En estas fechas en que se volvieron a desempolvar los nichos de lábaros patrios de todo el país y a sacudir de telarañas y polillas las réplicas de banderas tricolores de oficinas de gobierno y de líderes de agrupaciones gobiernistas, así como de los que encabezan a los poderes de facto de México, solo se están viendo como actores de fotografía, como los que posan con el mejor ángulo de sus caras para que se difunda una imagen de lo que no son ni piensan. Los colores patrios sólo se usan para adornar y hacer marco a los discursos huecos de los vividores de la patria.
En todos los momentos de su vida, los que han sido beneficiados con el estado de cosas que desde hace años prevalece en el país, se escudan contra el escarnio social cuando manifiestan fervor patrio y amor por los ideales populares, y que no se piense que están alejados de las masas y ni mucho menos que no se piense que desconocen los problemas generales y las condiciones tan difíciles en las que millones vivimos día con día.
En todo momento, los falsos gobernantes y los representantes de la sociedad que han obtenido el lugar que les permite disfrutar de riquezas de lo lindo, se expresan con respeto de los símbolos y de los personajes y hechos históricos que nos dieron la patria que ahora tenemos, pero están alejadísimos de querer comportase con el patriotismo que dicen querer y respetar.
Si los gobernantes actuales tuvieran un gramo de patriotismo, desde luego que rechazarían los onerosísimos sueldos que religiosamente cobran mes por mes: el Presidente, no gasta en nada de lo personal y familiar y, de todos modos, se embolsa sus casi 200 mil pesos cada treinta días; los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cobran más del doble de lo que el propio mandatario nacional percibe y los del Poder Legislativo no se han quedado atrás y obtienen dinero hasta por no gastar en sus dizque actividades de representante popular.
Con un gramo de patriotismo, los millones de pesos que se podrían ahorrar en altos salarios se podrían destinar a obra social como aulas, cuartos de hospital, pavimentación de caminos rurales que también son importantes no solo las autopistas, acondicionamiento de edificios educativos, de gobierno, reclusorios, nosocomios, asilos, orfelinatos y demás lugares de uso público.
Las múltiples expresiones en contra de tal cosa argumentando que esto no sería la solución para el tremendo problema financiero provienen de los que se han beneficiado desde generaciones atrás de tener por el mango a las cacerolas de donde se sirven los dineros. No se han dado razones de peso para no dar un golpe de timón contundente y poner los salarios en un nivel que no parezca burla para el pueblo asalariado. Las justificaciones a la hora de hablar de recortes en los sueldos, suenan buenas sean cuales sean y casi siempre se ahoga el tema en asuntos de otra índole y no pocas veces se ha dado lugar a promover aumentos en salarios de los servidores públicos antes que tratar de llegar a un acuerdo por reducirlos. Y no estamos hablando de los dineros extras que reciben por favores, cabildeos, “apoyos a la gestión”, que miembros de los tres poderes dela Unión se echan al morral día con día, esos dineros son los realmente importantes los que sí pintan de negro las cuentas bancarias que, luego, cuando se les denuncia, juran y sobre juran no tener y no haber hecho mal uso de sus cargos y atribuciones.
Las historias de pobretones enriquecidos en pocos meses o años, es prolífica en nuestro país a grado de que, si se participa en la política o se pertenece a uno de los poderes y no se hace uno de dinero, es un pobre menso. Estamos tan torcidos en los conceptos como fruto de tantos años de mal manejo de los fondos de todos, que es casi natural pensar en hacerse de bienes y riquezas en cuanto se llega al poder o al cargo. Y por eso también se tiene tan poquita gana de retirarse del cargo o del puesto cuando el periodo se termina, más cuando se hace una costumbre que todo el mundo le rinda culto a la personalidad de ese poderoso: ese personaje se retirará con mucha dificultad.
Es probable que no se resuelvan los problemas financieros de nuestro país, pero con un recorte salarial que valga la pena, nos hará ver a nuestros políticos de una manera diferente y nos haría más agradable la vida: es solo un poquito de lo que nos pasa a todos y ahora los poderosos sabrán lo que se siente vivir con lo que uno gana.