Homo Videns/Jaime Darío Oseguera

16:34:38 07-05-2009

Jaime Darío Oseguera Méndez / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Los lamentables acontecimientos derivados de la epidemia de Influenza que padecemos en México, ponen al descubierto muchas cosas que cotidianamente pasamos por alto y que marcan de una manera definitiva nuestra manera de vivir. En este caso, la información de los medios electrónicos de comunicación, en particular la televisión, se ha convertido en un elemento fundamental en la actitud que los ciudadanos asumimos sobre el problema. Hay quienes están asustados, hay quienes lo toman a vacilada, otros ignoramos lo que realmente está pasando y hay a quienes simplemente no les interesa: todo debido a la gran cantidad de información equivocada que se maneja en algunos espacios televisivos. Hace más de diez años, Giovani Sartori escribió un libro que aborda de una manera muy interesante este argumento. En esta época de rápida evolución tecnológica, particularmente en lo que se refiere a los medios electrónicos de comunicación, la sociedad se ha acostumbrado a video-vivir, es decir, paulatinamente se ha ido transformando la cultura escrita que dominó desde los tiempos de Gutemberg, por una cultura de tele-ver. Desde la perspectiva de Sartori, gracias a la cultura del video, el Homo Sapiens está siendo transformado en un Homo Videns: un individuo para quien la palabra está siendo destronada por la imagen. Esta cultura de la imagen está cambiando la naturaleza del ser humano, quien asimila solo lo visualizable, sin entender ni inquirir sobre lo que no se ve. Hay una primacía de la imagen, que ocupa su lugar como la verdad sin tapujos; la racionalidad de la imagen, sus símbolos y hasta sus actores, se vuelven la fuente casi única de la información y en muchos casos de la verdad, lo cual le da un poder político inmenso a la televisión. Hoy lo que se piensa, en términos generales está supeditado a lo que aparece en las televisoras, porque “las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las dichas con palabras”. Este empobrecimiento de la capacidad de entender, provocado por la transición del Homo Sapiens al Homo Videns de acuerdo con Sartori, explica muchas de las angustias, preocupaciones, inquietudes que cotidianamente enfrentamos con motivo de la contingencia de salud. Prácticamente estamos sujetos a lo que nos dice la televisión. Somos una sociedad teledirigida, pero esto representa un grave problema: hay mucha información pero con muy baja calidad en la misma y también tenemos el gran fenómeno de la desinformación. Todo eso está sucediendo hoy con lo que se sabe sobre el brote de influenza que desafortunadamente ya ha cobrado vidas. Lo real es que hay más dudas que certezas en este asunto. No se sabe a ciencia cierta el número de muertes que ha causado el virus de manera directa, porque hay muchos casos en los que el virus simplemente detonó o potenció otros cuadros de enfermedades previamente adquiridas, por lo que no se le puede atribuir a la influenza la causa directa de todos los fallecimientos de carácter respiratorio recientes. Sin embargo, en la televisión el pánico ha cundido. Se dan cifras y se atribuyen como verdades muchas frases dichas por gente que no conoce del tema. La gente ve las noticias y tiene derecho de pensar que se está acercando el fin del mundo, porque no se explica con claridad lo que está pasando. Por otro lado, no se ha dicho con la insistencia que se requiere, que estamos hablando de una enfermedad que se puede prevenir pero también que es curable. Vemos más comerciales del IFE que previsiones sobre la epidemia que enfrenta el país. Las mismas autoridades tienen cifras distintas y versiones diferentes sobre el tema y, para infortunio nuestro, ya se deja ver nuevamente el enfrentamiento entre el Gobierno Federal y el de la Ciudad de México a partir de las decisiones tomadas en este tema. Lo cierto es que hoy tenemos a la televisión como el gran distribuidor de la (des) información sobre este y otros asuntos de interés nacional. Si no aparece en escena el Secretario de Salud o el propio Presidente, la población tiene realmente pocas opciones para enterarse de lo que está sucediendo y es en este momento en el que reina la especulación: que si es un virus traído por Obama en su visita a México; que si hay mas muertos e infectados de los que se informa; que si las medidas tomadas son para reforzar la popularidad del Presidente o para facilitar el camino para la toma de otras decisiones políticamente adversas o que si, como en los tiempos del “chupacabras” es solamente un invento para atemorizar a la población; en fin, la variedad de comentarios, mentiras, verdades a medias, especulaciones, nutren el terreno de la video política, donde las empresas, negocios al fin, tienen la capacidad de formar o deformar la opinión que el público tiene sobre los acontecimientos. En palabras del propio Sartori, “información no es conocimiento; por sí misma, la información no lleva a comprender las cosas: se puede estar informadísimo de muchas cuestiones y a pesar de ello no comprenderlas”. Por eso, en términos generales podemos concluir siguiendo al pensador italiano, que la televisión “a diferencia de los instrumentos de comunicación que le han precedido, destruye más saber y más entendimiento que el que realmente transmite”, pero esa es una enfermedad que se debe atacar de otra manera y en un tiempo distinto.