No perder piso.
El pasado viernes 23 de octubre, se llevó a cabo el Foro “Hacia donde debe ir la Izquierda” en el lugar conocido como el Club de los Periodistas en el centro de la capital del país.
Las ponencias que se escucharon entre las columnas del edificio dejaron ver que hay un gran desencanto por la actuación de los que encabezan al movimiento o a los grupos de izquierda de México y lo mucho que han dejado perder por sus visiones de interés de grupo o de lo que interesa a una sola persona.
La mención de que el comportamiento izquierdista ha dejado para después el objetivo central de lograr que los mexicanos se vean identificados con los grupos sociales izquierdistas o con el partido político más ampliamente reconocido como el que representa a las expresiones izquierdistas mayoritarias, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), fue constante. El fin del Foro fue el de analizar la situación económica, social y político del país y qué estado guarda el movimiento de Izquierda nacional, así como los puntos de unificación que los diferentes grupos tienen y cómo se podría lograra esta unidad.
Los resultados del análisis dejan con pocas ventajas a lo que el movimiento está haciendo ahora. Y lo que ha venido haciendo en los años pasados más inmediatos tampoco es para sentirse orgulloso nadie.
Los que están en puestos de toma de decisiones como aparentes representantes de los pensamientos de izquierda, han llegado para darse los grandes privilegios que tanto criticaron desde las calles, plazas y banquetas de las ciudades del país o conversando en las mesas de cafés o restaurantes de todo México. Los que se dicen de izquierda y obtiene un buen puesto, del tipo que sea, se comportan de inmediato como los que tanto critican. Pero es un buen negocio decirse que se está del lado de los que no tienen respuestas positivas por parte del Gobierno. Se logran buenas ganancias cuando se está del lado de los que nunca se acabarán como son los que menos tienen.
Pero no es sólo el comportamiento en lo personal lo que es ya intolerable en los personajes de renombre izquierdista. Otras cosas que no son sostenibles ya son los jaloneos y pleitos entre los que pretenden dirigir al PRD por ser el que más posibilidades tiene de llegar un día a gobernar al país.
Los pleitos entre los que han pretendido obtener la dirección partidista llegaron en su momento a provocar hasta asco y a pavimentar el camino de los otros partidos políticos mayoritarios para que continúen, uno, en el poder, y el otro en vías de recuperar la Presidencia de México. Muchas pueden ser, y seguramente lo serán, las explicaciones para entender lo que sucedió en el pasado proceso electoral federal, pero es en mucho atribuible a los pleitos internos lo que llevó al tercer lugar al PRD: los que quisieron jugar por la dirigencia nacional perredista, como fieras ciegas, se mordieron con los dientes cada vez más largos y afilados hasta casi destrozarse.
Alejandro Encinas y Jesús Ortega se convirtieron en cabezas de serpiente con un mismo cuerpo. Se enfrascaron en una muy seria pelea con sentido sólo para ellos y para los grupos que los respaldan, pero con una discusión y pelea falsa entre la militancia. La polarización provocada aún no se ha superado. Tal vez esa sea la tarea principal en esta hora: lograra la unidad con un verdadero espíritu de gente de izquierda, de esa que no insulta con ostentaciones de funcionario millonario. Se trata de estar al lado de las causas mayoritarias y también de defender los motivos de las minorías oprimidas o no comprendidas por el status quo. Se trata de abrevarse a diario con el contacto permanente con las personas del pueblo y con los grupos sociales que buscan soluciones y ofrecen alternativas.
Se trata de que los que lleguen a dirigir los organismos no lo hagan solo por la prevalencia de los grupos que los postulan. De que sean capaces de entender el gran compromiso que tienen con las luchas populares y se trata también de que los demás sean capaces de reclamar los malos comportamientos de los dirigentes y se les retire de la organización en cuanto se alejen del camino trazado, así como se anuncia que s e correrá a patadas al opresor, también deberán sacarse a patadas a los traidores. Y no permitir nunca la entrada a los que ya han sido enemigos una vez. Estos nunca cambiarán.