Fútbol y desalojo, en la fiesta sabatina
SME minado por la corrupción perredista
El sábado 9 de octubre los preparativos para ver el partido de fútbol que encararía al seleccionado mexicano con su similar de El Salvador, la inmensa mayoría de habitantes de este país se concentraban en los sitios de su preferencia para dar cuenta de lo que harían los comandados por Javier Aguirre y concretamente, el ídolo Cuauhtémoc Blanco.
En varios puntos de la capital del país se hacían quinielas y hasta cruzaban apuestas de si saldría a no a la cancha el lesionado quien durante toda la concentración previa al cotejo, había estado “al margen” de sus demás compañeros haciendo simples ejercicios de rutina.
Lo mismo bares que salones acondicionados, restaurantes, cantinas y hasta sitios al aire libre, se poblaron de aficionados dispuestos a dar cuenta de lo que se anunciaba como la “venganza azteca” luego de la afrenta sufrida meses atrás en tierras salvadoreñas.
Así el arranque del cotejo futbolero marcó también el de una fiesta que amagaba con volverse interminable pues nadie dudad que se ganaría al conjunto dirigido por un mexicano que no ha sido profeta en su tierra, Carlos de los Cobos.
Así apenas pasaba del minuto 20 de juego cuando el “Cuau” -al que diría luego Aguirre querer así sea “bien pedote”- provocó el autogol que abrió la senda de triunfo al representativo mexicano.
Pero casi de manera simultánea, cuando comenzaban a pasara la “magia de la repetición” se registró un mega apagón que afectó a varias delegaciones del Distrito Federal.
De las mentadas de madre generalizadas en contra de los trabajadores de luz y fuerza del centro –a quien se le adjudicó al unísono el sabotaje- se pasó al sopor de no saber qué hacer. La clientela reclamaba, había quienes no querían mantenerse más aunque ofrecieran “las de la casa”.
Rabia contenida que se reflejaba en los rostros que buscaban acercarse lo más posible a ventanillas y portezuelas abiertas de aquellos automóviles que dejaban salir los sonidos de la transmisión por radio con que se seguía las incidencias del partido.
-Esto es algo normal en el DF… así se las gastan esos cabrones de luz y fuerza…
-Mire compita que nos la hicieron gacha porque ya habían anunciado que habría apagones, pero cómo se les ocurre cuando está el partido de la selección… ¡ya ni la chingan!
-Eso que no está lloviendo y nos quitaron la luz, habría de ver cuando nos diluvia, no tenemos ni para remedio.
-Hay veces que se tarda hasta medio día o de plano toda la noche en regresar… ¡pero eso sí quieren seguir mamando de la ubre esos cabrones del sindicato!
Fueron éstas algunas de las expresiones recopiladas en el reporteo realizado por varias delegaciones de la urbe capitalina y, coincidentemente, no había quien responsabilizara al gobierno del “apagón”. No así con los electricistas a quienes les adjudicaban a priori la responsabilidad “por andar de pinches mitoteros”.
En algunos puntos de la ciudad la energía eléctrica se repuso cuando ya había arrancado el segundo tiempo de un encuentro que por cierto sufrió no menos de 15 minutos de retraso por la insólita presencia de enjambres de abejas en la cancha del estadio sede del partido que dio el boleto a México para el próximo mundial.
Como todos los demás, nos sumamos a la transmisión que dio respiro a restauranteros y empresarios del destrampe en que suelen terminar los partidos de futbol.
Nadie, ni siquiera el que escribe, supo a ciencia cierta qué o quién bajó el “swicht” lo que sí se pudo corroborar es que pocos medios dieron cuenta del mega apagón, que sirvió como preludio a la requisa que horas más tarde haría el gobierno federal a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, aprovechando eso sí, el clásico sabadazo ahora impregnado de furor futbolero y fiebre triunfalista de quienes sintieron el logro deportivo como propio, ayunos como están de buenas nuevas en todos los demás terrenos de la vida nacional.
