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Hace casi 40 años un reportero, inteligente sin duda, preguntó a Antonio Ortiz Mena:
-¿Cuál es el secreto para ser secretario de Hacienda y Crédito Público durante tres gobiernos?
Don Antonio Ortiz Mena sonrió en su afilada figura:
-Tener un buen secretario de Agricultura y Ganadería.
¡Qué tiempos aquellos!
México avanzaba sobre el desarrollo estabilizador de baja inflación, crecimiento sostenido, alza constante del salario mínimo, incremento industrial, disminución de la deuda externa, aumento de las reservas internacionales…
México tenía un peso sólido, al grado de ser considerado moneda fuerte por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Para el 2000, vaticinó ese organismo financiero macro, México figuraría entre las potencias mundiales.
Ortiz Mena estuvo en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), de donde saltó ni más ni menos que a la Presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y en la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) despachaba Juan Gil Preciado.
Ortiz Mena arribó al final del gobierno de Adolfo Ruiz Cortínes y fungió los sexenios completos de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz.
Luego vino Luis Echeverría y sustituyó a Ortiz Mena con Hugo B. Margáin y a Gil Preciado con Manuel Bernardo Aguirre.
Fue otra historia.
Y SIN EMBARGO, EL CAMPO SÍ CRECE
Hoy el secretario de Hacienda y Crédito Público es Agustín Carstens, de gran prestigio internacional.
En Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Alimentación y Pesca –¡vaya letanía para hablar de producción de comida!- está Alberto Cárdenas Jiménez, jalisciense como Juan Gil Preciado pero de prestigio y rendimiento profesional distintos.
La historia los alcanzó a ambos.
El país enfrenta la peor crisis de muchas generaciones y el campo se muere.
¿Estamos ante el binomio del éxito o desastre pregonado por don Antonio Ortiz Mena?
Quién sabe.
Una cosa es cierta: en los más altos niveles se repite todos los días la inminente salida de Agustín Carstens pero, traición al pensamiento de Ortiz Mena, no se habla de cambios en Sagarpa.
Si se retoma la máxima de Ortiz Mena, y siempre a partir del creciente rumor en las altas oficinas del gobierno federal, no bastará enviar a un hombre altamente capacitado a Hacienda y Crédito Público.
Se necesita también un secretario de Agricultura capaz de resucitar a un campo desfalleciente y, vaya paradoja, el único sector que aún mantiene tasas de crecimiento positivas.
CORDERO, FLORES, ELIZONDO, RUIZ
¿Quién iría a Hacienda?
Según lo dicho en las alturas, Ernesto Cordero.
Ese nombramiento desataría varios cambios más para los próximos días.
El lugar de Cordero sería ocupado por Patricia Flores Elizondo, jefa de la Oficina de la Presidencia de la República.
A Los Pinos regresaría Gerardo Ruiz Mateos tras su paso sin reconocimientos por la Secretaría de Economía.
Otro miembro del gabinete, Rodolfo Elizondo, tío de Patricia Flores Elizondo, festejó ayer seis años en la Secretaría de Turismo (Sectur), pero al parecer sus días están en cuenta regresiva: iría al comité panista al lado de César Nava, presumiblemente como secretario general para hacer labores de conciliación.
¿Y a dónde marchará Agustín Carstens?
Bueno, él tiene espacios en organismos internacionales mientras espera condiciones para gobernar el Banco de México (Banxico).
Porque de momento el previsible enroque Guillermo Ortiz Martínez a Hacienda y Agustín Carstens a Banxico no es posible.
El catarro devino en cáncer casi terminal y en el Senado, donde sería desaprobado, no quieren saber de Carstens.
Ah, por cierto: si el problema es económico, Manlio Fabio Beltrones ha llamado al economista y rico empresario Alejandro Gutiérrez para coordinador de asesores.
El mensajero es el mensaje.