Tirando a dar/Juan José Tapía

10:28:13 12-10-2009

Juan José Tapia / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Los nada-saben. Qué hipócritas los políticos y todos los que se creen ser lo que no son y aceptan sin sonrojo las lisonjas de los barberos o de los que agradecen en exceso algún favor. Por arte de magia, cuando una persona cualquiera llega a ocupar un puesto de regular o de mucha importancia, en el acto se transforma en el conocedor de todos los temas: se hacen expertos en agricultura; conocedores indiscutibles de leyes y códigos (esto debe ser cierto pues los violan a cada rato): son amigos entrañables de otros personajes de renombre, y se tutean con los de aquí y los de allá: hablan de cosas y de lugares como si fueran de su conocimiento periódico; ponen y disponen de cosas y personas a su antojo (claro está que de los que se dejan); y se hacen los grandes expertos en áreas del conocimiento y la pericia humanos como el deporte y la cultura, la arqueología y las matemáticas o la astronomía y el medio ambiente. Todo eso son capaces de dominar de un día para otro. Y más que esto. Los lisonjeros no se miden cuando ponen en práctica el arte de agradar al poderoso para obtener algún favor o para hacer patente que lo que se está apreciando se debe al gran apoyo del personaje del que se trate: cuando los halagos y lambisconerías se dan de unas personas hacia los ricos en lo privado, no se puede hacer gran cosa más que sentir pena por el arrastrado o lambiscón, pero cuando se trata de lo público, las cosas cambian. El tema es que los que se encuentran en las cumbres del poder político, y por lo tanto, en la rueda donde se toman decisiones importantes, se encuentran constantemente bombardeados por los vividores del sistema que son, unos en mayor medida que otros, todo unos artistas para caerle bien a los más importantes de estos fulanos y pedir, obtener y pagar favores por encima de los que tiene más derechos. En efecto, los que se dedican y viven de la política, sobre todos los gobernantes de los tres niveles, son muy dados al halago personal y a las pleitesías aunque se cansan de decir que no son afines a eso y que no se nubla su pensamiento por el canto de las sirenas. La verdad es otra. Lo peor aún, es que luego se creen que los aduladores dicen la verdad: que los adulados sí son todopoderosos y conocedores de todo lo que hay en el mundo y de lo que habrá. Y actúan en consecuencia porque por eso toman las decisiones que toman con los resultados que sean, unos buenos y otros malos, pero sin mucha preocupación porque las cosas salgan bien y sean duraderas. Las pasarelas de actores y actrices son envidiadas por los gobernantes que se creen lo mismo que ellos solo por el hecho de convivir en algún evento que, por necesitar de los apoyos y patrocinios de gobierno, o de la instancia que sea, se hace necesario invitarlos para dar muestras de agradecimiento. Y claro que son deslumbrados por los reflectores y los olores que se despiden en ese ambiente de glamour y de surrealismo. Además de sentir cierto vértigo por estar al lado de personas famosas. Por eso no debemos perder de vista los modos y los pensamientos de los que se pelean por representarnos. A todos nos puede ganar la soberbia y las ganas de ser el protagonista en todo momento, pero es más fácil que el semi preparado- o semi ignorante- o el proclive a las reverencias-que se denota cuando no sabe ni pedir las cosas por favor-o el de verdad culto y conciente, se comporte como lo hacía antes de entrar a ocupar algún espacio de poder de cualquier tipo, y no se deje impresionar ni seducir, a que lo haga el que resalta más por su ignorancia. Y de esos hay muchos en el espectro político de México. Eso nos toca a nosotros, pero a los que pretenden cargos de cualquier nivel, también debería darles algo de pena saberse ignorantes y tratar de prepararse para representarse dignamente aunque no así para los que los eligieron pero ya cuando menos dejarían de avergonzarnos a todos con sus falsas poses eruditos en todos los temas habidos, concebidos y por haber o por concebirse. Y ya, por favor, que los que gobiernan dejen de sentirse dueños del dinero de todos y no acepten que se les agradezca por hacer esto o aquello si lo hacen con dinero del pueblo y porque es su deber. Deberían, mejor, pedir que los agradecimientos sean para los millones que contribuyeron a que los dineros que se gastan en obras, sean visibles. Los poderosos, no pagan impuestos pero eso sí, agradecen con sombrero ajeno.