Las caravanas de autos y peatones por Paseo de la Reforma para llegar a la columna de la Independencia y dar rienda suelta al desfogue permitieron aminorar la estridencia que en otras circunstancias, habría provocado la ocupación de las fuerzas federales en los centros de operación de LyF.
Pasadas de las 22 horas el operativo estaba consumado en forma pacífica y sin que los propios trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas pudieran hacer algo. Pocos, escasos, los que se encontraban de guardia fueron desalojados en cuestión de minutos.
Así la fiesta futbolera atemperó el impacto -al menos en las primeras horas- de lo que es sin duda alguna el más severo golpe al sindicalismo gangsteril en lo que va del sexenio de Felipe Calderón.
La historia detrás del mito
Como muchos sindicatos más que aún prevalecen en el país -y conste que no tenemos nada contra esos organismos laborales, pero hay muestra inequívoca que han sido devorados por la corrupción de sus dirigentes- el de electricistas quiso jugar en vías de supuesta autonomía no obstante estar evidentemente integrado al proyecto de Andrés Manuel López Obrador.
Organismo que aglutina a 43 mil sindicalizados y 22 mil jubilados, el Sindicato Mexicano de Electricistas -igual que otros que destilan tufo a cañería- paseaba su impunidad ante la complacencia oficial. Lo mismo gobiernos del PRI que los del PAN –recordemos que Felipe Calderón fue secretario de Energía en el sexenio foxista- sabían de las corruptelas que ahí subsistían.
Sin embargo el exceso de poder alcanzado hizo que la cúpula del SME buscara protección en “padrinos políticos” como Andrés Manuel López Obrador y el gobierno perredista que en su momento encabezó en la Ciudad de México, hasta convertirse en la caja chica –una más de las tantas que tuvo a su alcance el mesías tabasqueño que pregonaba la “honestidad valiente”- del movimiento que buscó alcanzar la Presidencia de la República.
A la luz de los resultados, era evidente que el SME no estaba en el ánimo del gobierno federal. Fue así que llegó la fecha para renovar la dirigencia sindical encabezada por Martín Esparza –incondicional de López Obrador y asesorado fuertemente por Alejandro Encinas para repetir al frente del sindicato-. Así el 16 de junio próximo pasado dio inicio la votación para renovar 13 carteras incluyendo la de secretario general.
Las artimañas cuestionadas y cuestionables que caracterizaron a la época de hegemonía priísta salieron a relucir. La “mapachería” en todo su apogeo fue signo evidente de un proceso desaseado por parte de la “Planilla Verde” –Unidad y Democracia Sindical- encabezada por Martín Esparza.
Padrones alterados, casillas “zapato” y votos hasta de sindicalistas ya fallecidos preñaron las urnas para aniquilar a la “Planilla Naranja” –Transparencia Sindical- que lideró Alejandro Muñoz y quien había basado su estrategia de campaña en señalar con lujo de detalles todas las anomalías con que se condujo su oponente y que lo habían llevado a un enriquecimiento ilícito.
En su momento se dijo que la votación estaba abierta para que sufragaran 43 mil sindicalizados y 22 mil jubilados. Pero la jornada resultó ser todo un cochinero –digo de cualquier ejercicio interno que avale o promocione el PRD- por lo que surgieron las inconformidades y exigencia para que se repusiera el proceso por parte de Alejandro Muñoz quien además evidenció la intromisión de los “duros” López Obrador, Alejandro Encinas y Marcelo Ebrard Casaubon.
Laq pugna creció y fue el pasado 5 de octubre cuando la Secretaría del Trabajo que preside Javier Lozano, decidió no entregar la toma de nota reclamada por Martín Esparza y sus secuaces, al argumentar “inconsistencias” en la elección.
