El diputado chiquito
LA “MORAL” DE GARCIA CONEJO
Es sin duda su debilidad principal. No puede desprenderse de ese afán de notoriedad y más cuando está en la sintonía del hermano que se siente ya próximo gobernador de Michoacán. Pareciera una adicción insuperable y no hay poder humano que le reprima su proclividad a hacer alarde, pavonearse y buscar a toda costa atraer los reflectores.
Se trata de Antonio García Conejo, diputado local del PRD y hermano por el lado materno de Silvano Aureoles Conejo, senador por el mismo partido quien se siente seguro sucesor de Leonel Godoy Rangel y cuenta para ello con las arcas a su disposición de la secretaría de Desarrollo Rural donde mangonea a su antojo personal, programas y recursos.
El primero quiere seguir los pasos del segundo. Sin ser competencia, porque dicho sea de paso, no es lo mismo “Juan Domínguez” que “Juan Pacheco”.
Sin embargo, hace su luchita y desde la curul que le llegó por herencia consanguínea y más de alguna trapacería electoral, el diputado de bajo perfil se refociló recientemente ante cámaras y micrófonos de una televisora local para hablar -previo desgarramiento de vestiduras- de su “sospecha de irregularidades administrativas y financieras en el Congreso”, aunque atajó de inmediato que no podía “asegurar que haya robos”.
Desbocado como es y sin aprender que por no conectar la lengua con el cerebro fue que lo “bajaron” de la presidencia del Congreso cuando se puso de “tapete” ante el gobernador Leonel Godoy Rangel con la representación no autorizada de los 39 diputados locales restantes, García Conejo volvió a las andadas y acusó sin aportar pruebas, ya no se diga acreditar la mínima autoridad moral para hacerlo.
Así víctima de su incontinencia verbal aseguró también que los diputados -incluyendo a todos al no especificar quiénes ni de qué partido- “habían autorizado nada más 300 mil pesos para pintar la Casona” que se ubica en Aquiles Serdán y Morelos Norte. También se espantó cual dama en peligro inminente de violación al recalcar que “sin embargo se gastaron millones lo que es ilegal porque no se aprobó en el pleno”.
Eso sí de inmediato también levantó los platos rotos al reconocer que el dinero se invirtió en arreglar la Casona que ya sirve al Congreso y con ello se comienza a ahorrar en pago de rentas y otras erogaciones que se venían realizando.
De inmediato y en el mismo cuerpo declarativo ante los informadores que lo cuestionaban, el hermanito de Silvano se defendió al negar con abigarrada decisión que él no ha recibido ningún bono de 250 mil pesos. Acto seguido lanzó el dardo envenenado al suponer muy personalmente que como la Secretaría de Administración y Finanzas “es un espacio del PAN, a lo mejor a los diputados de ese partido sí les están dando esos privilegios”.
Dos puyas, las antes relatadas, que pintan de cuerpo entero a un personaje de pobre trayectoria pues su capacidad intelectual quedó en evidencia al caer en el “sospechosismo” pero sin aportar prueba alguna que sería obligado si se toma en cuenta que es diputado y como tal cuenta con posibilidad -¿estaría obligado a hacerlo?- de pedir toda la documentación correspondiente y poner en evidencia a los “deshonestos”, hasta exigir el castigo legal que merece cualquier acto de corrupción oficial.
Pero ya saben cómo es García Conejo. No se puede pedir peras al olmo y nos dejó otra vez en espera de un lance formal y serio no de fuegos pirotécnicos, manidos recursos mediáticos a los que acude con frecuencia. Un diputado que bien pudiera ser señalado como “el burro que habla de orejas” o “la zorra que no ve su cola”, porque en vez de “sospechar”, insistimos, debe investigar o pedir que se investigue lo que para él no es claro ni convincente.
Su poco cacumen le impiden recordar -¿lo hace deliberadamente?- que en el Congreso del Estado existen instancias y órganos internos que pueden y deben hacer esas tareas y no quedar en el simple recurso del chisme de quinto patio.
Pero eso es mucho pedir a alguien que se siente intocable gracias a su “Big Brother” que despacha en Xicoténcatl. No obstante insiste en andar de boquiflojo pendenciero tratando de enlodar a otros, seguramente como parte de la estrategia que le ha aprendido a sus mayores convencidos como están que la mejor defensa es el ataque, con o sin fundamentos. Por eso es que andan tan cerca del basurero político.
Y miren que ha de ser paradójico hablar de “sospechas” ante cámaras y micrófonos que se dieron cita precisamente en un recorrido que se realizaba dentro de la Casona “maldita” que tanto le interesa criticar y señalar con índice flamígero al diputado chiquito.
Ahí mismo no tuvo la hombría -¿sabrá lo que es eso?- para acusar abierta y públicamente a los integrantes de la Junta de Coordinación Política quienes en uso de sus facultades fueron los que autorizaron la recuperación de ese inmueble que fue adquirido en la anterior legislatura y que estaba en ruinosa condición.
