Reflexiones dominicales/ Marco Antonio Zárate Mancha

14:51:43 29-03-2009

Marco Antonio Zárate Mancha / Quadratín

SECCIÓN: Analistas



Reflexiones dominicales Marco Antonio Zárate Mancha Decía el filósofo “Yo soy yo y mis circunstancias” y con dicha frase de Ortega y Gasset iniciamos estas reflexiones dominicales. Lo que la sentencia gasseteana señala es que las circunstancias nos influyen y modifican nuestros actos y con nuestros actos afectamos las circunstancias porque en esencia también somos éstas. Alan Watts lo dice de esta manera: “Para todo afuera hay un adentro, y para todo adentro, un afuera, y aunque son diferentes están unidos”. El vacío existencial Hoy los habitantes de la Tierra nos hemos hermanado más, pues con sus variantes, enfrentamos una gran similitud de circunstancias: gobiernos ineficaces, demandas sociales aplazadas, carestía, falta de oportunidades, contaminación del planeta, delincuencia organizada y por tanto una drástica inseguridad, y en general una decadencia galopante que crea vacíos en la existencia de una buena parte de la humanidad. No en vano existe una extensa bibliografía de autoayuda, centros que ofertan recuperaciones, desintoxicaciones y saneamientos espirituales, orientación para encontrarle sentido a nuestras ajetreadas vidas, todos estos paliativos sólo para cubrir la enorme insatisfacción a la que ha conducido el mundo moderno. La publicidad nos bombardea desde pequeños y la mercadotecnia sólo ve consumidores insatisfechos sobre los que ceba ofreciendo paraísos artificiales o espejismos que sólo aumentan nuestra angustia. Así, quiérase o no, discurre una buena parte de nuestras vidas. Quizá algunos tengan más recursos para aplazar o simular su situación, pero en el fondo el vacío existencial persiste para millones y millones de personas, pues como decía a Tomas Eloy en su lecho de muerte el poeta y diplomático francés Saint John Perse: “La realidad es como un ave que vuela más rápido que la mirada…”Así, bajo la actual dictadura del capitalismo global, somos víctimas de su brutal aparato mercadotécnico y no hay descanso, pues los productos que surgen para llenar nuestros abismos existenciales y que prestos adquirimos para no quedar rezagados, apenas y son momentáneos analgésicos, distractores, de nuestra terrible condición. El quehacer político y los negocios El ciudadano común y corriente nunca o pocas veces sabe cuáles son los verdaderos resortes de las decisiones públicas que afectan su vida. En general la práctica política se ha vuelto descarnada y hoy o cualesquier día al abrir los diarios todavía con cierto pasmo somos espectadores del triste espectáculo de nuestros representantes sociales, de los políticos, que sin el mayor recato se enfrentan con los medios disponibles, trátese de lo que se trate, para ganar las disputas internas entre los diversos grupos (o intereses). Hoy se recurre a golpeadores, mañana al robo de urnas, al amañamiento de procesos para favorecer a aquél que ha ofertado los mejores negocios a los intereses que lo impulsarán con financiamientos y favores para mañana pasar la factura y cobrarse con réditos, a veces exorbitantes, el apoyo prestado. Por eso es que quizá “No es sorprendente que nadie respete ya a los líderes políticos, o que nadie tenga mucho interés en lo que tienen que decir”. La anterior es una cita textual de Anthony Giddens de su libro “Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas.” Sirva esto para ilustrar el desamparo de la sociedad ante el quehacer político que sin ambages sólo busca el poder por el poder. Poder que inviste de un manto de impunidad que muy pocas veces es trastocado. Cito nuevamente a Giddens: “No es casual que haya habido en el mundo tantos escándalos de corrupción en los últimos años. De Japón a Francia, de Francia y Estados Unidos al Reino Unido, estos casos han llenado los periódicos. Dudo de que la corrupción sea más común en los países democráticos que antes. Más bien creo que en una sociedad abierta a la información son más visibles y los límites de lo que se considera corrupción han cambiado.” De esta manera la política va de la mano de los intereses económicos y sirve a éstos para que continúen su expansión a costa de lo que sea (hoy son esteros que pierden manglares —verdaderos laboratorios y criaderos biológicos—, mañana bancos de coral o bosques, pasado mañana reservas ecológicas que son abiertas para negocios turísticos o lo que a fin de cuentas mande el mercado). El poder ejecutivo envía las iniciativas a los congresos para que éstos modifiquen las leyes y reglamentos que hoy estorban a los inversionistas. Los legisladores muchas veces son cooptados (habrá desde luego sus honrosas excepciones), para emitir su voto y validar los cambios legislativos y así caminan las cosas, no para favorecer a la ciudadanía o la ecología, sino para facilitar la expansión del capitalismo en cualquiera de sus niveles. Estado fallido De un tiempo para acá se viene hablando de que nuestro país es un Estado fallido, término este que refiere a que éste se ha vuelto ineficaz para responder al encargo que ha recibido y que en síntesis se manifestaría en no dar seguridad a la sociedad, a la ausencia de creación u otorgamiento de facilidades para la generación de oportunidades para incorporarse al mercado laboral formal, a la corrupción extrema, a un extenso mercado informal (que crece en la medida que el mercado formal no lo hace), a una burocracia impenetrable, a la ineficacia judicial, a interferencia militar en la política, a la ingobernabilidad en ciertas partes del territorio, alta criminalidad, entre otros muchos factores. Juzgue usted estimado lector.