Ello motivó que el grupo de “lopezobradoristas” se le fuera a la yugular al gobierno federal y comenzaran los amagues de posibles boicoteos al suministro de energía eléctrica, marchas, plantones y toda una serie de movilizaciones para desquiciar la paz social “por la violación a la vida sindical” por parte de Felipe Calderón.
Incluso el propio líder sindical había puesto un ultimátum para que se le entregara la toma de nota el 12 de octubre o de lo contrario comenzarían los “apagones” en diversos puntos de la capital y estados donde Luz y Fuerza del Centro mantenía su poder.
Y cuando nadie esperaba acción oficial alguna, incluso se especulaba que habría reconsideración por parte de Javier Lozano para entregar la toma de nota reclamada, la tarde-noche del sábado 10 de octubre, el gobierno federal anunció la liquidación de Luz y Fuerza y con ello la desaparición de la paraestatal, previa requisa de instalaciones en ese día de festejo futbolero.
Así Luz y Fuerza del Centro, por cierto precedida siempre del membrete “empresa en liquidación”, fue un escenario más de la lucha denodada que libra el Presidente Felipe Calderón en contra de Andrés Manuel López Obrador y viceversa.
Es decir al margen de los datos duros que por rotundos son irrebatibles, puede considerarse que esta batalla la gana Calderón Hinojosa al Pejidente legítimo y deja abiertos otros escenarios más a disputar en una carrera que pareciera no tendrá fin sino con el mismo cierre de mandato del primer magistrado del país.
Cómplices y corruptos
Para desgracia de la base sindicalizada, sus estrategas y dirigentes han perdido la brújula. No tienen argumentos mayores para rebatir una decisión que ya no tiene marcha atrás, que insistir en que se trata de un “revanchismo político” del Presidente de la República por su “independencia” para apoyar corrientes políticas ajenas al partido que gobierna el país.
Sin embargo el cierre de LyF puede considerarse como la crónica de una muerte anunciada ante el mar de corrupción y multiplicidad de cómplices que pulularon en torno a esa organización cuyas prebendas iban más allá de lo razonable.
En medio de esta podredumbre, los usuarios, víctimas siempre de un mal servicio, no tenían sitio alguno para hacer prosperar una queja por el exceso en el cobro de la tarifa aplicada con rigor hitleriano, mucho menos encontrar eco a los reclamos por los cortes en el suministro que de tan constantes pasaron a formar parte del absurdo cotidiano en que se desenvuelven los cada vez más hacinados habitantes del Distrito Federal.
En contraste con el rigor aplicado al consumidor cautivo, la inexplicable, abrumadora presencia de “diablitos” y tomas clandestinas lo mismo en zonas urbanas que rurales, para dar energía eléctrica gratis a supuestos menesterosos o desheredados. Todo a cambio de tener votos cautivos para un partido que en su corta edad perdió el rumbo y se dejó vencer por el cinismo de quienes están convencidos que el “fin justifica los medios”
Nuevo corporativismo al estilo de un partido que se dice “reivindicador” de la lucha social y hace uso de la extorsión política lo mismo en sindicatos que en organizaciones de taxistas o comerciantes ambulantes. Votos cautivos de gobiernos cobardes ante la complacencia de quienes deben trabajar con denuedo para cumplir con sus compromisos fiscales.
El cierre de LyF es también la tumba del Sindicato Mexicano de Electricistas que en su historia de excesos cuenta con haber tenido incluso equipo profesional de fútbol en segunda división y enriquecer a bandidos que como Martín Esparza creyeron que la impunidad los iba a blindar toda la vida.
Ahora deberá medirse con el mismo rasero a otros organismos sindicales que también son refugio de gángsters, gavilla de delincuentes amparados por conquistas “laborales” que viven a expensas de los impuestos que pagamos, por desgracia, quienes nunca jamás hemos tenido prerrogativas tan insultantes como las que gozan en Pemex, por citar sólo un ejemplo.