Si fue “ilegal el gasto ejercido” como tanto alardeó en esas declaraciones incendiarias, García Conejo debió, estaba obligado, a señalar entonces que dicha ilegalidad fue cometida por quienes conforman ese cuerpo colegiado y donde por cierto figura un prominente miembro de su bancada y que aún coordina a los diputados perredistas. Pero no, claro que no lo hizo. Le faltaron agallas pero le sobró saliva.
El politiquito en mención cree como el león que todos son de su condición, perdonando la cacofonía.
Porque si también “sospecha” que como la cartera de Administración y Finanzas en esta legislatura la “maneja el PAN” y da por un hecho que los diputados del blanquiazul son usufructuarios sin medida de los recursos económicos que ahí se manejan, sólo queda al descubierto su desconsuelo y voracidad, porque seguramente en la anterior legislatura cuando dicha cartera fue parte del botín con que se quedaron los legisladores del PRD, es que así funcionaban las cosas.
Es decir, a García Conejo lo traiciona la ambición de no poder echarse clavados en el fango de la corrupción que sus antecesores de partido en el Congreso gozaron a plenitud cuando Administración y Finanzas fue un área de estricto control perredista. De otra forma no se explica que también deje únicamente colgado en el perchero de la suposición que eso “puede estar sucediendo para beneficiar a los diputados del PAN”.
Bajo la lógica “conejista” Administración y Finanzas ha servido para pagar altos bonos a los diputados afines al grupo parlamentario que la maneja. Y mire que entonces debieran demandar cuentas a los integrantes de la 69 y la 70 legislaturas anteriores porque en ambos periodos estuvo bajo estricto e inescrutable control del PRD.
Con todo esto el “minidiputado” -término acuñado por su exigua capacidad intelectual- lo único que deja al descubierto es lo que en sicología se llama “gazapos del lenguaje”. Dicho sea en términos entendibles, “es aquello que siendo oculto de la personalidad se revela al hablar”.
Pero como no es intención abordar temas que no manejamos, sólo nos vamos a referir que cuando se lanza lodo al ventilador el riesgo de mancha es para todos por igual.
Porque quien cree que la moral es un fruto que se da en la mora, pretendió ignorar que él es un violador de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos –pero el fuero es el fuero- y como muchos de sus copartidistas en esta legislatura, colocó a sus familiares de primera línea o línea directa en puestos importantes dentro de la estructura congresista.
Le vamos a recordar al desmemoriado paladín de las causas justas y probas, que impuso a su hermano Carlos García Conejo como Jefe del Parque Vehicular del Congreso. Eso se llama nepotismo pero de eso no se espanta el diputado chiquito.
Tampoco se atrevió a mencionar que en esa área de Administración y Finanzas que tanto escozor le causa por el “sospechosismo” ya señalado, también han llegado familiares de otros diputados perredistas que tienen acceso a los documentos que ahí se manejan.
Y mire si no ha de ser un insulto a la inteligencia de los interlocutores a quienes repetidamente les declara este aprendiz de sofista, saber por ejemplo que la Dirección General de Administración está en manos del PRD a través del doctor Oscar Solís, quien por cierto no asiste mucho menos trabaja, pero eso sí cobra puntual y religiosamente por la gracia que le da ser esposo de una diputada perredista.
También tienen bajo la férula perredista las jefaturas de departamento de Recursos Humanos y la de Recursos Materiales, bajo la conducción de Victoria Robledo y Nicolás Zalapa, respectivamente, quienes junto al de Servicios Generales, Ignacio Mendoza, sacan adelante el trabajo acordando invariablemente con el panista que encabeza la Secretaría de Finanzas. ¿Dónde está el cochupo, entonces?
Por todo lo descrito bien valdría la pena que alguien le recordará al diputado chuiquito sobre el riesgo de escupir al cielo. Porque de eso ni su “Big Brother” lo va a salvar con todo y el fuero senatorial del que hace gala.
En todo caso lo que la población anhela, desea fervientemente, es tener diputados que la represente con dignidad y decencia, con capacidad y altura de miras, que hablen y actúen con verdad.
Esa misma población está harta de diputados asalta nóminas y deslenguados como García Conejo, que no se han avocado a resolver los problemas de la pobreza, del campo, de la salud, de la inseguridad, de la vivienda y de la educación, que entre otros, pesan sobre la inmensa mayoría de los michoacanos.
Y conste que no relatamos aquí el lance que este mismo diputado tuvo en aquella ocasión que llevó como afán de su protagonismo personal, a una reportera jovencita y bella, para que le “reporteara personal y privadamente” una gira de trabajo por el extranjero con cargo a las finanzas del Congreso y sin que sus demás compañeros de expedición tuvieran “acceso” a la cobertura informativa que sólo él sabe el destino que tuvo por no haber figurado nunca en medio de comunicación alguno.
¿O eso no cuenta en la moral “conejista”?
Vale…