Son muchas las funciones de los legisladores: la ciencia, la educación y la cultura son parte de ello; y si se destinara más atención y poyo a estos rubros por parte de las instancias correspondientes, con la respectiva intervención de nuestros diputados, seguramente tendríamos un país más rico y desarrollado en todos sentidos.
Sin ciencia y tecnología México seguirá siendo como lo es hoy, uno de los países con más injusticia social del mundo, donde coexisten los hombres y mujeres más ricos con los más pobres del planeta. Es una desigualdad extraordinariamente marcada, los puntos medios prácticamente están desapareciendo.
Es indispensable entender la importancia de la ciencia en todos los temas, -como la seguridad y la educación- porque no hay ningún aspecto de la vida que no pueda y deba ser abordado desde un punto de vista científico.
Un informe de la ONU sobre desarrollo humano señala que México representa un fracaso mundial en la materia por decisiones políticas, que lo han estancado en los aspectos económico y social, al grado que ha sido rebasado por Vietnam, que enfrentó conflictos bélicos hace tres décadas.
En opinión de la ONU, el fracaso de México en desarrollo humano se debe a que tiene un alto nivel de desigualdad; hubo una rápida liberalización comercial que acentuó la pobreza; hay una débil política industrial y existen serios desequilibrios de poder en los mercados laborales.
En el 2007-2008 según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo que mide el grado de desarrollo humano de un país basado en longevidad, salud y educación- ubica a México en la posición 52 de 177 países.
Ahora que están próximas las elecciones ojala los candidatos a diputados consideren el impulso a la ciencia, a la educación y a la cultura, en su trabajo como gestores, porque es indispensable para crecer como nación.
Recientemente leí que, de acuerdo con el análisis del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad 2006, basado en el comportamiento de 15 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, se concluye que no es correcto argumentar que los países ricos invierten más en investigación y desarrollo porque son ricos, sino que son ricos porque invierten más en este rubro.