No es justo. No es justo que un sector de la ciudadanía pague más impuestos. No es justo que paguemos más por el deficiente servicio de agua potable. No es justo que los mexicanos reduzcamos aun más nuestro nivel de vida, mientras la elite gobernante sigue gozando de inmensos privilegios. No es justo que el Poder legislativo siga manejando con opacidad los recursos que son de los mexicanos en “turismo legislativo” y reparto millonario para sus comisiones. No es justo que nos apretemos más el cinturón, mientras que sigue existiendo el dispendio en los organismos públicos descentralizados, en las Secretarias de Estado, en los Gobiernos Estatales y en la propia Presidencia de la República.
México se enfrente ante una de las peores crisis económicas de su historia; la caída de remesas del exterior, la caída en los precios del petróleo, el declive en la producción petrolera, en la producción industrial, en el empleo, son razones de más para que el gobierno adopte, ahora si, un verdadero programa de austeridad y recorte al gasto corriente.
Las opciones para salir de la crisis, bueno, no salir, al menos afrontarla, según los especialistas no son muchas, si acaso tres: más impuestos, recorte al gasto público o endeudamiento.
En el primer caso, la injusticia de pretender incrementar los impuestos es totalmente inaceptable, ya que sólo un pequeño sector de la sociedad los paga puntualmente, que hay de los miles y miles de comerciantes informales que no lo hacen, de artistas, deportistas y otros listos; ante esta disyuntiva, si el gobierno no quiere afrontar un posible estallido social lo mejor sería que la recaudación fiscal se incrementara obligando a pagar impuestos a quienes no lo hacen.
En el caso del recorte al gasto público, este sería factible si el Gobierno elaborara un verdadero programa de austeridad para lo que tendría que afrontara con resignación la necesidad de reducir la burocracia, reducir las inmensas prestaciones de los mandos superiores, los celulares, los viajecitos, los viáticos, las comidas, el dispendio institucional, en suma eliminar la cultura del despilfarro.
Por último, en caso que el Gobierno se decida por el endeudamiento, las finanzas públicas que se presumen de sanas, no lo volverán a ser en mucho tiempo y estaremos empeñando el futuro de otras tantas generaciones de mexicanos que ya no verán lo duro, sino lo tupido.
En suma, las perspectivas de la economía nacional no son nada halagadoras, su complejidad requieren de un verdadero Programa de Austeridad que incluya aspectos como el topes a los salarios de los altos funcionarios y sus prestaciones, total transparencia en el gasto público y erradicar prácticas administrativas inequitativas e injustas que lo único que han ocasionado es agrandar la brecha entre ricos y pobres en México.
Sería justo que los gobernantes ya no robaran, como el propio presidente lo reconociera públicamente hace unos días; sería justo que los tres Poderes de la Unión trasparentaran su gasto. Sería justo que se obligara a que paguen la luz a quien no lo hace, en vez de robársela. Sería justo que todos los sectores pagaran impuestos. Sería justo que los mexicanos contáramos con un sistema eficiente de abasto de agua y tarifas acordes a la realidad y su consumo.
Por que de otra manera, todo lo que propone el actual gobierno para enfrentar la megacrisis, desde mi punto de vista, no es justo.