf, guarf, guarf ¿Cómo si necesitaran de ayuda para denigrarse?, ¿a poco de verdad el Creador es como el mentiroso y convenenciero de Santiago Creel?... ¿O como el fanfarrón de Fox?… ¿O como la incongruente de Featriz Paredes, quien dice defender las causas de las mujeres y se calla cuando los oscurantistas las quieren en la cárcel?… ¡Para nada!, mi Santias, no me cargues muertitos, Uds. no necesitan ayuda, solitos se dan en la torre; cosa de leer los periódicos cualquier día, para darse cuenta que el peor enemigo del hombre es el hombre mismo.
S- Prefiero dejar de lado esta discusión insulsa y sin sentido, para entrar en el tema de hoy, perro argüendero.
R- Grrr, ahora me vas a achacar a mí el mote de argüendero, cuando son lo panuchos y los curas oscurantistas (los mismo que encubrían a Marcial Maciel) los que anda de metiches armando bronca por los “matrimonios” (entre comillas) de chicos y chicas gay. A esos meones de agua bendita (Germán dixit) hasta lo que no comen les hace daño.
R- Y sí, yo todavía no entiendo en que les afecta que dos homosexuales quieran unir sus colitas ante la ley, como tampoco entiendo en que les afecta que esa unión se llame “unión de convivencia” o “matrimonio”; el nombre nada cambia, ni afecta a terceros.
S- Precisamente ese es el tema de hoy, perro adivino: El cómo se enfrasca mi Iglesia en debates sin sentido que dividen a la sociedad, en lugar de predicar el amor y la aceptación que nos enseñó el Maestro.
R- Guau, mi Santias, ese es un buen tema y aplica a eso de “penalizar el aborto”; Jesusito dijo: “mi reino no es de esta mundo”, ¿entonces?, ¿qué pitos tiene que ver la Iglesia en la legislación para penalizar o no penalizar el aborto?
S- Ese es el punto, mi Rufo. Quién es católico sabe que la posición religiosa (al margen de la ciencia), es la de que la concepción da inicio a la vida, da vida a un ser humano. También los católicos sabemos que tenemos la libertad para obrar bien o mal, como sabemos que matar es obrar mal. Siendo así, con leyes o sin leyes, los católicos sabemos que el abortar es pecado y consecuentemente está prohibido. Una vez clarificado esto, es prácticamente imposible que una mujer católica aborte,… a menos que lo de ser católico sea una postura, una faramalla, una pose o puro show. Y es ahí donde está el quid, la Iglesia Católica y mochos que le acompañan, ante la falta de convicción y compromiso de sus creyentes, buscan que el poder civil les haga la chamba y penalice a quienes actúan en contra de sus convicciones, es decir, pugna porque el gobierno castigue a las mujeres católicas que no obedecen sus designios, en lugar de trabajar en la construcción de buenos católicos que por convicción no pequen.
R- Grrr, olvidando que es el mismito Creador que predican, quien finalmente juzga y castiga a sus hijos si estos actúan mal.
S- Ahí está la trampa en la que ha caído mi Iglesia, mi Rufo, la incongruencia. Al pugnar por el castigo terrenal, quita al católico el derecho a decidir que el mismito Dios otorgó al dejarnos el libre albedrío. Es decir, al pedir leyes que castiguen cuestiones morales, se descalifica sola y de pasada descalifica al que adoran como juez supremo, descalifican al mismito Dios.
R- Auuu, ya que hablas de justicia y no dañar a terceros, deja y te comparto lo escrito por Francisco Javier Acuña en el Excelsior de hoy, bajo el titulo de: “La tolerancia selectiva en el DF”, respecto a matrimonios de homosexuales y las respectivas adopciones:
“…Una cosa es la libertad de adultos —del sexo opuesto o del mismo— para vivir bajo el vínculo de un contrato civil; paradójicamente, en una época en la que la tendencia universal ha confirmado que el divorcio es la regla segura de los matrimonios, sin embargo, es una cuestión de libertades que en democracia merece respeto. Otra es la sujeción por ley para menores de edad desamparados por sus progenitores naturales destinados a padecer en un orfanato, adicionalmente, la de exponer a un menor de esos a vivir en un esquema alternativo que, si bien promete para ellos (cualquier adoptado) un nicho de afecto, abre la puerta a una experiencia que los podría discriminar doblemente, una por haber sido adoptados (sólo quienes han vivido esa circunstancia pueden decirnos lo que eso significa) y la otra por haber sido seleccionados para una u otra tipología de parejas adoptantes. Es un tema que el Estado debe responder y resolver con igualdad.”
Mi perruna opinión, mi Santias, es que en el caso de matrimonios gay, cada quien haga con sus colitas lo que quiera y llamen a sus uniones como quieran. En el caso de las adopciones mi criterio es diferente, debe prevalecer la salvaguarda del derecho de los menores, tomando como base para ello la ley natural. Dicho en otras palabras, es mi posición que respetemos el derecho de los homosexuales de formar pareja y llamarla como quieran, al tiempo que defendemos el derecho de los menores para vivir en familias en donde el hombre y la mujer aporten las características propias de cada género, para la formación de los pequeños… Y remato, soy de la opinión que ambos son asuntos de leyes terrenales, no de religiones.
S- Pues sí, zapatero a tus zapatos. Mi Iglesia a formar en valores cristianos, mi gobierno y congresistas a legislar por el derecho de todos a vivir con dignidad... Y cada quién, católicos incluidos, a respetar al prójimo y a actuar de acuerdo a su conciencia.
Un saludo una reflexión.
Santiago Heyser Beltrán
E-Mail: rufo_y_sammy@hotmail.com