Hemos vivido momentos de miedo, de angustia para muchos, mujeres resultaron heridas heridos en la ciudad por el ataque de las bandas criminales con granadas. Había un ambiente sombrío, de pánico por el vuelo de helicópteros y las sirenas de las patrullas. Hay ciudadanos sensibles que sufren hondamente. Este ambiente de consternación lo han vivido también otras ciudades y poblaciones.
Quienes llevan el tesoro precioso de la fe conservan la calma, confiados en una fuerza superior que no nos abandona, cuando las protecciones humanas fallan y traicionan.
Pero tenemos que poner los pies en la tierra y enfrentar el problema. Es inadmisible que un puñado de criminales tenga en zozobra a la población, violan los derechos de la mayoría honesta.
Aquí la Comisión de Derechos Humanos guarda silencio, ¿Será porque se trata de ciudadanos honestos? Nosotros también tenemos derechos.
Estamos frente a actos absolutamente reprobables.
Se necesita que la autoridad asuma su responsabilidad a favor del bien común de la ciudadanía, que defina su posición frente al crimen y tome las medidas oportunas y enérgicas cumpliendo su juramento de hacer cumplir las leyes.
El ataque de ayer es un foco rojo muy revelador que requiere un diagnóstico claro y serio, ¿qué está pasando?
Se está perdiendo el sentido de la dignidad humana, quienes pierden esta dignidad se convierten en lobos para sus hermanos, es una perversión, una depravación del ser humano, como hay muchas otras, y una descomposición de la sociedad.
¿Dónde quedó el estado de derecho que la autoridad tiene el deber de salvaguardar antes que todo y sobre todo?
¿Qué pasa con la sociedad civilizada, libre o liberal, que algunos pretenden representar, dónde quedaron sus avances y progreso, su modernidad?
¿Qué vigencia tienen los valores universales y los principios que fundan la convivencia humana y que reciben su validez y solidez absoluta de Dios, el valor de los valores.
¿Qué hace la sociedad humana del valor de la dignidad de la persona y de su vida humana? Hay mujeres que se ufanan de haber presionado a los legisladores michoacanos para que se dejara la vía ancha al aborto, en nombre de los derechos sexuales de las mujeres, contra una sexualidad responsable y plenamente humana y contra los derechos del hijo no nato.
La violencia en la ciudad y el estado es precio de atentar contra el derecho de la vida, la diferencia en un caso y en el otro es sólo circunstancial. Los asesinatos y el ambiente de terror de la ciudad es le precio que estamos pagando por no defender el valor primero, la vida humana. En el pecado está la penitencia, la naturaleza nunca perdona, son los ecologistas quienes lo afirman.
Para volver a la paz que deseamos, no bastan las patrullas y las armas, se necesitan reformas humanas profundas, hay que volver a los valores y principios absolutos que la Iglesia defiende con claridad y firmeza. Hay que tener conceptos claros y firmes, optar por la persona humana más allá de ideologías y programas políticos de algunos grupos.
Hay que corregir errores fundamentales, sí buscar el progreso científico y médico pero no desatender al atraso moral.
No basta la buena voluntad, hay que tener bien fundadas y una cosmovisión apegada a la realidad, a la verdad, tener una visión integral del ser humana, de su destino definitivo, así se le podrá ayudar a buscar su felicidad y vida plena. Las personas progresistas de verdad, buscan el progreso en los valores morales.
El Dios de Jesucristo, que éste da a conocer es un Dios que sólo intenciones favorables al hombre, intenciones de paz, sólo busca dar la vida plena y la felicidad verdadera y definitiva. Es un modelo de quien lo da todo y que busca nada, no espera nada de sus criaturas. Por eso, sus leyes son caminos de una vida digna y feliz.
También sabios del mundo, los verdaderos científicos defienden el progreso moral, como aquel inolvidable astrónomo Karl Sagan. El afirma que el progreso técnico no ha ido de la mano con el progreso moral, por eso el mundo anda como anda.
El hombre no es sólo ecuación, no se rige sólo por leyes científicas, es también libertad, inteligencia, es actuación que se norma por la conciencia rectamente formada en los valores y principios trascendentes, establecidos y revelados por Dios.
Como seres humanos inteligentes y responsables de nuestro destino necesitamos entender el mal profundo que infecta al cuerpo social y a las personas. Así, como ciudadanos responsables podremos colaborar para sanar nuestra sociedad de los virus que la hieren de muerte.