Esquirla/Diego Osorno

11:25:07 15-08-2009

Diego Enrique Osorno / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



¿Es cierto lo que dice Rodrigo Medina? ¿Cómo redujo de manera radical una ciudad industrial grande –la segunda más importante de un país– los altos niveles de violencia que padeció a causa del narcotráfico, los cuales convirtieron algunas zonas urbanas en territorios inaccesibles, donde no entraba la policía y en donde los jóvenes admiraban a los narcotraficantes? Llegué con esa pregunta a Medellín, la ciudad de Colombia que se hizo famosa a nivel mundial por Pablo Escobar y por los jovencitos kamikazes retratados crudamente por el escritor Fernando Vallejo en su novela La Virgen de los sicarios, la cual también fue adaptada al cine y se convirtió en una película muy taquillera. El paisaje de Medellín me recordó a Monterrey de inmediato. Las bellas montañas del Valle del Alpurrá que la rodean son imponentes y cautivadoras para alguien que, como yo, creció arropado por un paisaje similar. Los paisas, como se les dice a los nacidos en el departamento de Antioquia, donde está ubicada Medellín, tienen fama de ser trabajadores y amables, además de buenos comerciantes. Durante la década de los noventa, cuando la cúspide de la violencia que vivió Medellín era tal que los sicarios se paseaban por las calles de la ciudad con total impunidad, parecía que el Estado iba colapsar, según me relatan varias de las personas con las que he platicado y con las cuales he caminado las comunas de la ciudad, esos puntos urbanos enclavados en los cerros, que antes fueron tierra de nadie y hoy son sitios incluidos dentro del desarrollo de Medellín. A principios de este siglo, un grupo de académicos (matemáticos, biólogos, arquitectos y periodistas) lograron desplazar a los partidos políticos tradicionales, ganaron la alcaldía de la ciudad y comenzaron una transformación que hoy en día es reconocida a nivel internacional. ¿Qué cosas hicieron para rescatar la ciudad de las manos de la violencia? Una de las primeras fue aumentar el presupuesto en cultura, al grado de que hoy en día, el presupuesto de Medellín para ese rubro es mayor incluso que el de todo el Ministerio de Cultura de Colombia. Algo asombroso y loable. Luego empezaron a construir espacios urbanos dignos en los barrios más pobres, de tal forma que en la actualidad, seis de las mejores bibliotecas de Colombia se encuentran en las favelas de la ciudad, donde además se han creado parques y todo un inmobiliario urbano de enorme calidad. La idea de este grupo de gobernantes que llegaron a Medellín fue la de construir las mejores bibliotecas, las mejores escuelas y los mejores centros culturales en los sitios más abandonados. “Darle lo mejor de la ciudad al pobre”, me resumió uno de mis acompañantes. Una tercera de muchas acciones más fue la de comunicar a la gente de los cerros con el resto de la ciudad, construyendo una red de teleféricos bastante funcional, que bien podría uno imaginarse en Sierra Ventana o en la colonia Independencia. “Suena excelente, pero ¿de dónde sacaron el dinero para todo esto?”, le pregunté al actual alcalde de Medellín, Alonso Salazar, durante una larga entrevista que me dio para la revista MILENIO Semanal, la cual será publicada próximamente. “Combatiendo la corrupción”, me respondió de inmediato. “Si tú bajas la corrupción, aparte de que obviamente cuentas con mayor presupuesto, cuentas con más respaldo de empresarios, de organismos internacionales y de todo mundo, porque saben que el dinero que darán al gobierno para frenar la violencia, no se irá a la corrupción”. Rodrigo Medina, el gobernador electo de Nuevo León, le dijo a la periodista Susana Robles, en una entrevista publicada en MILENIO Semanal, varias cosas muy interesantes sobre la forma en que piensa combatir al crimen organizado. Una de ellas fue la siguiente: “No todo es pistolas, patrullas, ni operativos especiales, esa es una partecita, pero si quieres una sociedad segura, pues se requiere de salud pública, educación, cultura y valores”. No sé si el futuro gobernador estaba siendo demagógico o bien, si cree realmente en lo que dijo. Si esto es así, si el gobernador Medina cree más en la cultura que en las armas para combatir al narco, Monterrey tiene una esperanza. Y el propio Rodrigo Medina también. Sergio Fajardo, el ex alcalde que inició la transformación de esta ciudad montañosa, es tan reconocido a nivel nacional por lo que logró en Medellín, que es muy posible que el próximo año sea el nuevo presidente de Colombia.