“Hace mucho que te quiero” (Il y a longtemps que je t’aime), opera prima de Philippe Claudel, quien hasta ahora era conocido como novelista en su natal Francia. La película, que por cierto fue exhibida en el reciente festival de cine francés aquí en Morelia, trata sobre Juliette (mi admirada Kristin Scott Thomas) quien sale en libertad después de pasar quince años en la cárcel. Durante ese tiempo no ha tenido ningún contacto con su familia, que la rechazó. Léa (Elsa Zylberstein), su hermana menor, la acoge en su casa de Nancy, donde vive con su marido Luc y dos hijas adoptivas. Debido al largo encarcelamiento de Juliette y a su diferencia de edad, las dos mujeres se sienten como dos extrañas. Pero Léa aceptó dar cobijo a su hermana cuando los servicios sociales se pusieron en contacto con ella. Al principio, Juliette parece distante, alejada del mundo, ensimismada, pero Léa se esfuerza en hacer que su estancia sea agradable. Su marido Luc no está de acuerdo y sus dos hijas están encantadas de descubrir que tenían una tía desconocida. La casa es grande y siempre está llena de amigos. Michel, compañero de trabajo de Léa y seductor empedernido, y una pareja de inmigrantes, Samir y Kaisha, ayudan a Juliette a volver a una vida normal. Léa descubre cuánto echaba de menos a su hermana y la tremenda deuda que cree tener con ella. Poco a poco, las hermanas recuperan la confianza mutua para superar los secretos y las palabras no pronunciadas que contribuyeron a alejarlas la una de la otra. Hasta aquí la sinopsis.
Más allá de la historia, que tiene poco de original, la fuerza de la película radica en la manera en que la aborda el director Claudel, quien evita caer en el melodrama cargando el peso de la narración cinematográfica en la extraordinaria actuación de Kristin Scott Thomas, la que no requiere de muchos diálogos para expresar los sentimientos de oprobio, de ahogo, de inadaptación, de tormenta interior que la agobian. Obviamente no es una película para aquéllos que dicen que no van al cine a sufrir, ni para quienes exigen que se les dé todo digerido: aquí hay que sacar conclusiones propias e imaginarse muchas cosas que no quedan aclaradas (dos ejemplos: su jefe en el hospital le pide a Juliette que se vuelva más accesible en el trato con sus compañeras y no vemos que eso ocurra; sin embargo le dan un contrato definitivo; otro: nunca sabemos cuál es la enfermedad de Pierre). En fin, sin lugar a dudas, una de las mejores películas vistas en los últimos tiempos en Morelia.