Hay cosas que suceden cotidianamente y que las vemos como normales pero que en el fondo están mal. Por costumbre, falta de atención y al final de cuentas, porque la autoridad lo permite, los bancos se han convertido en los principales atracadores de la sociedad mexicana y nadie dice nada, como si estuviéramos muy conformes con lo que cotidianamente nos hacen.
El sistema financiero de nuestro país se ha convertido en el principal obstáculo para nuestro desarrollo. Conceptualmente, los bancos que lo componen, deberían ser instrumentos para regular el movimiento de dinero, su velocidad y la manera en que fluye, ya sea en efectivo o a través de otros instrumentos de crédito.
También es el mecanismo por excelencia para fomentar la actividad económica, porque finalmente es el depositario de los ahorros de la gente y quien se encarga de dar créditos al ciudadano común y corriente. Reactiva la economía si pone a disposición los recursos para comprar casas, carros o cualquier tipo de bienes, pero también para hacer a caminar las empresas, para financiar su expansión, para apoyar a los inversionistas y muchas otras posibilidades.
Obviamente, además de todo lo anterior, también tiene que ser negocio para sus dueños, de otra manera no funciona. Aún cuando se encuentre en manos del gobierno, es entendible que el sistema financiero debe tener una utilidad monetaria.
Lo cierto es que en México no hay una función social de los bancos, sino pura usura y robo en despoblado. Es agraviante, oprobiosa, la manera como los bancos hacen sus cuentas y cobran comisiones, intereses, rezagos, recargos, gastos de cobranza, otra vez intereses, de una manera absolutamente impune.
Cobran por manejar el dinero de los cuentahabientes, por asomarse al cajero automático, por consultar saldo, disponer de efectivo, solicitar crédito, obtenerlo, traspasarlo o hasta por negarlo. Nadie les dice nada. Los estados de cuenta en su gran mayoría son absolutamente confusos, cobran lo que quieren y si se equivocan no hay poder humano que los pueda hacer rectificar.
Claro está que las equivocaciones son siempre a su favor. Será que no pongo mucha atención pero no es común escuchar que por error abonen a favor de los ahorradores o que no cobren puntual comisión o que faciliten las cosas a los clientes. Antes al contrario. Lo que se oye son quejas y falta de atención. Cobros indebidos y excesivos.
Sería ideal pensar que le pagan muy bien a sus empleados como para que valga la pena el asalto, pero no parece ser así, de manera que quienes se benefician de todo el sistema son realmente pocos; los dueños de los bancos, quienes tienen créditos y dinero fresco para financiar sus propios proyectos e industrias, salvo que haya quien piense que ellos no toman de nuestros ahorros para invertir.
Cualquier queja contra los bancos es casi imposible de solventar, ya no digamos de ganarla. La CONDUSEF no es verdaderamente un sistema de apoyo a los ahorradores, ni siquiera tienen el talento para atender a la gente y normativamente están impedidos de actuar realmente contra los bancos, quienes se escudan en las letras chiquitas de los contratos.
Es el negocio redondo, con la complicidad de nuestros diputados que a fin de cuentas son quienes hacen las leyes que deberían restringir la voracidad de los dueños de los bancos. ¿Por qué no lo hacen? Les tienen miedo, porque éstos son a su vez los dueños de los medios de comunicación o de los partidos. El banquero siempre es Don Banquero; le ponen alfombra roja, se sientan en la mesa de honor y se le reparten fanfarrias y deferencias. Eso, que en si mismo no está mal, puesto que cada quien sabe ante quien agacharse, debería llevar a los bancos a jugar un papel más activo en la promoción de desarrollo pero no es así. Los banqueros están felices, porque en época de crisis, el que tiene liquidez es el que hace los grandes negocios.
Para que este país pueda salir adelante hay que cambiar las reglas del sistema financiero y en particular obligar a los bancos a que cumplan la función social para la que se les permite funcionar. La falta de regulación y de atención a las prácticas de los bancos, fue uno de los elementos centrales para que estallara la crisis económica en Estados Unidos que nos tiene a todos en una situación desesperante.
Entonces ¿Quién cuida a los bancos? Esa es una pregunta relevante ahora que estamos en plena campaña, a ver qué nos dicen los que quieren ser diputados federales.