La Ley de la Selva/Lourdes García Domínguez

21:56:36 24-11-2009

Lourdes García Domínguez / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Hoy que la violencia ha tomado literalmente nuestro mundo, dentro y fuera de nuestras casas, con historias horrendas sobre mujeres muertas, violadas y golpeadas, o aquellas historias que no involucran daño físico pero igual dañan –y mucho- psicológica, moral, económica y socialmente a las mujeres, es momento de hacer una pausa y en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y dedicarnos un instante a reflexionar sobre el tema. ¿Sabías que esta conmemoración tiene su origen en el Primer Encuentro Feminista celebrado en Colombia en 1981, en el que se propuso esa fecha en honor a tres heroínas de la República Dominicana que fueron brutalmente violadas y asesinadas el 25 de noviembre de 1960, hace ya casi cincuenta años? Las mujeres siempre hemos sido blanco perfecto para sufrir agresiones dentro y fuera del núcleo familiar; a alguien se le ocurrió encasillarnos como el sexo débil. A tal grado que pareciera que nos la creímos y hemos permitido una serie interminable de ultrajes, abusos y atropellos por demás inhumanos en todos los ámbitos. Pero afortunadamente nos hemos dado cuenta de que no es así, de que si bien no somos iguales hombres y mujeres, cada uno en su género es único. Así, desde hace ya algunas décadas, empezaron a aparecer brotes de protestas en contra de las injusticias contra la mujer en general. Tener presentes esos acontecimientos nos permite compartir con las mujeres jóvenes el hecho de que lo que hasta hoy se ha conseguido en relación con la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, se debe a que antes, otras mujeres pelearon y de hecho muchas perdieron la vida por conseguir lo que hoy ellas tienen, disfrutan y aprovechan, lo que indica que las luchas han dado buenos frutos y las vidas no se han perdido en vano. Y sin embargo, a pesar de las conquistas, sigue siendo impresionante y muy triste pensar en la situación de muchas mujeres que siguen siendo violentadas en las calles, en el trabajo, pero sobre todo al interior de su familia y por sus propios seres queridos, cuando el núcleo familiar, debiera ser un espacio potencial de convivencia equitativa y constructiva; sigue existiendo el desigual reparto de las responsabilidades familiares, el abuso en el trabajo, y la desigualdad de oportunidades, privilegios y derechos, solo por el hecho de “ser mujer”. Para comprender el fenómeno de la violencia doméstica, y combatirlo, resulta imprescindible tener presentes los factores que la legitiman culturalmente. La historia nos muestra cómo es que creencias y prejuicios acerca de las mujeres y de los hombres han caracterizado una sociedad patriarcal que define a los hombres como superiores a las mujeres por naturaleza y les confiere absurdamente el derecho y la responsabilidad de dirigir la vida de su mujer. Los estereotipos de género, transmitidos y perpetuados principalmente por la familia, la escuela y los medios de comunicación, sientan las bases para la inequidad entre mujeres y hombres en comunidad, características de género muy arraigado pero no difícil de cambiar. Mucho se ha logrado, falta mucho por hacer, pero solamente conscientes de la situación y conocedores del contexto podremos trabajar más duro en cambiar lo que aún mantiene a muchas mujeres esclavas de injusticias, víctimas de las situaciones y formas de pensar precarias y anacrónicas. Pero primero cambiemos la perspectiva de nosotras mismas, seguras de nuestra capacidad, de nuestro propio valor, y confiemos en que podemos lograr nuestros propósitos y metas. Dominguez_0911@hotmail.com